Carballar, La redención de la realidad…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 11 / Diciembre 2021 / pp. 227-234 227 ISSN 2422-5932
SOBRE
LA REDENCIÓN DE LA
REALIDAD. BORGES UNA PERIPECIA
FILOSÓFICA
BUENOS AIRES, EUDEBA, 2021
DE SAMUEL M. CABANCHIK
Diebo Carballar
Universidad de Buenos Aires
Licenciado en Letras (FfyL, UBA). Cursó la Maestría en Estudios Literarios
Latinoamericanos (UNTREF); participa en la Cátedra Literatura del Siglo XX (FfyL, UBA) y de
los proyectos de investigación "Archivo de lo viviente: siglo XX" (UBA, Dir. Daniel Link) y
"Hegemonía y disensos: posiciones sobre las lenguas y los estilos (de vida) de entre siglos (XIX - XX -
XXI) en América Latina" (UNTREF, Dir. Diego Bentivegna); publicó los libros de poemas La
rojita (Vox, 2009), After sangre (Determinado Rumor, 2011), Lírica (Editorial Maravilla, 2019),
integra la antología 53/70, poesía argentina del siglo XXI (EMR, 2015); fue becario del Seminario de
Creación en Ópera Contemporánea (Fundación Williams, 2019). Actualmente trabaja en un proyecto de
edición electroacústica de poesía argentina y latinoamericana.
Contacto: diegocarballar@gmail.com
ORCID: 0000-0002-4406-6496
RESEÑAS
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El libro de Samuel M. Cabanchik es un razonado ensayo sobre desarrollos
filosóficos presentes en la obra de Borges que nunca deja de redireccionar
su estudio a la condición literaria, ptica, del escritor. En cierta manera,
su método se despliega en una escritura que oscila de la misma manera en
que considera "oscilante" o pendular la idea filosófica en los textos de
Borges. Como un filtro electrónico trabaja sobre las ondas producidas por
un oscilador para generar así nuevos arnicos, la lectura de Cabanchik
recorre los diferentes textos borgeanos destacando ciertas resonancias
sobre otras, pero sin perder de vista (o "de escucha", para sostener la
metáfora) el carácter oscilante, incierto de la literatura.
Cabanchik recorre los textos centndose en el aspecto filofico, y
escribe los resultados de su recorrido con muchísima atención a la
literatura (y puntualmente, a la poea). Decimos “con muchísima
atenciónporque si bien el autor busca modular en esta lectura "la sal"
de la literatura y hacer aparecer la señal filofica, decide nunca descuidar
el sustrato, la fundamental digamos a poética de las ficciones, ensayos
y poemas (y de la crítica del lenguaje que se desprende de la ptica
borgeana). De esta manera, su peripecia, tal como lo indica el subtítulo del
libro, tiene siempre presente que hay una literatura que envuelve las
apariciones filoficas de esta señal filtrada en una serie. La sal literaria
es radicalmente heterogénea: es una señal que lleva sus armónicos
filosóficos, pero que una filtración excesiva el armado de una serie que
finalmente desvirtuara aquella fundamental no haría justicia (y la ética es
hacia donde se dirige el ensayo en su desarrollo) ni con la filosofía ni con
la poesía.
Como dijimos, la inscripción heterogénea es eltodo que organiza
la lectura de este trabajo (aún en su ordenada exposición filosófica). La
figura delndulo propuesta por Paul Valéry para el poema (la misma que
Federico Monjeau utilizó en su libro Un viaje enrculos. Sobre ópera, cuarteros
y finales (2018) para interrogar las relaciones entre sica y poesía
1
puede
1
Y que coloca en relación con el "Análisis del último capítulo del Quijote", a partir de un comentario de
Borges, Monjeau (2018: 263-266) propone que Cervantes: "sin salirse de la prosa se balanceara hacia el
verso" en el final de la novela. Una pequeña inflexión como recurso poético que aprovecha esta
oscilación como interferencia expresiva posible ("música negligente" la llama Borges, en tanto
implacable).
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entenderse como figura del método de lectura que Cabanchik aplica a su
serie. En la concepcn de Valéry, la poea establece una relación entre
sonido y sentido que es pendular, oscilante: "el poema creará una
necesidad que se mantend imborrable el vínculo entre sonido y sentido;
vivo para siempre, mientras sea reconducido hacia el germen del que
surgió". (p. 11)
El todo pendular es en la oscilación. Sen la concepción de
Valéry, explica Cabanchik, el poema "va desde el extremo de los recursos
del lenguaje (el sonido, la forma, 'la voz de la poea en acción') hacia el
otro extremo donde se instala el fondo, el sentido, la idea" (p. 11). No se
trata de la cuestión sobre la forma y el contenido, sino la relación liminar
que se establece entre ambos, sonido y sentido.
Queremos destacar la idea de extremo. Este es un aspecto medular del
trabajo de libro, en donde descansa la aproximación a una crítica del
lenguaje poético. El paso fronterizo que estimula y que sostiene el
movimiento trans-formador de la poea, que es lo que Cabanchik resalta
constantemente, cuando, por ejemplo, reconstruye la heteronea
utilización de la filosoa por parte de Borges, no asimilable a un sistema
ya que pertenece de pleno a la literatura, una tierra dimoslo así con
Agamben y Rilke abierta, que desde uno de sus extremos, en el recurso de
la lengua (en su constitucn poético-sonora), llega a tocarse con lo
agramatical, pudiendo llegar, incluso, a su propia desintegracn: “Una
literatura que corteja su propio fin(14). Una voz otra, en todo caso, ya
no propiamente humana, que es la voz sagrada de la tierra ingenua, que
Mallarmé, al oírla en el canto de un grillo, opone como une y non-descompoe
a la voz humana (Agamben, 2004: 72). En el otro extremo, el pensamiento,
como acción, acto en el que se encuentran la poea hermanada con la
auténtica filosofía”, en el germen del que surgen a la vez el poema y la
idea (12). Siguiendo con Agamben (2016: 249 y ss.), es “en la tensn
y escisión (y, por lo tanto, también en la virtual interferencia) entre el
sonido y el sentido, entre la serie semiótica [la voz de la tierra] y la
semántica [la lengua humana] donde vive la poesía. El parentesco o la
relación entre extremos que proponen Vary (y que toma Cabanchik)
resulta finalmente el cisma sobre el que se levanta el poema, en la
percepcn de esos límites.
2
¿Y q ocurre con la filosofía? Haba una cierta simetría en esta
oscilación pendular, en tanto que la idea viene a transformar aquello que
2
Cuya manifestación en la rima, cara (por querida y costosa) a la poesía borgeana, resulta una dislocación
aún mayor entre el acontecimiento semiótico el sonido y el semántico el sentido (la rima tendría
"intención de significado" pero no simbolizaría nada).
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el poema hace (la onda de la sonoridad hacia el sentido): ¿esto significaría
una cierta decantación por la serie semántica por sobre la semiótica? El
autor insiste en la heterogeneidad del límite trazado, mite móvil que
acerca a la vez que tensiona: "En la vivencia y expresn de los mites es
donde la realidad es redimida: no en la construcción de un pretendido
lenguaje perfecto" (44). El lenguaje perfecto es uno de los tantos
monstruillos que la ficción puede llevar a la filosofía. La deformidad, el
monstruo, es parte de lo real, y los problemas poéticos desaan el
pensamiento lógico (“donde la pura lógica nos limitaría una falacia). No
se trata así de la instauración de una filosoa borgeana, cosa imposible, ni
de rastrear un sistema filofico, sino de recorrer el acto de pensamiento
posible en Borges, un pensamiento poético en última instancia(54).
Respecto de la lectura, de la constitución de una serie filofica que
filtra filoficamente a la literatura, Cabanchik lee la “obrapor supuesto
su intención no quiere ser exhaustiva, pero brinda una serie importante de
textos para su peripecia de un autor cuya mención es una suerte de marca
registrada: mundialmente reconocida, y sobre la que pesan disputas
judiciales, políticas y arsticas. En este sentido, es ejemplar el esfuerzo que
el mismo Borges puso para corregir y “limitar” (el concepto mite”, por
cierto, juega mucho en la lectura de Cabanchik), en cierta manera, los
efectos de lecturas futuras sobre los textos (además de las diferentes
instancias guardianas de su legado) que se fijarían a en obra”.
3
Podría
pensarse que rige sobre los textos de Borges la sombra de una “obra
cerrada”. Pero nada más alejado de la posibilidad de cierre que la literatura,
que continúa brindando sentido en tanto todavía pueda ser lda (y, por lo
tanto, transformada). Daniel Link (2006: 17-30) citaba esta caractestica,
en cierta forma, azarosa, de la literatura: la lectura, y el régimen de sentido
que puede establecer; ni inherente al objeto ni perteneciente a la
conciencia del intérprete, sino establecido en la serie, por azar y coacción
(por los filtros, en nuestra mefora acústica). Esto, escribe Link, es lo que
permitió a Borges sostener que si le “fuera otorgado leer cualquier página
actual ésta, por ejemplo como la leerán en el o dos mil, yo sabría
mo es la literatura del año dos mil”. La lectura es un deseo de sentido,
un instante delirante inicial, un rapto, que luego habrá que escandir,
separar, puntuar nuevamente dejar (en términos lacanianos) el régimen
3
Aun así, las ediciones completas de los textos de Borges en castellano, en una edición de referencia,
crítica, filológicamente bien constituida (o hasta libre de erratas) es un pendiente. Martín Schifino hace
una muy buena revisión de esta falta en "Borges en castellano" (Páginas críticas. Formas de leer y de narrar de
Proust a Mad Men), quien destaca, a partir de una observación de Umberto Eco (la obra de Borges era la
"verdadera www") que posiblemente, "no se la puede contener entre cubiertas".
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de Lo Real y pasar al simbólico. Así, Cabanchik puntúa la serie de textos
de Borges que interpreta.
La literatura (el libro, pero no sólo el libro, también la poesía, en
tanto femeno acústico, y su condición, la lectura) participa de aquello
que resta de sí misma. Una vez acabada (el libro, el poema, pero también la
vida que los hizo), paradójicamente, continúa: se lee el poema y lo que queda
del poema en un juego que vincula trascendencia e inmanencia. Este
presente de lectura (veinte os desps del año dos mil de su nota de
1951) es el que Borges quiso controlar, habiendo intuido, seguramente,
que no sería posible. Ahí está, como poética de la imposibilidad de fijar un
discurso, el fragmento de Platón que entra en la ortodoxia cristiana en el
cuento Los teólogos”, al que Cabanchik lee como una summa de la
heterodoxia filosófica de su autor.
Será en la relación animal-humano (que aparece vislumbrada al
comienzo del ensayo y es abordada al final en laboriosa y cuidada
peripecia), donde Cabanchik hallará la clave que iluminará, finalmente, la
serie de lectura que comienza con una ctica al lenguaje cuyo origen es
aquella oscilación entre sonido y sentido que mencionamos. Trabajando a
partir de algunas ideas de "Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje
de los hombres" de Walter Benjamin de 1916, muchas veces se acercará a
la exigencia de este intrincado texto que parece abrevar en las flores
talmúdicas de la interpretación:
Para acceder al conocimiento de las formas artísticas, basta intentar
concebirlas como lenguajes y buscar su relación con los lenguajes de la
naturaleza. Un ejemplo que nos es cercano por pertenecer a la esfera de lo
astico, es el parentesco entre el canto y el lenguaje de los jaros
(Benjamin: 1991, 73-74).
Es en el mismo texto de Benjamin donde encontramos otra noción que
resuena y es recuperada por Cabanchik, la redención por el trabajo del
lenguaje (imperfecto) de la humanidad en la lengua de la poesía):
4
“La
carencia del habla: esta es la gran pena de la naturaleza (y por querer
redimirla es la vida y el lenguaje de los hombres en la naturaleza, y no sólo
el del poeta, como suele afirmarse)” (Benjamin: 1991, 72-73). El poema,
hecho con lo que resta de la lengua, afirma Cabanchik (él utiliza
4
"Esta lengua que queda, esta lengua de la poesía que también es, yo creo, la lengua de la filosofía tiene
que ver con aquello que, en la lengua, no dice, sino que llama. Es decir, con el nombre. La poesía y el
pensamiento atraviesan la lengua en dirección a los nombres, a ese elemento de la lengua que no discurre
y no informa, que no dice algo de algo, sino que nombra y llama". (G. Agamben, "¿Qué queda?",
Disponible en línea: <https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=572> Fecha de consulta: 10/12/21.
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mayúsculas porque es coherente con los postulados (neo)platónicos): es
Lo Real mismo, pero como perdido, lo que repone [...]. Esto es lo que la razón
poética nos ensa como crítica del lenguaje: que el conocimiento de Lo
Real coincide con su redención, no con su representación...(48).
La redencn... se lleva a cabo en términos neoplatónicos que le son
propios a los planteos de Borges: el arquetipo permite recorrer el
entramado de los símbolos borgeanos (la rosa, el río, la luna, etc.) y que
podríamos entender como el extremo de la idea palpable en lo real. Uno de
esos arquetipos pertenece a las aves, por supuesto, y lo encuentra
Cabanchik en ruiseñor: “cuya voz, ahora, es la que en campos de Israel, una
antigua tarde, o Ruth, la moabita” y tambn John Keats en un jardín
suburbano (109). Se trata de un fenómeno acústico, recortado en el
tiempo, cuyas resonancias simbólicas dan con una discusión en términos
arquepicos. Cabanchik destaca que Borges es contundente al negar la
oposición entre el emero ruiseñor de esa noche y el ruiseñor genérico
(111). Y luego de citar a Borges (“El ruiseñor, en todas las lenguas del
orbe, goza de nombre melodiosos (nightingale, nachtigall, usignolo
5
como si
los hombres instintivamente hubieran querido que éstos no desmerecieran
el canto que los maravilló”), concluye: El Poema potencia al nombre para
que abra la puerta de la eternidad del arquetipo, sentida primero,
recuperada y a su vez nuevamente eternizada en la expresión arstica
(112).
Son muchas las preguntas alrededor de "la realidad" (cuya mención
fluctúa entre Lo Real, la realidad y lo real, porque no es algo uvoco y
determinado) y la representación. Y es en la literatura, en donde esta
relación se compromete de manera radical en la materialidad de la lengua
poética, en la que insiste un aliento que trastoca lo humano, lo animal, lo
vegetal: lo animado, la naturaleza y lo divino. Cabanchik pone en relacn
la indagación filosófica de las ficciones y poesías borgeanas con una teoría
del lenguaje acorde con los temblores de la indagación de lo viviente. No
se trata, por eso, de representación, sino de "redención".
Además de los filósofos que Borges utili para construir sus
ficciones, Cabanchik suma con acierto a Ludwig Wittgenstein y, como
mencionamos, a Walter Benjamin, en la interrogacn sobre las relaciones
entre lengua y realidad. Con el primero, lee "Funes, el memorioso" y
"Tlön, Uqbar, Orbis Tertius" como ficciones que se construyen alrededor
5
Al respecto de la variedad de nombres, dice Benjamin en “El lenguaje...”: “El ser nombrado conserva
quizá la huella de la aflicción, aun cuando el nombrador es un bienaventurado, a Dios semejante. Tanto
más cierto cuando se es nombrado, no por un lenguaje paradisíaco y bienaventurado del nombre, sino
por los centenares de lenguajes humanos, en los cuales el nombre se ha marchitado y que, aun así, conoce
las cosas según la palabra de Dios” (73).
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de dos maneras de concebir la lengua que no son reducibles una con la
otra. Mientras que el primer cuento, sacrifica al lenguaje en favor de lo
real”, el segundo, presenta un mundo idealista en el que es la lengua la
que manda”: Las ficciones borgeanas diluin los problemas filoficos
en solución ficcional (34). Una solución acorde al Wittgensttein de las
Investigaciones filosóficas, en tanto ya no se trata de analizar lógicamente la
proposicn para llegar al pensamiento, sino de observar y respetar el
funcionamiento concreto del lenguaje que practicamos” (29).
El presente es fugaz, y en un sentido temporal,
6
siguiendo los
desarrollos que Cabanchik hace sobre Borges, es figura de la realidad:
[...] todo el tiempo es un solo presente absoluto; fugaz porque su
materia es la vida que en él late intermitente, pero eterno por su
cualidad intrínseca, con la impersonalidad de la muerte, pero en el
caudal personal de una vida (85).
Figura que apenas se la puede vislumbrar en el latido de lo viviente. Esta
figura de lo viviente aparece con fuerza hacia el final del libro, y lo hará
en la idea de Dios como una heterogeneidad otra, “como un animal que nos
busca y que buscamos [...] figuración imposible de lo que habita más allá de
su límite, de todo mite y, por ende, de toda representación” (123). Lo
radicalmente Otro que, sin embargo, se acerca a nuestra vida y
experiencias (a nuestra sangre”). Esta relación aparece condensada en
una de las últimas líneas del libro, así aquí nos ha llevado la peripecia, en
un verso de “Los justos”: “El que acaricia a un animal dormido”, una de
las últimas igenes de la redención de la realidad. Una deriva ética de
la poesía, vinculada con Agamben a un aspecto teogico de la lengua.
7
Bibliografía
AGAMBEN, GIORGIO. Infancia e historia. Trad. Silvio Mattoni. Buenos Aires:
Adriana Hidalgo, 2004.
---. El final del poema. Trad. Edgardo Dobry. Buenos Aires: Adriana Hidalgo,
2016.
6
Son numerosos en el libro -que en un momento se asoma a la discusión sobre lo trans- y lo post-
humano a partir de la tensión animal-humano- los ejemplos y los análisis del pliegue temporal (viviente)
de lo eterno en las ficciones de Borges.
7
El poema retiene y salva. La figura del animal dormido juega también con la oscilación (la presencia y la
ausencia).
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Número 11 / Diciembre 2021 / pp. 227-234 234 ISSN 2422-5932
BENJAMIN, WALTER. "Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los
humanos", Para una crítica de la violencia y otros ensayos (Iluminaciones IV).
Trad. Roberto Blatt. Buenos Aires: Taurus Alfaguara, 1991.
LINK, DANIEL. "Cómo se lee", Cómo se lee y otras intervenciones críticas. Buenos
Aires: Norma, 2006.