Maccioni y Milone, Más allá del giro lingüístico Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 76 ISSN 2422-5932
¿MÁS ALLÁ DEL GIRO LINGÜÍSTICO?
LA IMAGINACIÓN CRÍTICA DE LOS SIGNOS EN LA
ESCENA TEÓRICA CONTEMPORÁNEA
BEYOND THE LINGUISTIC TURN?
THE CRITICAL IMAGINATION OF SINGS IN THE
CONTEMPORARY THEORETICAL SCENE
Franca Maccioni
Universidad Nacional de Córdoba, CONICET
Doctora en Letras (UNC), Investigadora Asistente de Conicet y Profesora Asistente de la cátedra de
Hermenéutica (Escuela de Letras, FFyH, UNC). Dirige el proyecto de investigación “Entre lenguas, entre ríos.
Aproximaciones al imaginario estético-político material del Río Paraná en la literatura y el arte contemporáneo”
(PICT- FONCyT). Compiló Hacer. Ensayos sobre el recomenzar (Teseo, 2015). En 2021 recibió una
mención del FNA por el ensayo Una fluvialidad de contraamparo. Informe poético sobre el río Paraná (en prensa).
Contacto: franca.maccioni@unc.edu.ar ORCID: 0000-0002-9564-8867
Gabriela Milone
Universidad Nacional de Córdoba, CONICET
Doctora en Letras (UNC). Profesora Adjunta (a cargo del dictado) de la cátedra de Hermenéutica
(Escuela de Letras, FFyH, UNC) e Investigadora adjunta de Conicet. Dirige el proyecto “Perspectivas
materialistas. Un abordaje crítico de escrituras contemporáneas” (PICT - FONCyT). Entre sus publicaciones
más relevantes, se cuentan los siguientes libros: Ficcionesnicas. Materia, paisajes e insistencias de la
voz (ensayo, Mímesis, 2022); Luz de labio. Ensayos de habla poética (ensayo, Portaculturas, 2015).
Contacto: gabrielamilone@unc.edu.ar ORCID: 0000-0001-5342-3355
DOI: 10.5281/zenodo.10433343
DOSSIER
Los estudios literarios
y la imaginación crítica
Maccioni y Milone, Más allá del giro lingüístico Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 77 ISSN 2422-5932
Fecha de envío: 15/10/23 Fecha de aceptación: 05/12/23
Imaginación
crítica
Giro
lingüístico
Signo
Iniciamos nuestro recorrido con el señalamiento de tres consensos para los lenguajes de la crítica en las
humanidades en la escena actual de la teoría (Biset & Naranjo, 2022), a saber: el distanciamiento
del giro lingüístico, la crítica de los dualismos ontológicos y la perturbación de las escalas. Para abrir
la pregunta que guía este artículo, problematizamos el primer consenso, ése según el cual sería posible
trazar una constante en los lenguajes actuales de la ctica que parecen distanciarse del giro lingüístico
específicamente de su versión posestructuralista, discutiendo o bien su modo de comprender el lenguaje
o bien el postulado de la mediación lingüística en tanto tal. Así, nuestra indagación busca ser una
hoja de ruta para un posible camino que actualice la pregunta de la relación entre las palabras y las
cosas desde una reformulación puntual: los signos y la materia. De ese modo, realizamos las
siguientes acciones: sostenemos la hipótesis de un cierto retorno de las semejanzas desde la relectura de
la prosa del mundo de Foucault y la lengua del mundo de Latour; revisamos qué nociones de
signo (y sus vinculaciones con la imaginación crítica) están operando en las teorías contemporáneas;
aislamos una batería de tácticas para la reorientación de lo escribible y lo legible en la escena teórico-
crítica actual; finalmente, proponemos una serie de figuras desde las que balizamos el trabajo con los
textos literarios desde una imaginación crítica singular.
RESUMEN
PALABRAS CLAVE
Critical
Imagination
Linguistic
Turn
Sign
the work with literary texts through a unique critical imagination.
ABSTRACT
KEYWORDS
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se preguntará cómo un signo puede estar
ligado a lo que significa.
Michel Foucault
Comencemos por una afirmación: asistimos a una proliferación de nuevas
perspectivas y aparentes nuevos objetos en la actualidad de los estudios en
humanidades, marcada por una fuerte insistencia en la necesidad de habilitar
la imaginación para las tareas de teorización y de crítica. Escuchamos
recurrentemente los pedidos de “repoblar el desierto devastado de nuestras
imaginaciones” (Stengers, cf. 2017) y de asumir “el reto imaginativoante
lo que brota inesperadamente (Tsing, cf. 2023). Las apuestas teórico-críticas
que protagonizan la escena actual reclaman para sí facultades imaginativas
y ficcionales para potenciar un tipo singular de reflexión que se sitúe sin
ingenuidad en la “catástrofe” (Stengers) y en “las ruinas del capitalismo
(Tsing). De este modo, la imaginación crítica se muestra no como la
capacidad restringida de producción de imágenes sino como una potencia
general de invención, vale decir, recuperando “el sentido más propio de la
ficción, que es el hacer” (Rodríguez Freire, 2022: 156).
Nuestro trabajo se enmarca en indagaciones que, desde las aulas y las
discusiones de nuestra investigación en equipo, siguen la línea de la ficcn
trica en la pregunta sostenida por los cruces de la imaginación con los
(nuevos) materialismos (Maccioni, Milone & Santucci, cf. 2021). En esta
nea, compartimos preocupaciones teóricas con investigaciones en curso
sobre la imaginación material (por caso, con las docentes e
investigadoras Paola Cortés Rocca y Luz Horne, cf. 2021) que buscan
modos de situarse ante el diagnóstico del agotamiento de los protocolos
de legibilidad, ante la urgencia de revisar la primacía de lo humano en el
mundo. Del mismo modo, coincidimos con las investigaciones de Soto
Calderón (2022) sobre la imaginación, tanto en el diagnóstico de su
agotamiento cuanto en la propuesta de la (aún) posible ampliacn de su
hacer. En la “grieta entre la posibilidad y su acabamiento” (Soto Calderón,
2022: 10), su propuesta diagrama una perspectiva de imaginación material
para pensar la crítica como “intervención creadora”.
El despuntar de la imaginación en la escena actual de la teoría nos
permite vislumbrar la emergencia de un modo renovado del hacer teórico-
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crítico en los estudios literarios contemporáneos. En el presente trabajo
nos proponemos indagar en esta nea, partiendo desde un diagnóstico
realizado por un grupo de docentes e investigadores (radicado en la
Universidad Nacional de Córdoba, Argentina); grupo que, nucleado en el
proyecto Arqueologías del porvenir,
1
busca dar lugar a una investigación
colectiva sobre los lenguajes de la ctica en las humanidades, atendiendo
a lo que denominan una nueva escena de la teoría(Biset & Naranjo,
2022). Según consignan en la presentación del dossier titulado
“Arqueologías políticas del futuro: de la aceleracn al antropoceno(Biset
& Naranjo, 2022), la novedad de la escena teórica actual estaría marcada
por la aparicn de dos fenómenos específicos del mundo contemponeo
que desafían los lenguajes tricos y demandan renovar el proceder de la
crítica, a saber: el cambio climático y la aceleración tecnológica. Al interior
de esta nueva escena de la teoría, en la que destacan una efervescencia de
discusiones en torno a ciertas nociones centrales (tales como
neomaterialismo, antropoceno, aceleracionismo, especulación, giro
ontológico, realismo especulativo, entre otras), se salan tres consensos
tricos que insisten, pese a las diferentes perspectivas: el distanciamiento
del giro lingüístico, la crítica a los dualismos ontogicos y la perturbación
de las escalas. Si coincidimos con este diagnóstico, para abrir la pregunta
que quisramos hacernos en este arculo, nos interesa retomar y
problematizar el primer consenso, ése según el cual sería posible trazar
una constante en los lenguajes actuales de la crítica que parecen
distanciarse del giro lingüístico específicamente de su versn
posestructuralista, discutiendo o bien su modo de comprender el lenguaje
o bien el postulado de la mediacn lingüística en tanto tal. Para hacerlo,
los autores del citado dossier recuperan específicamente los aportes de
Eduardo Kohn en Cómo piensan los bosques (2021), libro en el que propone
la necesidad de provincializar el lenguaje, en tanto apunta a postular que no
todo pensamiento y/o representación es humana ni están mediados
lingüísticamente. Recusar la centralidad de la mediación lingüística a la
hora de pensar los procesos de significación sea un gesto recurrente en
diversas teorías que discuten el antropocentrismo y que intentan “dar lugar
a modos de pensamiento que no estén circunscriptos por el lenguaje, lo
simlico o lo humano(Biset; Naranjo, 2022: 5).
En consonancia con este diagnóstico, en un trabajo de reciente
publicacn, Emmanuel Biset (2022: 126), siguiendo a Claire Colebrook
(2014), mapea lo que propone pensar como una “dirección postextual de
1
Las publicaciones y avances de esta investigación pueden encontrarse en
www.arqueologíasdelporvenir.com.ar
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la teoría hacia el materialismo o la vida”, indicando con ello que, en la
escena teórico-crítica actual, despunta un deso o alternativa a la primacía
de la teoría francesa y posestructuralista en general, y derridiana en
particular. Pese a las divergencias que hacen a la singularidad de los dos
gestos principales en donde podría signarse esta reorientacn teórica (los
denominados “realismo especulativo y giro ontogico”), nos interesa
recuperar algunos puntos de convergencia, allí donde vuelve a aparecer la
necesidad de discutir la preeminencia del problema del lenguaje. En la
escena postextual de la teoa, según su autor, el cuestionamiento a la
centralidad del lenguaje viene acompado de otras dos probleticas que
le son concomitantes. Por un lado, se destaca la necesidad de redefinir el
estatuto del sujeto y/o abandonarlo por completo como modo de poner
radicalmente en crisis el humanismo de la teoría mediante al menos “dos
estrategias: hay algo no humano (afuera) o todo puede ser humano
(relacn)” (Biset, 2022: 141). Por el otro, se traza la necesidad de operar
un pasaje de la epistemología a la ontoloa, esto es, de desplazar la
pregunta por el acceso a lo existente hacia una interrogación por lo que
hay más allá de nuestra mirada trica.
Al interior de estos diagnósticos, el lenguaje aparece asediado por
una nueva escena teórica que se afirma en la necesidad de cuestionar su
clausura, su excesivo humanismo y la relacn cuanto menos compleja de
las palabras y su afuera. La figura de Narciso insiste recurrentemente en
diversas zonas de la teoría contemponea que buscan dar cuenta de este
problema. En Jane Bennett leemos: “enfatiza, incluso exageraré las
contribuciones agenciales de las fuerzas no-humanas (operantes de la
naturaleza en el cuerpo humano y en los artefactos humanos) en un intento
de contrarrestar el reflejo narcisista del lenguaje y el pensamiento
humanos (2021: 22). Y tambn en Eduardo Kohn cuando afirma que
“extender la relacionalidad lingüística a los no-humanos proyecta de
manera narcisista lo humano sobre aquello que reside más allá de él
(2021: 116). A su vez, una cita de Colebrook, recuperada por Biset (2022:
145-146), insiste en este aspecto cuando afirma:
Se ha producido una reacción declarada contra un supuesto narcisismo
lingüístico o textual (también llamado idealismo lingüístico), de modo que
el Dios del lenguaje está muerto, y ya no creemos que este mundo nuestro
esté ordenado desde el exterior por “unsistema de lenguaje o estructura
que sería el trabajo de los críticos literarios o de los estudios culturales
decodificar. Ha habido un retorno a la vida, a los cuerpos, a los animales, a
la ecología y a lo inhumano en general, como si estuviéramos nuevamente
liberados de la prisión de nuestra humanidad, ya no distanciados del mundo
y ahora capaces de encontrar un mundo de la vida verdaderamente post-
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teórico y post-humano. Volvemos a la historia, los contextos, las cosas, los
cuerpos, la vida y la naturaleza (Colebrook, 2014b: 160).
¿Cómo imaginar ese “retorno”?, ¿desde qué postulados de lenguaje y de
signos sería posible sondear ese deseo de “no distancia” entre lo humano y
lo no-humano, el lenguaje y el mundo, las palabras y las cosas o los signos y
la materia?
2
Para nosotras, que trabajamos en literatura, es decir con textos, el
desafío parece extremarse. Allí donde no sería posible (ni deseable) asumir
sin más un abandono del giro lingüístico, tampoco quisiéramos hacer oídos
sordos a lo que insiste en estos diagnósticos e interpela de manera directa
nuestra labor crítica con y desde materiales literarios, instándola a imaginar
modos de reformular sus preguntas y a repensar nuestra manera de
orientarnos en ellas.
De este modo es como surge la pregunta renovada y urgente por cuáles
son las diversas concepciones de signo que operan en la escena teórica actual.
Buscamos sostener esta pregunta desde la intuición (por no decir bajo la
sospecha) de que asistimos a un cierto retorno de (la confianza en) las
similitudes, las semejanzas, los isomorfismos entre los signos y la materia. Si
es cierto que asistimos a ese retorno que intuimos, entonces habremos de
postular una posible reconfiguración de la célebre “prosa del mundo” con la
que Foucault pensaba las signaturas del saber en el inicio de Las palabras y las
cosas. Pero sobre todo quisiéramos insistir menos en cómo las palabras se
acomodan a las cosas (y viceversa) que evidenciar la y como elemento que
separa y une ambos órdenes. La y se vuelve así un campo de indagación, una
zona intersticial que suspende la conjunción o disyunción como dos
operaciones contrapuestas. Así, en esta zona que se abre con la y es posible
postular (vía un procedimiento típicamente deleuzeano) un modo singular de
conjunción disyuntiva. Antes que la separación o la unión sin s, nos interesa
marcar esa suerte de “gran planicie uniforme de las palabras y las cosas” que
Foucault observa en “la prosa del mundo” cuando el saber de las semejanzas
habilita que todo hable en el “infinito cabrilleo del lenguaje” (2008: 58). La
pregunta específica entonces que nos interesa es por los modos en los que se
2
El desplazamiento que proponemos de “las palabras y las cosas” hacia los “signos y la materia”
responde al gesto de estas nuevas orientaciones teóricas que, ya sea desde los nuevos materialismos (y
sus recusación a comprender la materia y, por tanto, las cosas como sustancias extensas, uniformes,
inertes, delimitables, cuantificables y mensurables), ya sea desde los abordajes en los que prima la relación
entre “híbridos” (que impiden establecer distinciones claras entre personas y cosas) obligan a asumir,
como sugiere Martín Holbraad (2022: 7) que “la cosa ‘como tal […] ya no es lo que conocíamos
habitualmente”. En este sentido, sostenemos que un desplazamiento hacia la pregunta por la relación
entre los signos y la materia permite mapear mejor la actualización de la pregunta foucaulteana en la
escena teórico-crítica contemporánea.
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produce la articulación entre los signos y la materia en base a las semejanzas; y
por cómo se produce el saber de las signaturas en el periodo que Foucault
indaga y al que nombra como prosa del mundo”. En este período se
reconoce la copertenencia del lenguaje y el mundo, lo cual indica no sólo que
la naturaleza es algo para leer y que el lenguaje es algo natural, sino sobre todo
que esta modalidad tiene sus ecos en la literatura moderna en la medida en
que es ella la que no ha abandonado su “consistencia de cosa” (Foucault,
2008: 61). Subrayamos la idea de “planicie” porque nos resulta por demás
pregnante como figura para pensar el modo como vemos que emergen
actualmente las semejanzas ante la bajada de la barrera del giro lingüístico,
como si el abandono de ese giro aplanara el conflicto y lograra poner en el
mismo plano ambos órdenes. Si para Foucault la pregunta que guía su
indagación no es por el nculo de las palabras con las cosas en sí sino por el
modo en que se articula el saber entre ambos órdenes, lo que vemos retornar
en la actualidad es esa suerte de experiencia renovada de la planicie: sin giro
lingüístico, las cosas (la materia) hablan la lengua del mundo, y lo hacen
disputando significaciones no necesariamente lingüísticas, desde diversas
concepciones de signo y sobre todo actualizando la idea foucaultiana de que
“sin imaginación no hay semejanza” (2008: 85). La existencia (de la materia)
y su emergencia (en los signos) convocan a la imaginación teórica y crítica
para que la lengua del mundo hable. Es quizá en ese sentido que Latour en la
segunda conferencia de Cara a cara con el planeta, titulada “Cómo no
(des)animar la naturaleza”, propone pensar el enmudecimiento que hemos
producido del mundo material por el lenguaje humano, ya sea por la
acentuación de la diferencia de ambos órdenes (mediante operaciones que en
y por el lenguaje vacían la potencia de actuar de determinadas agencias), ya sea
para “evitar responder a las preguntas ¿quién habla?, ¿quién actúa?, ¿quién
hace hablar?, ¿quién hace actuar?” (2009: 81). La des-animación es el
producto de estas operaciones que vuelve inerte y mudo al mundo. De ahí es
que la “lengua del mundo” pueda ser reconsiderada a la inversa, esto es: que
la lengua sea una propiedad del mundo y no un efecto de operaciones
(humanas) sobre el mundo.
En suma, para Latour, la lengua del mundo organiza la sinonimia entre
existencia y significación, ya que esta última puede ser formulada o traducida
en tanto que haya potencia de actuar. La significación no es pues el resultado
de imposiciones antropocéntricas en el lenguaje humano; es una propiedad
que se vincula con la potencia de actuar.
3
3
Nos interesa mencionar la importancia del diagnóstico que realiza Pablo Manolo Rodríguez en Las
palabras en las cosas. Saber, poder y subjetivación entre algoritmos y biomoléculas (2019), el cual sostiene que se ha
producido un despegue del universo de los signos por lo que postula en términos de desantropomorfización
de la comunicación. Liberados del hombre, los signos se asocian al silicio y ya no al carbono, siguiendo la
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La sinonimia entre existencia, agencia y significación parece hacer emerger
en sordina nuevamente el reclamo que supone haber descansado en una
concepción excesivamente antropocentrada de los signos y la significación
(y, por tanto, tambn del lenguaje). Del mismo modo, la centralidad que
adquiere la potencia de actuar en ciertas zonas de la teoría y la crítica
contemporánea parece constituir razón suficiente para la renovación de
teorías semióticas de raigambre peircianas (y no así, saussurianas). Kohn, por
caso, da cuenta de esta adhesión afirmando:
Esto es bastante diferente al tratamiento más humanista de los signos que
propone Saussure (1945), con el que los antropólogos tendemos a estar más
familiarizados. Para Saussure, el lenguaje humano es el parangón y modelo
para todos los sistemas de signos (1945, p. 94). La definición del signo de
Peirce, en cambio, es mucho más agnóstica al respecto de qué son los signos
y de qué tipo de seres los usan; para él, no todos los signos tienen propiedades
similares al lenguaje y, como lo planteo a continuación, no todos los seres que
los usan son humanos. Esta definición más amplia del signo nos ayuda a
entrar en sintonía con la vida que los signos tienen más allá de lo humano tal
como lo conocemos (Kohn, 2021: 40).
Sin embargo, la actualidad de la pregunta por los signos parece habilitar
también lecturas que revisitan la obra de ambos autores de Saussure y de
Peirce haciendo primar aquello que no se pudo (o no se quiso) leer en
escenas tricas previas signadas por otras inquietudes. Sabemos que el
pensamiento del signo (y la relación pensamiento-signo) motivó ambas
aventuras intelectuales: No tenemos ningún poder para pensar sin
signos, afirmaba Peirce; “no es el pensamiento el que crea el signo, sino
el signo el que guía primordialmente el pensamiento”, insistía Saussure (en
Fisette, 2014: 231). Pese a ello, ninguno de los dos produjo un tratado
sistemático sobre estas entidades. Lo que encontramos en cambio en
ambos casos son obras abiertas, inestables (aunque estabilizadas por
lecturas disciplinarias y disciplinantes). Textos ltiples que se resisten a
hacer sistema (y que no fueron publicados como tales), escritos de diversas
características en los que la duda, las lagunas, las marcas gráficas que
demoran las definiciones (en el caso de Saussure) o el exceso de material
hipótesis que Deleuze lee con Foucault. Este proceso de desligamiento de la teoría de la enunciación, y
en consecuencia de la lógica sujeto/objeto, actualiza la pregunta por la antropomorfización de las cosas
y su reverso, la cosificación de los sujetos. Quizá la clave de la diferencia de nuestras preguntas por las
palabras y las cosas con las de Rodríguez radique en la acentuación de la y (y no en su cambio por en)
como zona de exploración y apertura para la interrogación renovada por los signos. Quizá porque
nuestro campo de indagación sea especialmente la literatura (y las herramientas y los protocolos de
lectura y escritura) es que la insistencia por los signos y sus usos se vuelve una urgencia para pensar lo
legible y lo escribible en la escena actual de la teoría y sus agendas en los estudios literarios.
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y la dilación en la edición de los mismos (en el caso de Peirce) legan una
obra abierta a interpretaciones renovadas. En esta línea podemos destacar
el trabajo de J. Fisette que busca proponer un abordaje de conjunto de
ambas producciones que evite las oposiciones simplificadoras (y las
similitudes apresuradas) en un intento por dar cuenta de las condiciones
de produccn de un pensamiento de los signos en el que priman menos
las concepciones abstractas que el imaginario de la teoría, la sensibilidad a
las cosas, los signos y las palabras” (2014: 231). Cabe destacar de esta
lectura el modo como postula la propuesta semiológica que hiciera Roland
Barthes a fines de los os 70 como un modo posible de superar la
supuesta fractura entre ambos pensamientos sobre el signo. Apelando a
las “fuerzasde la literatura (Mathésis, Misis y miosis), la semioloa de
Barthes –quien fuera para Fisette (2014: 251) el saussuriano más
auntico”– abre la consideración de los signos hacia un más al de la
lingüística. Y lo hace, podamos agregar nosotras, insistiendo en aquello
que anunciaba ya en 1962, esto es: que el signo, todo signo es un
constructo de la imaginación que presupone siempre un modo de “visión”,
a partir del cual desarrollamos dispositivos de resonancias que permitan
hacer oír ese temblor del sentido que de otro modo nos sería indiferente
(cfr. Barthes, 2003: 285).
Interesa recuperar también los aportes de Patrice Maniglier quien, en
un gesto que propone revisar las teorías a la luz de los desafíos del
presente, busca discutir el llamado a abandonar el giro lingüístico
propuesto por tricos del realismo especulativo (como Badiou o
Meillassoux). Ante el lema:¡Ya basta de hablar de las maneras de hablar,
hablemos de las cosas mismas!(Maniglier, 2017: 7) que insiste en estas
propuestas a las que denomina “neodogmáticas”, Maniglier retorna a las
teoas del signo saussureanas para recusar la división entre ser y decir (que
llevaa a buscar el ser por la a del referente). Su propuesta busca
subrayar la singularidad ontológica de los signos, así como también afirmar
la equivalencia entre existir y decir, ser y hacer signos. Es desde esta línea
entonces que el pensador frans vuelve a modular el problema de la prosa
del mundo aunque apelando ya no a la semejanza entre los signos y la
materia sino a la equivalencia entre ser y decir:
¿Debemos, entonces, revivir una idea muy antigua, esa que dice que el Ser
habla, que existe una especie de prosa del mundo? Sin duda. Pero si el Ser
habla, no es exactamente en el sentido de la prosa del mundo de la que
hablaba Merleau-Ponty y que Foucault veía en accn en el corazón del
Renacimiento europeo. No se trata de anclar los significados que
pronunciamos en el mundo, de hacer emerger el Logos de la Existencia.
No se trata de fundar nuestros significados, sino de hacer que el ser del
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signo sea comparable a otras formas de ser y de establecer la ontoloa
solo en esta comparabilidad (Maniglier, 2017: 24).
Ante el diagnóstico de la escena postextual de la teoa, pero sobre todo
subrayando el abandono del giro lingüístico como uno de los consensos,
es que nos interesa continuar nuestra indagación hacia lo que indicamos
como una de las condiciones fundamentales para que se produzca dicho
consenso, a saber: el retorno de las semejanzas, basada en una experiencia
renovada de la idea de planicie que Foucault marcaba para la prosa del
mundo. Si lo que experimentamos actualmente en la teoría y la crítica es
la bajada de la barrera del giro lingüístico, lo que se vuelve urgente pensar
para nosotras, insistimos, que trabajamos con literatura es mo se
vinculan los signos con la materia, mediante qué operaciones y figuras,
pero sobre y fundamentalmente, cómo las diversas concepciones de signo
convocan a la imaginación trica y ctica para hacer hablar la prosa/la
lengua del mundo en su semejanza. Allí entonces nos interesará continuar
la indagación en torno a la conjunción disyuntiva que marca la y como zona
que abre la pregunta por la articulación entre los signos y la materia, ya sea
que ella indique una relación posible entre heterogéneos semejantes, ya sea
que trace una suerte de equivalencia o sinonimia entre existencia y
significación.
cticas
Insistamos. Hay posiciones que adoptan el consenso del abandono del giro
lingüístico, ya sea por un cansancio declarado ante la sospecha continua de
las posiciones postestructuralistas; ya sea porque el impacto de otros giros
(ontológico, material) conduce a relevo radical de las perspectivas teóricas
anteriores. Sin embargo, hay apuestas tricas que exponen el problema
desde otras posiciones y así buscan cticas (el término es revalorizado
especialmente por Bennett) para orientarse en esta escena trica.
Veremos pues que lo hacen habilitando herramientas que, sin evitar la
afirmación de sus ideas, se nutren de la duda y la incertidumbre como
rasgos predominantes de sus posiciones enunciativas; como así también
del recurso a la imaginacn, a la ficción y a la especulación como
características sobresalientes de sus apuestas epistemológicas y sus
posiciones críticas.
En este sentido, hallamos diversas tácticas contemporáneas, entre las
cuales aislamos las siguientes: la revisión de teoas cdas en desuso
(principalmente, el vitalismo retomado por Jane Bennett y el retorno a la
estética naturalista por Marion Zilio); y en la misma línea, reconocemos
otra táctica en la revisita de teorías previas desde otras perspectivas y con
insistencias que provienen desde puntos de vista descentrados de la
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tradición (por caso, la lectura y reposicionamiento de Darwin que hacen
Carla Hustak y Natasha Myers). Estas cticas suelen aparecer en nculo
con otras: en el contexto de algunas apuestas tricas, van acompadas
de un marcado recurso a la atencn, a la ingenuidad, a la predisposición
para la escucha y delicadeza en el con-tacto con lo observado (con
insistencia, vemos este “pedido” de prestar atencn y de estar a la escucha
en Anna Tsing, como así también en Jane Bennett, Vinciane Despret y
Eduardo Kohn).
En esta misma nea, podemos identificar que otra de las tácticas es
el recurso al relato, a la narración como apuesta discursiva donde se
despliegan las nociones tricas en juego con recursos ficcionales,
especulativos, narrativos (este recurso es evidente en Dona Haraway y su
dispositivo de SF, como así también en Anna Tsing y la necesidad de
contar una avalancha de historias)
4
. En este sentido, se vuelve visible otra
insistencia en diversas teoas, que proponemos leer en esta línea como
una de las tácticas actuales. Nos referimos a la necesidad de crear nuevos
vocabularios (Jussi Parikka) y nuevas herramientas conceptuales (Eduardo
Kohn) para el uso de perspectivas novedosas, en tanto se experimenta una
inadecuación de la significación/simbolización discursiva con los
materiales indagados; especialmente sobre conceptos cuya característica
principal es su desplazamiento entre disciplinas (evidentemente, esta
táctica es mayormente reconocida como “herencia de la práctica
filofica de Gilles Deleuze y lix Guattari, y específicamente podemos
aqnombrar a Jane Bennett y su continua apuesta por elaborar no sólo
un vocabulario, sino también una sintaxis que responda a la vibrancia de
las similitudes; como así tambn podemos mencionar a Jussi Parikka y su
trabajo con metodologías artísticas y estéticas para postular lo que
denomina psicogeofísica)
Sostenemos que este elenco de tácticas que podemos reconocer en
las teorías mencionadas están respondiendo menos a un mero abandono
4
Nos resulta interesante dejar aquí consignada una de las definiciones que da Tsing en el capítulo 12 de
Los hongos del fin del mundo (2023) de la noción de historia y de relato con las que trabaja: Por “historia”
entendemos tanto una práctica humana de narración de relatos como el conjunto de restos del pasado
que convertimos en dichos relatos. Convencionalmente los investigadores sólo consideran los restos de
carácter humano, como archivos y diarios, pero no hay razón alguna para no ampliar nuestra atención a
las huellas y rastros que dejan tras de los no humanos, dado que estos también contribuyen a hablar
de interrelaciones transespecíficas en un marco de contingencia y coyuntura, esto es, los componentes
del tiempo histórico. Para participar de dicha interrelación, no es necesario hacer historia de una única
manera. Independientemente de que otros organismos sean capaces o no de narrar relatos, el hecho
es que contribuyen a esa superposición de huellas y rastros que entendemos por historia. Desde esta
perspectiva, pues, la historia es el registro de ltiples trayectorias de creación de mundos, humanas y
no humanas” (Cf. Tsing, 2023). De este modo, tanto lo archivable como lo narrable cambian de estatuto,
y la historia es una avalancha de restos que narran en un tiempo de escalas perturbadas.
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Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 87 ISSN 2422-5932
del giro lingüístico en pos de la atención o adhesión al llamado giro
material, sino que más bien entendemos estos movimientos tricos,
epistemológicos y críticos en el marco ampliado de una apuesta por
trabajar en otro marco heustico de pensamiento, en un tipo de
racionalidad que con Joanna Zylinska (2022: 18) podemos nombrar como
“racionalidad post-masculinista”. Zylinska habla de un modo de trabajo
que prioriza las intervenciones menores, aquellas que se dan en un modo
más especulativo que direccional, más imaginativo que racional (de ese
tipo de razón que desecha la ficcn como secundaria, que no otorga
ninn tipo de valor a todo lo que sea enunciado desde una matriz
discursiva cercana a las estéticas y las poéticas). Sin caer en las dicotomías
de lo femenino y lo masculino, Zylinska sostiene que este tipo de
racionalidad post-masculinista, antes que nada, no deja de ser una
racionalidad sino que es otra respecto al coraje masculinista y su
erradicación de toda sensibilidad estética. Para afrontar la incertidumbre
de nuestro presente, ante aquello que muchas veces se experimenta como
impotencia y falta de control en la crisis actual (para Zylisnka esta crisis
lleva el nombre deAntropoceno”), la discusn no debea trabarse entre
lo racionalista o lo antirracionalista de las apuestas teóricas, sino más bien
correr el eje hacia un tipo de pensamiento que sea capaz de albergar las
sospechas ante cualquier intento por retomar los discursos fuertes de las
ontologías y sus modos predominantes de pensar; como así también sea
capaz de albergar las paradojas éticas a las que nos enfrentamos como
singularidad humana (que Zylisnka propone pensar más en términos de
singularidad que de excepcionalidad). Es combinando narrativa con
criticidad (2022: 24) como podemos promover, dice Zylinska, modos de
pensamiento no instrumentales y así evitar caer en aparentes soluciones
formulaicas. Una racionalidad post-masculinista asume la incertidumbre
ante las crisis actuales y es dispuesta a responder colectivamente al
llamado de la materia y sus relaciones en el escenario contemporáneo.
En este marco, Zylinska propone una ética mínima ante el diagstico
actual del distanciamiento de la teoa y la crítica respecto del giro
lingüístico y del constructivismo en su versn postestructuralista; una
ética que, en consonancia con otros autorxs, podríamos decir que sabe que
su ctica principal es la adopción de lo mínimo de su lengua (en
contraposición a cualquier tipo de gesto de arrogancia en el discurso y el
narcisismo de especie, como sostienen a su turno Bennett, Kohn y Zylinska);
como así tambn la apuesta por malinterpretar (Bennett, evitando todo
rasgo peyorativo, propone un tipo de interpretacn de las similitudes que
pueda errar, que sea capaz de delirar, en el sentido barthesiano de salirse de
curso) y por la mala fe (tal como aparece en Vinciane Despret (2022: 44),
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esa que pretende que lo que insistía en la diferencia no insistía lo
suficiente”).
Una racionalidad post-masculinista se sostiene en una ética nima,
ahí donde aún se articulan las preguntas que urgen hacer para las
humanidades en crisis y, en este marco, muy especialmente para los
estudios literarios. Esta insistencia en el trabajo crítico con la literatura, en
términos generales, responde a la necesidad de evidenciar algunas prácticas
críticas que, aun adoptando algunas de estas líneas teóricas en agenda, lo
hacen sosteniendo una racionalidad masculinista, que puede observarse en
cierta primaa del contenido (lo que solemos llamar en nuestras
pcticas como “lecturas contenidistas”) o en un ejercicio de tipo
aplicacionista de las categoas tricas. Un trabajo crítico que condense
sus estrategias de lectura en la mera constatacn de ensamblajes, vibrancias,
pensamientos vivientes, perturbaciones, entre otras categorías que vemos
proliferar en la actualidad, evidencia no sólo una determinada pobreza
crítica (en tanto traduce” de manera casi automática las categorías de
análisis a lo que dicta la agenda de investigación) sino sobre todo una
marcada arrogancia (en la “aplicación” de categoas, trabajo que evidencia
al menos la racionalidad jerquica que opera al interior, que considera un
objeto de estudio como pasible pasivamente de ser analizado
aplanado, también podríamos decir desde la aplicacn de una categoría).
cticas, no estrategias. Asumir la debilidad de las premisas, la
necesidad de los deslizamientos, la atencn a las emergencias, implica
asumir una racionalidad post-masculinista que no deponga la necesidad de
afirmar algunas premisas ante el escenario de las crisis actuales sino que
más bien es dispuesta a reformular sus preguntas y sus respuestas, cada
vez, sabiéndose no en la posesn de los instrumentos de análisis sino
siempre en su búsqueda, con la necesidad de “toda la ayuda posible”
(Bennett, 2021: 13) para lograr “historias menos deterministas(Despret,
2022: 134).
Figuras
Así, desde las palabras y las cosas hacia los signos y la materia (en la
reformulación siempre ríspida de esa (no)relación, y en el impacto que la
misma conlleva para lo legible y lo escribible en el marco de la escena trica
y crítica contemporánea) parece que asistimos a un nuevo deseo de
semejanza, ahí donde se nos pide que “descansemos en las similitudes
(Bennett), que escuchemos las “semejanzas” (Kohn), que atendamos “a las
relaciones inesperadas (Tsing) porque “no se trata de prohibirse las
comparaciones y las analogías, de abstenerse de buscar las coincidencias o
las convergencias e intereses, se trata de intentar hacerlo con atención, de
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Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 89 ISSN 2422-5932
cuidar las relaciones que se crearon(Despret, 2022: 44). Vislumbramos
este retorno de la semejanza no tanto como insistencia velada bajo la rmula
del secreto a voces (en resonancia con la retirada de la metáfora derridiana) sino
más bien como el retorno de una afirmación de la prosa del mundo
foucaultiana y sus reversiones, propiciada fundamentalmente, como ya lo
hemos mencionado, por el consenso del abandono del giro lingüístico y los
gestos teóricos que apuestan por cierto gesto de confianza en desmedro de
la sospecha de corte deconstruccionista y/o postestructuralista. El lenguaje
es cuestionado como aquel medio donde debían resolverse los problemas de
la teoría; y así se convoca mayormente a la imaginación como lugar
privilegiado para el trabajo de la teoría y la crítica. Será la imaginación, en
términos sintomáticamente generales, el lugar y el medio donde des-
antropomorfizar las teorías (y sus vocabularios), reafirmando las
semejanzas, las similitudes, la participación, la continuidad entre lo humano
y lo no humano.
En el marco de esta sospecha del retorno (¿de lo reprimido?) de la
semejanza, y luego de haber identificado las cticas propuestas por las
principales teorías contemporáneas (cuyo amplio impacto en estudios
literarios actuales es innegable), nos preguntamos: ¿qué nuevas figuras de
la semejanza emergen en la escena contemporánea? Podemos seguir el
gesto foucaultiano y preguntar por cuáles son los modos de saber y de
hacer teoa, particularmente en el contexto actual donde vemos que la
tarea se cifra en la necesidad de reimaginar formas de responder a la
evidencia de lo material.
De esta manera, postulamos la posibilidad de configurar cuatro
figuras para pensar el retorno de la semejanza en la contemporaneidad;
figuras tramadas en dos arcos de tensión que organizan un nimo y un
máximo de sus posibilidades heurísticas. En el primer arco, proponemos
pensar el antropomorfismo y la participación como dos figuras que insisten en
comparecer en propuestas tricas actuales y que organizan un mínimo y
un máximo en la relación entre lo humano y lo no humano, entre la
significación y la materialidad, entre la vibrancia material y la vida como
proceso ampliado.
En el otro arco de figuras, ubicamos la literalidad y la patograa como
dos extremos tricos, críticos y discursivos de intervención y
experimentación con los signos en la prosa del mundo. A contraposición de
las figuras del primer arco, estas no aparecen así nombradas en las teorías
que convocamos sino que más bien responden a lo que identificamos
como deseos, como apuestas de “hacer hablar a todo” (Foucault, 2008:
58), aunque adoptando dos posiciones ante el lenguaje bien diferenciadas,
acaso equidistantes una de la otra. Así es como identificamos una suerte
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de nimo o grado cero del lenguaje en el deseo de literalidad que funciona
en la base de diversas teorías, que de ese modo intentando llevar al
lenguaje a su supuesto grado cero de no figuración buscan reducir la
significación humana a un mínimo de simbolización. Y, por otra parte,
localizamos el ximo o la ampliación total del campo de acción de
lenguaje (en términos generales) en lo que podemos denominar como
patografía, vale decir, esa afirmación de los signos (y su escritura) ampliada
a la materia en sus múltiples manifestaciones.
Dentro del primer arco, para contrarrestar lo que se reconoce como
narcisismo del lenguaje humano y a intentar dar voz a la materia que emerge
en su vitalidad y agencia, insiste la figura del antropomorfismo como
posibilidad de experimentar una forma de pensar y decir que intenta
apaciguar o atenuar el vínculo fuerte con el lenguaje y su significación
exclusivamente humana. Estemorfismo”, antes que un “pecado (como
dice Latour, cf. 2009), es una forma de explorar potencias desconocidas.
Ahora bien, en tanto los medios lingüísticos se reconocen como
inadecuados para la tarea, una sintaxis y una gramática otra se vuelve
urgente y será lo que Bennett enunciapropositivamente con una suerte
de rmula: una pizca de antropomorfismo. Así, cultivar esa pizca, desde una
ética mínima que sepa calcular la cantidad, se una de las as para
participar de la vibrancia material y lograr dar voz a lo que ha sido acallado
por imposiciones de significados antropocentrados. Bennett es quien
apostará por este uso de la figura, descansando en las similitudes, haciendo
de los isomorfismos un terreno a explorar con el recurso del
antropomorfismo, que de este modo evidencia menos una imposicn de
forma humana a lo no humano que la posibilidad misma de contrarrestar
el antropocentrismo al marcar la participación de un orden en el otro y
viceversa. Esta apuesta por antropomorfizar para lograr contrarrestar el
antropocentrismo es una idea que encontramos ya en Roger Caillois (cf.
1970), sobre todo en aquel estudio sobre la imagen conjetural donde observa
las alas de la mariposa y propone pensar una tendencia transversal que va
desde los disos de las alas de esos insectos hasta los trazos y las formas
de un cuadro: así, en una suerte de antropomorfismo profundo que marca no
una separacn sino una tendencia compartida esta propuesta busca antes
que nada revertir la idea expandida de que en la naturaleza no hay error,
ya que esa es la idea que se reconoce como mayor proyección humana
desde un antropomorfismo restringido. El antropoformismo general (por
decirlo con esa fórmula opositiva de econoa restringida y econoa
general que Jacques Derrida propuso para leer a Georges Bataille) no
implica proyección sino una suerte de participación, en tanto observa que en
la naturaleza también hay gasto, despilfarro, error. Qui en sintonía con este
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tipo de concepción y uso del antropomorfismo esn algunas
concepciones de Despret en su estudio sobre los jaros, allí donde
reconoce la preocupación que algunas posturas tricas tienen de evitar
cualquier proyección antropocéntrica a sus objetos de estudio. Despret
descarta esta inquietud por “simple” en la medida en que entiende que son
sus tácticas de escucha y tacto lo que garantiza que todo vocabulario,
noción, figura no está siendo impuesta sino señalada por los propios pájaros.
En tanto nuestras redes conceptuales” evoquen a la naturaleza como
“muda”, Despret sostiene que persistirá esa idea idiota(2022: 44). Así,
el antropomorfismo se muestra como una figura compleja en su reflexn
y su uso, que no se agota en la mera idea de proyección sino que habilita
otras posibilidades, incluso su propia contradiccn. Bennett es quien
llama la atención sobre la contradicción performática en la que se incurre con
el antropomorfismo. En la medida en que es ese tipo de contradicción que
se produce cuando el contenido proposicional de una declaración
contradice los presupuestos de afirmarla, ligada al problema del
antropomorfismo, se expande y se vuelve pregunta urgente: “¿No es un
humano autoconciente y dotado de lenguaje el que articula esta filosofía
de la materia vibrante?(Bennet, 2022: 254). Indicar la contradicción es
menos inhabilitar el uso de la figura que marcar sus alcances, que
identificar sus peligros, que balizar la zona siempre tensa de las redes
conceptuales antropocentradas. La figura del antropomorfismo, junto
con su contradicción performativa inherente, no puede sino usarse desde
la ética de la pizca, esa que sería suficiente para atender, advertir y ponderar
los isomorfismos, las resonancias, las semejanzas que existen entre lo
humano y lo no humano; y que, desde estas perspectivas teóricas de la
vibrancia material (Bennett) y las cosmopolíticas expresivas (Despret), son
posibles de reflexionar gracias al uso de esta figura.
Insistiendo en la necesidad de contrarrestar lo que se presupone
como una clausura del sistema de los signos lingüísticos sobre sí, la figura
de la participación, parece llevar a un máximo esa apuesta mínima por una
pizca de continuidad, partiendo del presupuesto de que no haba una
separacn radical entre los signos linísticos y materiales, sino una
semtica amplia y compartida entre humanos y no-humanos. En esta
nea, intervenciones teóricas recientes como la de Eduardo Kohn que,
como ya mencionamos, revisita la teoría del lenguaje y de los signos
propuesta por Pierce, o la de Anne Sauvagnargues que se detiene en la
filosofía del signo esbozada por Deleuze insisten en imaginar, contra los
abordajes “aislacionistasdel lenguaje, una ecología de los signos que recuse
“la separación artificial que escinde los signos lingüísticos de los otros
regímenes de signos (Sauvagnargues, 2015: 196). En el caso de
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Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 92 ISSN 2422-5932
Sauvagnargues, dicha apuesta la lleva a desplazar los abordajes formales o
funcionales de los signos hacia una imaginación etogica en donde los
diversos regímenes de signos valen ya no por lo que simbolizan sino por
el modo singular como se comportan en un medio o territorio específico.
Asumiendo que “la lingüística jamás puede ser separada de una pragmática
que requiere la consideración de factores no linísticos y que los
elementos del lenguaje dependen de arreglos en los que se combinan
segmentos de digos dispares (Sauvagnargues, 2015: 196), la pregunta
por la relación del lenguaje humano con lo no-humano será repensada en
términos de una lógica que es simbiótica antes que semántica, que no
responde a la reproducción como imitación sino a la del devenir. Dicho
devenir, a su vez, produce un desplazamiento crítico que va del trabajo
interpretativo hacia un modelo que busca experimentar los signos por sus
efectos y en su transversalidad, según una perspectiva no jerárquica sino
pensada desde una lógica vegetal rizomática.
También Eduardo Kohn parte de imaginar una suerte de
pansemiótica ecogica que pondera la participación en tanto supone un
rasgo central de continuidad entre humanos y no-humanos: todo lo vivo
piensa, representa, interpreta y hace, usa y es constituido por signos. Lo
dicho, sin embargo, no implicaría un desdibujamiento total de las
diferencias en tanto se asume que no todos los signos son símbolos ni las
representaciones son sinónimo del lenguaje, pero tampoco implicaría una
separacn radical. De hecho, su llamado a “provincializar el lenguaje” y a
“desfamiliarizar el signo arbitrario lo lleva a imaginar una gica de la
participación que se desmarca de la oposicn que obligaría a optar entre
las figuraciones de la mezcla o las de la diferencia radical. Para ello, por el
contrario, parte de un abordaje que asume que el lenguaje participa de un
todo semiótico abierto en el que las diversas modalidades de signos
(icónicas, indexicales, simlicas) se encuentran anidadas y responden a
una lógica emergente que es jerárquica (no en términos morales sino
formales) y se mueve en una sola dirección. Sin renunciar a la
interpretación (palabra que por lo demás, insiste numerosamente en su
libro), su lectura parece optar por una suerte de hermeutica de la
confusn que parte del presupuesto ya no de la diferencia irreductible
sino de la similitud, de la productividad de una indistincn restringida
para pensar los signos no lingüísticos y nuestro modo de entrar en sintoa
con ellos. “Adivinar” cómo piensa lo viviente y probar la validez de
nuestras suposiciones en los efectos que estos producen en una ecología
semtica más amplia, supone para Kohn ponderar ya no el valor
paradigmático de la diferencia sino imaginar los signos en su semejanza e
indistinción.
Maccioni y Milone, Más allá del giro lingüístico Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 93 ISSN 2422-5932
En el segundo de los arcos que proponemos, emerge la literalidad; y
la vemos comparecer especialmente bajo la forma del adverbio de modo
“literalmente”, respondiendo a un deseo de poner en pctica una manera
de decir que quisiera ubicarse al ras de las significaciones. s al y más
acá de lo “metarico como su supuesto polo contrario, el adverbio
“literalmente” parece responder a la concepción de un lenguaje que no es
abandonado como medio donde tratar los problemas que urgen pensar sino
que es considerado en su cercanía “a la letra” (etimogicamente: literal).
Como si fuera un estrato más plano y con menos distancia de la evidencia
de lo material, la literalidad se muestra como un modo privilegiado de
evitar posiciones enunciativas antropocentradas (simbólicas y figurativas).
Pensemos en el caso paradigtico de la segunda conferencia de Cara a
cara con el planeta de Latour (2019: 91), donde se llega a afirmar que: “Lo
que hasta el presente era una metáfora que hasta las piedras gritan de
dolor frente a las miserias que los humanos les han infligido se ha vuelto
literal”. Observemos que el par opositivo metafórico/literal condensa una
enorme cantidad de problemas y preguntas que podemos rastrear, por
caso, en el arco que va de la catacresis a la predicación innovadora; es
decir, en el camino que va de Nietzsche a Derrida pasando por Ricoeur.
No obstante, lo que resulta crucial para nosotras es la posibilidad de
despejar la figura de la literalidad como grado cero de la significación, en
ese movimiento de marcar un enunciado con el adverbio de modo
“literalmente” para intentar así garantizar una suerte de verdad plana.
Antes bien, lo que nos interesa es evidenciar la literalidad como un
protocolo de experimentación, así como Zourabichvili (cf. 2023) la piensa
con y desde Deleuze: no como un sentido supuestamente previo a otro
figurado (o sea, no como una duplicación del sentido) sino como una
experiencia o protocolo de lectura. En ese sentido, la literalidad como
deseo o aspiración evidencia su pretensión de evitar el narcisismo
lingüístico al mismo tiempo que expone un todo específico de lectura
de/ante la materia de los signos. Según Zourabichvili, Deleuze insistía en
la literalidad como marca de un discurso que se quiere no metafórico. La
insistente llamada casi una maa de lenguaje”, dice Zourabichvili al
pie de la letra que encontramos en el uso deleuziano de determinadas
figuras evidencia que la literalidad no es un mero dispositivo de
enunciacn sino un complejo modo de experimentar con el lenguaje y sus
signos. Es el pensamiento el que busca no producirse por contaminación
metafórica sino en la pragmática de un sentido que acontece al ras de sus
múltiples y posibles significaciones. La reconfiguración literal de los signos
se opone a la contaminacn figurativa en Deleuze, según Zourabichvili; y
esto nos permite ver que las cosas no están cerradas a un sólo sentido sino
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abiertas a la experimentación del infinito de los predicados por los que
pasan”. Aes como “las palabras hacen brillar las cosas(Zourabichvili,
2023: 55); lo hacen cuando indican la línea que las ubica al ras de todas las
cosas, creando un uso inédito lineal/literal. La literalidad se vuelve un
protocolo de experimentacn pragmático: el uso de los signos, en la línea
al ras de la letra, nos conduce a tratar las palabras menos por lo que
significan potencialmente que por lo que afectan intensivamente.
Podemos observar que nos estamos moviendo en una zona donde
se dirimen enunciados constatativos y performativos, en esa diferencia
entre ambos que se abre y que puede llegar a ser extremadamente mínima,
según Latour. Y al mismo tiempo, esa diferencia es la que nos puede
conducir a una mezcla de lenguaje y de cosas que según la crítica de
Kohn no lo que no resuelve la distancia sino que a su vez perpetúa el
dualismo de los órdenes (acentuando la “y” menos como zona de
experimentación que como abismo insalvable) creyendo que hablamos de
piedras albalbucear como si se tuvieran piedras en la boca(Kohn, 2021:
57). La estructura que sostiene la dualidad y la mezcla sela del “como
si”, estructura que desde una teoría de la metáfora como la de Ricoeur (cf.
2001), por caso, supone una innovación semántica antes que una
predicacn desviada. Si desarmamos el par opositivo y pensamos la
metáfora en filosoa como esa suerte de mitología blanca derridiana,
podremos a su vez decir que la literalidad (liberada de su tensión opositiva
pero con toda la fuerza quiasmática que supone ir a las cosas yendo a la
letra) se evidencia como un protocolo de experimentación con el lenguaje
llevado a su grado cero de predicación a través de un recurso singular: la
tautología.
5
Todo enunciado tautogico se sostiene en un tipo singular de
proposición (A=A) que marca efectivamente un límite del lenguaje,
aunque ese límite no indique ni pobreza (discursiva) ni apostasía (stica).
Podría pensarse la tautología como el grado cero de la predicacn,
siguiendo a Clement Rosset (1997: 33) cuando afirma que “la tautología
pretende llamar la atención sobre el hecho de que una cosa cualquiera es
la cosa que es”. A partir de la tautología, las posibilidades de la enunciación
existen al infinito porque aquí el extrañamiento del enunciado
5
Quisiéramos situar esta idea en una sugerencia que emerge especialmente del trabajo de Tsing (2021),
cuando en su investigación sobre los hongos hace resonar una suerte de latiguillo sobre una experiencia
límite del lenguaje. Cuando ella en su trabajo de campo pregunta cuál es el suelo apto para el hongo en
cuestión, el matsutake, recibe como respuesta una auténtica tautología: el suelo del matsutake es el suelo del
matsutake. ¿Cómo entender este tipo de enunciación que no predica sino su propio objeto? ¿Cómo abrir
el pensamiento en esta zona recursiva donde A es A? Tsing encontrará en esa respuesta -valga toda la
redundancia tautológica- una respuesta: la tautología es literal, esto es, la lógica predicativa se sostiene en
la fórmula del grado cero del discurso que así (y quizá solo así) logra evitar la significación metafórica,
figurativa.
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(tautológico, recursivo) se parece menos a la negación que a la emergencia
de la predicación. “Decir de una cosa que es idéntica consigo misma no es
decir nada”, afirmaba Clement Rosset (1997: 13). El habla tautogica es
infinita en este sentido, ya que siempre puede decirse de una cosa
(cualquiera sea esa cosa) que es ella misma; pero esta potencia no la ubica
en otro lado que no sea al ras de los signos, ahí donde se emparenta con la
deixis y experimenta con la planicie literal de las significaciones.
En el otro polo del segundo arco de figuras que proponemos
ubicamos la patograa, rmino con el cual quisramos dar cuenta de lo
que vemos emerger como un deseo de ampliar las nociones de lo escribible
y de lo legible hacia un más allá de lo humano y su lenguaje. Acuñamos
esta figura siguiendo el gesto de Libertella (1991: 95-98) quien la postula
como una forma de leer los efectos parciales y las infinitas
posibilidades de anécdotas que surgen de esos “yacimientos increíbles
para la ficcnque son los “fragmentos, trozos, sonidos, trinos”. “En el
territorio salvaje del pagrafo que camina hacia la enfermedad o morbo
de la letrase anuncia, a la vez, el singular placer de la escritura y quizás
también la posibilidad de repensar los marcos del conocimiento y, con
ello, otras vías de aproximación de la ciencia y la literatura: en la “perdicn
vana en una sola letra” despunta el indicio último de un saber que se va
pero volvió. ¿No es acaso el que muestra los caminos de acceso al
microscopio?”.
En este arco de tensiones, entonces, esta figura, la de la patografía,
pareciera convocar también un modo de medir esa cercanía a la letra
evocando, sin embargo, otros estratos de su constelación etimogica: esa
que acerca la letra al grafo y por este medio, la escritura al dibujo, al trazo,
a la huella, a su inscripción material. Es por la vía de la plasticidad y de la
visualidad, primero, y por la de lo inaudible e invisible, luego, que
identificamos lo que podríamos pensar como una ampliación estética (y
posdisciplinar) de la linística en la teoría contemporánea; expansn que
busca desbordar la imaginación de la letra y, con ella, ficcionar una
apertura de lo legible y lo escribible que acoja a una multiplicidad de signos
materiales.
Se trata de una apuesta que podríamos pensar responde a la táctica
del relato que vuelve inescindible la pctica teórica y crítica de los
recursos a la ficción y a la especulación. Quis por ello, en este impulso
patogfico, retorna como desafío para repensar los alcances
epistemológicos de la lectura, la traducción y la interpretación, el relato de
Ursula K. Le Guin “La autora de las semillas de acacia y otros extractos
de la revista de la asociación de terolinística (1987). Su provocativa
fabulación de un porvenir posthumano de la lingüística (hacia una tero,
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fito, geolingüística que estudiaría las producciones escritas de animales y
plantas salvajes, y el lenguaje de lo no vivo), es recuperada por Haraway
para seguir pensando maneras de mantener la continuidad de las
historias simpoiéticas (2019: 193). Tambn Despret continuará este
gesto en Autobiograa de un pulpo y otros relatos de anticipación (2022: 40)
ficcionando modos de responder a esos “impulsos de significado no
xhumanos y apelando, para ello, a una investigacn científica que proceda
artísticamente,como artistas que se dirigen también a artistas.
Por esta vía retorna, a su vez, el gesto de Roger Caillois (2011) quien
exploraba la escritura de las piedras”. Es Jussi Parikka (2021: 253-254)
quien recupera su propuesta para proponer no una estetización de la
naturaleza” sino un marco de legibilidad estico que intente explorar los
nculos y continuidades entre los humanos y su medioambiente, a
distancia de las largas tradiciones que hablan de la naturaleza animista y
de un mundo de significado contenido en sus entrañas aparentemente
mudas”. Cabe recordar la importancia que Caillois otor a la semejanza,
al “demonio de la analogíay a la tentación de homologar”. Son dichos
“impulsos constitutivos del espíritu humano”, sugería, los que permiten
tomar los signos de las piedras o las apariencias de signos como
“estupefacientes”, suerte de “fermentos para la imaginación” interpretante
que ensaya su lectura (1970: 119-120). Y es tambn él quien repone e
insiste, aunque no sin dudarlo, que este modo de pensar por semejanzas
para el cual el arte haba entrenado el ojo, es también a la base de la
ciencia que aunque luego sustituya las relaciones de similitud por otras
menos evidentes y abstractas es tributaria del principio de la imaginación
y, en este sentido, de una producción estética del conocimiento. Así,
aunque las ensoñaciones que persiguen por caso quienes se demoraron
en las imágenes y los signos de las piedras estén siempre un poco al borde
de la locura, un poco ebrias, sin disciplina ni control, Caillois no deja de
ver allí “una forma humilde y salvaje de una aptitud destinada a las más
altas tareas” (1970: 120).
La patografía da cuenta así de una suerte de protocolo de
experimentación estética que busca disputar los marcos de comprensión
del conocimiento de lo humano y lo no humano, en general, y de la
escritura y la lectura en particular. Es al interior de este gesto en donde
podemos situar, también, la apuesta reciente del proyecto colectivx La
Intermundial Holobiente” y su produccn de El libro de las diez mil cosas
(2021-2022) para la exposición documenta fifteen. Libro que se imagina
escrito por entidades no humanas, a cuyos textos invisibles corresponden
paratextualmente escritores y artistas bajo la apuesta de que “crear un coro
de interpretaciones, traducciones y comentarios verbales y visuales de ese
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texto invisible podía ser una manera de intentar leerlo (2021: 21).
Apelando a la invención, la ficción y la traducción, este dispositivo
experimental, al tiempo que abre la pregunta por “¿Qué dicen esos textos
invisibles que habitan el blanco de la página? ¿Q gicas los regulan?
¿Qué retóricas y qué gramáticas pueden estar en su origen? (2021: 21),
busca responder al desao no antropontrico de buscar modos “de salir
del lenguaje desde adentro del lenguaje(2021: 22) desespecificando las
nociones de escritura y lectura.
En un intento por mapear las tácticas mediante las cuales ciertas
zonas de la teoría buscan contrarrestar la mudez impuesta a la materia por
el narcisismo del lenguaje humano, hemos propuesto el armado de dos
arcos de tensión conformados por cuatro figuras; así, antropomorfismo y
participación, por un lado, y literalidad y patografía, por el otro, nos
permitieron pensar en un mínimo y un máximo de sus posibilidades
heurísticas para reflexionar sobre la relación entre lo humano y lo no
humano, los signos y la materia.
Consideraciones finales
La tarea de diagramar esta incipiente hoja de ruta, una posible entre tantas,
responde a la necesidad de repensar la noción de signo y de su relación
con la materia, ante el desafío que supone abandonar el giro lingüístico
para la crítica y los estudios literarios. Ante la imposibilidad de deponer
los cuestionamientos del lenguaje para quienes trabajamos con textos en
la continua problematización de lo escribible y lo legible, se impone para
nosotras la necesidad de pensar tácticas de orientación en la escena actual
de las teorías que emergen de las humanidades en crisis y, en consecuencia,
proponer figuras que se posicionan frente al narcisismo del lenguaje
humano. Sostenemos que esta propuesta tiene impactos directos no solo
en el modo de concebir la escritura literaria sino también en el modo como
procede la crítica y su reformulacn la pregunta por las verdades y los
sentidos. Repensando el estatuto del signo y de su imaginación crítica sea
posible disputar no lo el lugar de la literatura en relación con otras
disciplinas sino también el lugar del signo en relación con la lingüística, la
hermeutica, la semiótica, entre otras. No se trataa ni de disputar la
literatura en esta escena (que parece s viva que nunca y no necesita ni
elogios ni apostasías) ni de plegarnos sin más al avance de otras disciplinas
(por caso, la antropoloa) sino de repensar nuestras propias herramientas
críticas. Es en ese sentido que vislumbramos esa suerte de retorno de las
semejanzas donde el signo parece operar en una red de similitudes,
isomorfismos,gicas emergentes. Este retorno reclama imaginación para
la tarea de revisar la conceptualización del signo adoptando tácticas que
Maccioni y Milone, Más allá del giro lingüístico Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 76-99 98 ISSN 2422-5932
permitan hacer primar su parte de ficción y su apuesta por la
incertidumbre para así evitar el disciplinamiento de las preguntas, ya sea
por mera negacn de las urgencias por pensar, ya sea por la simple
adopción de agendas actuales de investigación.
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