Maggio-Ramírez, “Lectura y contralectura…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 12 / Julio 2022 / pp. 255-258 255 ISSN 2422-5932
SOBRE
LECTURA Y CONTRALECTURA
EN LA HISTORIA DE LA LECTURA
DE ALEJANDRO PARADA
por
Matías Maggio-Ramírez
Universidad de Tres de Febrero
Profesor Adjunto de Lenguajes Artísticos II - Gestión del Arte y la Cultura
Industria Editorial - Producción Audiovisual
Contacto: mmramirez@untref.edu.ar
ORCID: 0000-0002-1106-1381
RESEÑAS
Maggio-Ramírez, “Lectura y contralectura…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 12 / Julio 2022 / pp. 255-258 256 ISSN 2422-5932
Una nota al pie de página es un espacio en el que convive tanto la erudición
dieciochesca como las huellas para leer una tradición intelectual. En la
primera nota que se encuentra en Lectura y contralectura en la Historia de la
Lectura, Alejandro Parada homenajeó a Roberto Juarroz y Josefa E. Sabor,
profesionales de la bibliotecología y las ciencias de la información, que al igual
que él se aventuraron por fuera de su campo disciplinar sin nunca perder sus
orígenes. Esa nota al pie se insertó como un aviso para el lector; para recordar
que el ejercicio profesional de la bibliotecología no sólo es prestar servicios
al usuario sino también reflexionar sobre su práctica y su historicidad. En ese
marco es que el autor reclama un asiento, en la mesa de estudios sobre el
mundo del mundo del libro, la lectura y las bibliotecas, para la bibliotecología.
El libro es una revisión bibliográfica y estado del arte analítico sobre la
Historia de la Lectura.
No siempre los lectores siguen los pasos propuestos por los autores,
Parada lo sabe y por eso elaboró dos recorridos. Para adentrarse en los
debates sobre la Historia de la Lectura en los últimos treinta años, una de las
propuestas, implica cruzar el umbral de la portadilla del capítulo 1 para seguir
la numeración secuencial de las páginas, cada uno con su bibliografía, hasta
llegar al final. El otro sendero apela a la experimentación literaria, pero
también a géneros literarios caídos en desgracia como los diccionarios y
enciclopedias, de la lectura no secuencial. El libro tiene como público
objetivo a docentes y estudiantes universitarios, principalmente de los cursos
de Historia del Libro y las Bibliotecas o de Historia de la Cultura Escrita.
Parada recopiló e interpretó la bibliografía existente en castellano para
analizar las distintas concepciones sobre la Historia de la Lectura, en el primer
capítulo. En el siguiente aborda las características que dan identidad y
diversidad a la disciplina; para, en el tercer capítulo, “analizar el devenir de la
Historia de la Lectura más allá de los aspectos con los cuales la conocemos”
(Parada, 2020: 12). El cierre del libro es la síntesis y cuestionamiento de los
capítulos anteriores, no sin antes recordar que los bibliotecarios, “aunque
para algunos parezca poco creíble, estamos en una morada privilegiada para
escribir sobre la historia de los lectores” (Parada, 2020: 16).
En el primer capítulo retoma las definiciones sobre representación y
prácticas lectoras que se encuentran en la obra de Roger Chartier y en el
circuito comunicacional de Robert Danton. Lo hace sin ahondar en el
andamiaje teórico de esos conceptos porque busca presentar una
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introducción al tema para dejar espacio para profundizar en la lectura de los
autores que presenta, cuyas obras se encuentran en castellano. La paleografía,
desde la reconfiguración que encaró Armando Petrucci, y la bibliografía
material de tradición inglesa, también son reseñadas para que sirvan como
caja de herramientas para el novel investigador.
El capítulo siguiente se pregunta por cuál es la especificidad de
pertenencia de la historia de la lectura cuando comparte tema, fuentes y
miradas con distintos campos disciplinares. La historia de la cultura escrita,
en tanto abarca las producciones manuscritas, desde la aparición de la
imprenta es el paraguas disciplinar que permite, al decir de Danton, “abordar
la mixtura temática de la cultura escrita, la civilización impresa, los usos
editoriales, la teoría de la recepción, y las modalidades de apropiación de los
discursos” (Parada, 36). Ese recorte se volverá a plegar sobre mismo para
ampliarse en nuevos caminos. Desde las humanidades se inda sobre la
Historia de la Lectura desde paradigmas como la microhistoria italiana y la
antropología simbólica, pero no hicieron más que fomentar el auge de los
estudios de casos en oposición a los estudios seriales de Annales. La
materialidad del impreso y las formas en que se lo interpretan, la fisiología de
la lectura y su representación de la literatura médica, así como los estudios de
usuarios desde la bibliotecología son distintos territorios en los que florece la
historia de la lectura y que Parada introduce al lector.
El capítulo tres, “Pensar la Historia de la Lectura de otro modo’”, se
pregunta por la esencia de la disciplina que la encuentra en las interrelaciones
que se establecen con otros eslabones de la cadena de valor del libro. Por
ejemplo, el autor que indica cómo leer un texto opera sobre un horizonte de
posibilidades, que luego se pueden contrastar con otras fuentes. La
materialidad del texto, la distintas estructuras y formatos en los que se
organiza y distribuye la información también implican un nuevo espacio para
pensar la lectura, por lo que apuesta siempre a pensar por fuera de lo
establecido para asir la lectura en tiempo pasado.
La Historia de la lectura se encuentra en sus primeras etapas, es una
“disciplina en construcción teórica e inmersa en una etapa experimental y
provisional” (Parada, 92). Los límites se ampliaron al incorporar, además del
libro como objeto de lectura, a los productos de la cultura escrita, aunque
nuestro autor propone ampliar los límites para abarcar también la cultura oral.
La historia cultural, que enmarca las distintas maneras de responder por la
historia de la lectura, es un paradigma que tal vez vuelva a reconfigurarse.
La bibliotecología y las ciencias de la información no suelen visitar la
historia de la lectura desde un paradigma cultural que desborde más allá de
las estadísticas de usuarios. Alejandro Parada, desde su rol como bibliotecario
y profesor de Historia del Libro y las Bibliotecas, avanzó en la Historia de la
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Lectura desde un enfoque cultural que le permitió dejar este relevamiento
bibliográfico que se lee como un insumo necesario en la construcción de un
estado de la cuestión. La producción académica de Parada, tanto en sus
investigaciones para su tesis de licenciatura y doctorado, como los artículos
que publi en distintas revistas nacionales e internacionales, permiten
sumarlo por mérito propio a la nota al pie con que inició el libro.