Ette, “Las literaturas del mundo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 53-75 53 ISSN 2422-5932
LAS LITERATURAS DEL MUNDO
BAJO EL SIGNO DE LA CONVIVENCIA.
ESCRIBIR DESPUÉS DEL EUROCENTRISMO
Y EL FIN DE LA LITERATURA MUNDIAL
THE LITERATURES OF THE WORLD UNDER THE SIGN OF COEXISTENCE.
WRITING AFTER EUROCENTRISM AND THE END OF WORLD LITERATURE
Ottmar Ette
Berlin-Brandenburgische Akademie der Wissenschaften Universität Potsdam
Ottmar Ette nació en la Selva Negra en 1956. Se doctoró en la Universidad de Freiburg (Alemania)
con un trabajo sobre Jo Martí y en 1995 conclu su habilitación en la Universidad Calica de Eichstätt con
una investigacn sobre Roland Barthes. Desde octubre de 1995 es catedrático de Literaturas Románicas en la
Universidad de Potsdam. Desde 2013 es Miembro Titular en la Categoa de Humanidades de la Academia de
las Ciencias de Berlín-Brandemburgo. En 2014 fue elegido Miembro Honorario de la Modern Language Asso-
ciation of America (MLA). En 2022/23 concluyó, con su “AULA”, el ciclo de sus clases magistrales en ocho
tomos, a como el segundo volumen de su estudio martiano (primer tomo 1991). Actualmente, dirige un proyecto
sobre los archivos de Alexander von Humboldt en la Academia de Ciencias de Berlín.
Contacto: ette@uni-potsdam.de
ORCID: 0000-0002-9725-946X
DOI: 10.5281/zenodo.10436245
DOSSIER
Los estudios literarios
y la imaginación crítica
Ette, “Las literaturas del mundo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 15 / Diciembre 2023 / pp. 53-75 54 ISSN 2422-5932
Fecha de envío: 15/10/23 Fecha de aceptación: 05/12/23
Literaturas del mundo
Literaturas
sin residencia fija
Filología
Globalización
El texto parte de la recuperación de los llamados Serments de Strasbourg, en tanto texto ejemplar
que permite pensar una literatura bajo el signo de la convivencia a través de la traducción y acepta-
ción de la lengua del otro. A partir de allí, leemos un fin histórico del eurocentrismo y del paradigma
de la literatura mundial [Weltliteratur], y la emergencia de un sistema multi-lógico, archipelágico
y transareal que denominamos literaturas del mundo. Este trabajo se propone esbozar una
conceptualizacn y una descripción de los principales conceptos y las problemáticas más cruciales de
dicho sistema basado en una (pos)filología fundada en el valor de un saber sobre el vivir y el convivir.
RESUMEN
PALABRAS CLAVE
Literatures of the World
Literature Without
Fixed Residence
Philology
Globalization
a description of the main concepts and the most crucial problems of said system based on a (post)phi-
lology founded on the value of knowledge about living and coexisting.
ABSTRACT
KEYWORDS
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El año 842 nos conduce a un acontecimiento que generalmente se entiende
y a es como me ensaron este hecho histórico cuando era un joven
estudiante como el primer testimonio escrito de la lengua francesa y el
comienzo de la literatura francesa. Y, sin embargo, este acontecimiento, este
documento hisrico, representa mucho s que un comienzo del desa-
rrollo de una lengua literaria. Se trata de los llamados Serments de Strasbourg,
los Juramentos de Estrasburgo, realizados hace casi mil doscientos años entre
Charles le Chauve y Louis le Germanique, en los que el francés, como dice
una historia lingüística más reciente, sala la luz (Wolf, 1979: 56).
Lo insólito de este pacto celebrado entre los dos hermanos y, al mismo
tiempo, dos hijos de Carlomagno, no fue sólo el hecho de que los contra-
tos se redactaron en latín tanto antes como después”, por lo que los sermones
representan una cierta ruptura de las convenciones. En los Juramentos de Es-
trasburgo, Charles le Chauve y Louis le Germanique se comprometieron mu-
tua y translingüísticamente a apoyarse y finalizar todas sus disputas, por lo
que los juramentos fueron tomados por ellos y sus tropas en la lengua del
otro, es decir, en alemán y en francés (romana lingua). Es decir, acepta-
ron la lengua, la gica del otro: una importante gnosis de coexistencia.
Ello demuestra un proceso que, de forma programática, pretende su-
perar los conflictos armados y lograr una coexistencia pacífica mediante el
reconocimiento y la puesta en valor de la lengua y la cultura del otro. El
contraste directo, el puro antagonismo, queda en entredicho por tal estra-
tegia de intersección, de hecho, ya es socavado. El procedimiento, tan le-
jano en el tiempo pero que urge poner en práctica, nos conduce a un cono-
cimiento de la vida como conocimiento de la coexistencia entre diferentes
lenguas, diferentes pueblos, diferentes culturas. Aunque los relatos comu-
nes hablan del monumento s antiguo de nuestra lengua”, no profundi-
zan en el significado político convivencial de este monumento, que fue cui-
dadosamente erigido el 14 de febrero de 842. Los juramentos comienzan
con las notables palabras: Pro Deo amur et pro christian poblo et nostro
commun salvament, dist di en avant, in quant Deus savir et podir me dunat,
si salvarai eo cist meon fradre Karlo, et in aiudha et in cadhuna cosa [...]
(Bornecque, 1924: 7). Se trata de una brillante fórmula de convivencia
franco-alemana y, como tal, una parte en gran medida olvidada de la historia
europea de la paz, que no es precisamente rica en tales acontecimientos.
Como parte de la historia de la literatura y de la lengua, los Serments de Stras-
bourg no han ocupado un lugar destacado en los relatos sobre la historia de
la paz. El acercamiento translingüístico a la lengua del otro, a las palabras
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del otro, se ha convertido en una gnosis fundamental de la convivencia in-
dividual y colectiva: la paz se produce cuando uno se compromete mutua-
mente con la gica del potencial adversario.
Como es bien sabido, la serie de tratados de paz celebrados entre el
15 de mayo y el 24 de octubre en Münster y Osnabrück en 1648, conocidos
como la Paz de Westfalia, pusieron fin a cadas de conflictos armados.
Aunque el sistema estatal westfaliano de Estados nación soberanos supuso
un progreso considerable en el ámbito del mantenimiento de la paz, ya no
puede considerarse útil, al menos desde las guerras regionales y mundiales
de los siglos XIX y XX. En 1999, la politóloga Susan Strange describió el
sistema westfaliano como Westfailure, es decir, como el fracaso de un sistema
de paz basado en los Estados nación que ya no aportaba soluciones a las
crisis de la economía global, el capitalismo financiero y la ecología.
1
Este
fracaso impulsa el establecimiento urgente de un orden mundial postwestfa-
liano.
Menos de cinco años después del final de la Segunda Guerra Mundial,
el Premio Nobel mexicano, Octavio Paz, evaluaba ala situación global que
se había creado a nivel geocultural en su coleccn de ensayos El laberinto de
la soledad: Hoy el centro, el núcleo de la sociedad mundial, se ha disgregado
y todos nos hemos convertido en seres periféricos, hasta los europeos y los
norteamericanos. Todos estamos al margen porque ya no hay centro (1983:
152). Puede que, echando la vista atrás a la segunda mitad del siglo XX, esta
afirmación de que no hay ni centros ni periferias parezca precipitada. Sin
embargo, si en la cuarta fase de la globalización acelerada (que comenzó a
mediados de los años ochenta y terminó en la segunda cada del siglo
XXI)
2
los Estados Unidos de América, como única superpotencia restante
y, por tanto, centro indiscutible de la sociedad mundial, dominaron tanto la
economía global como el capitalismo financiero; ello no trajo consigo un
orden mundial s justo, sino que, por el contrario, aumen significativa-
mente las desigualdades existentes durante este período. La cuestión de si
han perdido su derecho a contribuir a configurar un futuro orden mundial
puede responderse de distintas maneras, pero lo cierto es que hace tiempo
que ha surgido un nuevo orden mundial multipolar, caracterizado por la
existencia de distintas grandes potencias. Ya no es posible hablar de un cen-
tro con sus periferias. Por tanto, ha llegado el momento de pensar en un
orden mundial postwestfaliano en el sentido de que no existe un único orden
1
Véase Strange, Susan: The Westfailure system”, Review of International Studies, núm. 25 (1999), pp. 345-
354.
2
Véase al respecto Ette, Ottmar, TransArea. A Literary History of Globalization. Trad. por Mark W. Person.
Berlin - Boston: Walter de Gruyter, 2016.
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mundial en singular, sino que hay órdenes mundiales plurales que deben
entrar en relación entre sí.
La referencia a Octavio Paz sugiere que la literatura puede entenderse
como una forma de expresión prospectiva del conocimiento (cfr. Ette,
2010), que debe considerarse como una escuela de convivencia, como una
escuela de coexistencia de lógicas diferentes. El discurso sobre la abolicn
de las distinciones entre centro y periferia fue confirmado en la misma -
cada por Jorge Luis Borges, quien escribió en su famoso ensayo El escritor
argentino y la tradición: ¿Cl es la tradición argentina? Creo que pode-
mos contestar cilmente y que no hay problema en esta pregunta. Creo que
nuestra tradición es toda la cultura occidental, y creo también que tenemos
derecho a esta tradición, mayor que el que pueden tener los habitantes de
una u otra nación occidental (1986: 135).
Ya no estamos hablando de una asimetría en las relaciones literarias
entre un centro hegemónico Europa y naciones literarias periféricas
como Argentina. Más bien, las relaciones parecen haberse invertido o seguir
una lógica completamente diferente, a la que el escritor argentino se refea
con justificado orgullo. Al final de la actual fase de globalizacn acelerada,
probablemente sea el momento de hacer balance y preguntarse por los di-
versos desarrollos que han tenido lugar en las literaturas del mundo. Pues
el sistema literario de la literatura mundial [Weltliteratur] resumiendo la idea
central de las siguientes consideraciones en forma de tesis hace tiempo que
ha pasado a la historia dando paso a otro sistema, que podemos llamar el de
las literaturas del mundo [Literaturen der Welt]. Veremos que desde mediados
del siglo XX y, por tanto, en la época de nuestras citas de Octavio Paz y
Jorge Luis Borges la concepcn de la literatura mundial [Weltliteratur] in-
troducida por Johann Wolfgang von Goethe se volv fgil y, en tanto
constelación histórica, dio paso a otro sistema multigico, cuyas condicio-
nes examinaremos a continuacn.
* * *
La literatura mundial concebida por Goethe ha sido sustituida por las lite-
raturas del mundo transareales y poligicas en el contexto de unos desarro-
llos globales que ya no pueden comprenderse ni estudiarse conceptualmente
ni organizarse desde un único centro. En su creciente diferenciación en li-
teraturas francófonas, anglófonas, hispanófonas y lusófonas, cada una con
sus propias lógicas de espacios literarios globalizados, pero tambn en áreas
árabes, indias o chinas, estas literaturas del mundo se han transformado en
un sistema multilógico de gran movilidad y rápida transformacn. Además
de estos espacios literarios, las literaturas sin lugar fijo de residencia (o in-
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cluso la literatura judía escrita y recibida en todo el mundo) se han conver-
tido en un componente de nuestra práctica literaria actual y de nuestro com-
promiso trico con las literaturas a escala mundial, que atraviesa este sis-
tema, por así decirlo. Esta complejidad literaria se examinará con más deta-
lle a continuacn.
El concepto terminológicamente decisivo de literatura mundial [Weltli-
teratur] de Goethe, que desde sus inicios se había revelado polémicamente
contra la literatura nacional (que por entonces avanzaba), no fue concebido
en absoluto como una entidad transhisrica. La muy discutida declaracn
de Goethe del 31 de enero de 1827 subraya desde el principio una tempo-
ralidad epocal en la que el creador de Fausto se sitúa en un principio, como
se expresa en las frases transmitidas por Eckermann: “La literatura nacional
no quiere decir mucho ahora, la época de la literatura mundial es cerca, y
todos deben trabajar ahora para acelerar esta época” (1981: 211). El hecho
de que Goethe empleara dos veces el término “época” en esta declaración
superviviente debería hacernos reflexionar, ya que utilizaba el término “li-
teratura mundial” para referirse a la serie de compuestos mundiales, como co-
mercio mundial o tráfico mundial, que en alen estaban comprometidos
con la segunda fase de la globalización acelerada y que, según Goethe, ates-
tiguaban la velocidad vertiginosa del siglo XVIII y principios del XIX.
La larga productividad del concepto de literatura mundial acuñado por
Goethe es incuestionable. Pero no debemos olvidar una cosa: aunque
Goethe no inventa el término, pero le da forma de manera significativa,
la “literatura mundial”, entendida como época, no sólo tiene un principio,
sino también un final. Como concepto, está históricamente determinado y
en modo alguno es transhistóricamente ampliable. Desde la perspectiva ac-
tual, la época de la literatura mundial apostrofada por Goethe debe enten-
derse como una fase de la historia literaria ineqvocamente concluida, que
ha llegado a su fin histórico. En consecuencia, la literatura mundial ya no
tiene mucho que decir hoy: todos los intentos de revitalización que vayan
en contra de la historia me parecen condenados al fracaso.
En efecto, el desarrollo histórico de la literatura mundial, tal y como
se concib en Weimar, en Alemania, en Europa, no la protege de las evo-
luciones de un desarrollo histórico observable desde hace mucho tiempo y
que, tras la época de la literatura mundial y sobre todo consciente del im-
pacto continuado de esta influyente constelación (Lamping, 2005), debe es-
forzarse por desarrollar nuevos modelos multilógicos de comprensn. Es-
tos modelos ya no deben estar dominados por modelos histórico-espaciales,
sino s bien por modelos inspirados en la historia del movimiento [bewegungs-
geschichtlich]. En este contexto epistémico, el sentido conceptual del término
“literatura mundial” requiere una traducción y una reestructuración para el
presente y el futuro de la actividad filológica tambn y especialmente para
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el campo de la filología crítica, que es consciente de su propio origen histó-
rico europeo en un contexto de colonialismo y racismo (Markus y Ette,
2013). El propio concepto de filoloa ya no debea concebirse de forma
europeo-occidental y, por tanto, eurocéntrica, sino que en el futuro deberá
incluir también tradiciones y modelos interpretativos asiáticos, especial-
mente chinos (Pohl, 2007).
Por lo tanto, hoy en día es urgentemente necesario dejar de hablar de
literatura mundial en un sentido totalmente orientado hacia las formas y
normas de Europa, sino más bien a partir de una comprensión abierta y
multigica de las literaturas del mundo, y seguir desarrollando este concepto
y sus consecuencias. Esto se debe a que nos permite cuestionar fundamen-
talmente la tradición eurontrica de conceptos centrales (y centrados) y
desarrollar una terminología diferente que va s al del eurocentrismo
tradicional.
En el ensayo de Erich Auerbach “Philologie der Weltliteratur”, publi-
cado por primera vez en 1952 (y, por tanto, por tercera vez a mediados del
siglo XX) y explícitamente inspirado en la obra de Goethe, aparece una for-
macn plural, como si se tratara de una incomodidad con el término adop-
tado (“literatura mundial), o quis, aún s, de una insuficiencia teórica
percibida. Ya que la “Filología de la literatura mundial de Auerbach de
1952 se refiere de repente al conocimiento de Goethe “de las literaturas del
mundo” (1967: 304). ¿Presintió Auerbach el potencial teórico y creativo
presente en esta formulación de su “manual de instrucciones” para su obra
magna Mimesis? ¿Podía prever ya que la filología de la literatura mundial que
había concebido poda abrir un día el camino a una filología de las literatu-
ras del mundo, lo que en nuestros as por utilizar de nuevo la frase de
Goethe “ya era hora (Ette, 2016)?
Un primer punto de partida para una respuesta creativa y con visión
de futuro a todas estas cuestiones debea ser un alisis históricamente só-
lido de la era actual como una era de redes condicionada relacionalmente.
3
El factor decisivo para una comprensión bien fundada del desarrollo de las
estructuras asimétricas (Ette, 1994), que aún hoy son fácilmente observables,
así como de las estructuras fundamentalmente abiertas a nivel de las litera-
turas del mundo, debería ser el registros preciso posible de una historia
de la globalización, no sólo desde una perspectiva histórica, sino sobre todo
desde una perspectiva literaria y estética. Pues son las literaturas del mundo
las que no sólo nos proporcionan una visión de la realidad representada
3
Cf. aq sobre el punto de vista de la literatura Bachmann-Medick, Doris, Literatur - ein Vernetzungswerk.
Kulturwissenschaftliche Analysen in den Literaturwissenschaften”, en Appelsmeyer, Heide / Billmann-Mahe-
cha, Elfriede (eds.): Kulturwissenschaft. Felder einer prozorientierten wissenschaftlichen Praxis. Weilerswist: Vel-
brück Wissenschaft 2001, pp. 215-239.
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(por utilizar la fórmula de la mesis de Auerbach), sino también la repre-
sentación de una realidad vivida y experimentada, una realidad que puede revivirse
y a veces incluso vivirse, dándonos acceso a una globalización experimentada
que se ha convertido en una experiencia cotidiana. La globalización pierde
así su carácter abstracto, incluso imaginario (Canclini, 1999), y se hace esté-
ticamente revivible en su procesualidad por medio de la literatura. La fuerza
y el poder estéticos de las literaturas del mundo residen en esta re-experien-
cia.
Estas literaturas del mundo atraviesan los milenios y las lenguas, atra-
viesan las culturas y los sistemas de escritura y de signos que utilizan, nos
presentan las formas de vida y las normas de las más diversas relaciones de
poder potico y órdenes económicos, las más diversas configuraciones bio-
políticas y sociales, por lo que sus respectivos universos discursivos no están
científicamente disciplinados y, por tanto, culturalmente fijados, sino que
representan formas simbólicas de expresn que desafían cualquier tipo de
disciplina. Las filologías que se ocupan de estos textos ya no se rigen por
una lógica única, por ejemplo, la lógica de una filología de la literatura mun-
dial. La complejidad de las literaturas a escala mundial plantea sin duda exi-
gencias especiales a las filologías y los filólogos que se ocupan de las litera-
turas del mundo en contextos transareales, es decir, contextos que atravie-
san y conectan diferentes áreas culturales. La tesis de Erich Auerbach, ex-
presada al final de Mimesis, de una homogeneizacn cada vez mayor de la
literatura mundial no se ha confirmado. El hecho de que, afortunadamente,
esta profecía no se haya hecho realidad puede demostrar lo fuertes que son
no lo las fuerzas centrípetas de la homogeneización, sino, sobre todo, la
vehemencia con la que las fuerzas centfugas de la diferencia y de una ma-
yor diferenciacn pueden seguir contribuyendo y desarrollándose dentro
de este proceso concebido dialécticamente.
El desarrollo de tales interrelaciones transareales y transculturales,
que no sólo se caracterizan por la transferencia, sino sobre todo por la
transformación mutua, ya no puede garantizar una comprensión adecuada
de la complejidad de los actuales procesos literario-estéticos y literario-
históricos con ayuda del concepto de literatura mundial. Pues hoy se trata
de la co-presencia, combinatoria y convivencia de diferentes lógicas dentro
de lo que aq se denomina las literaturas del mundo.
Si, desde la perspectiva de una historia literaria de la globalización,
observamos todos los procesos de poder, político-militares, socioculturales,
vitales, lingüístico-políticos y literario-históricos que han caracterizado las
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distintas fases de la expansión global europea desde finales del siglo XV,
4
es cil demostrar que en la primera fase de globalización acelerada, tres
lenguas europeas el portugués, el español y el latín se globalizaron bajo
el liderazgo de los países ibéricos (España y Portugal), que habían avanzado
hasta convertirse en potencias mundiales.
5
La globalización de estas tres
lenguas occidentales no debe concebirse como un proceso extensivo y casi
territorial, sino que se caracteri por enormes discontinuidades y convul-
siones espaciales y sociales.
Si nos fijamos en el primer mapamundi de principios de la Edad Mo-
derna en el verdadero sentido de la palabra, la Carta de Juan de la Cosa de
1500, llama la atencn que, por razones obvias, no sólo falten en él Aus-
tralia, sino también subcontinentes enteros como la India, mientras que los
archipiélagos de Canarias, Cabo Verde o las Azores, mientras que los mun-
dos insulares del Caribe están marcados a veces hasta el más nimo detalle
con una precisn asombrosa. Esta cuestn llama la atencn sobre el he-
cho de que los procesos de globalización rara vez se producen en términos
de área, sino que suceden muy a menudo de forma selectiva, discontinua y
básicamente archipegica. Se trata de procesos muy dinámicos en los que
predomina un alto grado de movilidad de los procesos globalizados.
Si bien en la segunda fase de globalización acelerada, que corresponde
a la segunda mitad del siglo XVIII, Inglaterra y Francia ocuparon cada vez
más el lugar de las potencias mundiales ibéricas y el inglés y el francés pasa-
ron a engrosar las filas de las lenguas globalizadas; en la tercera fase de glo-
balizacn acelerada, en el último tercio del siglo XIX, no surgió ninguna
otra lengua globalizada desde Europa. Pero sí una primera potencia mundial
no europea que, bajo la forma de los Estados Unidos anglosajones euro-
peos, empea emerger cada vez s como actor global tanto económica
como militarmente en la región del Caribe y del Pafico.
Archipiélagos como Filipinas, las Antillas y los mundos insulares del
Pacífico Sur también desempeñaron un papel decisivo en este movimiento
de expansión, iniciado en el continente americano. Las relaciones transar-
chipegicas entre los distintos mundos insulares y los países continentales
intervinientes siguieron creciendo en importancia, hecho que también in-
dica la dispersn mundial de coolies procedentes de la India o China por
los mundos insulares y continentes del Pacífico y la región circumpacífica,
así como por el Caribe y las posesiones circuncaribeñas y atnticas (Tora-
4
Para una confrontación de este modelo con los puntos de vista de la investigación china, ase la discusión
de Ette, Ottmar / Ruan, Wei: Globalization: A Dialogue. Journal of Foreign Languages and Cultures (Chang-
sha, China), núm. 2 (2019), pp. 147-153.
5
Sobre la historia de la globalización,ase mi catulo inicial de TransArea.
Ette, “Las literaturas del mundo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
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bully, 1992 y 2002). Tambn en este caso se trata de procesos eurontri-
cos. Pues sus migraciones y deportaciones siguen los pasos de la esclavitud
impulsada por los europeos, que inicialmente caracteri los flujos comer-
ciales transatnticos a principios del siglo XVI, pero que pronto extendió
la inhumanidad de la esclavitud a escala mundial (Zeuske, 2019). Estas di-
námicas transarchipelágicas están almacenadas en las literaturas del mundo
no sólo en Mauricio o Santo Tomé, Filipinas o Cuba, Santa Lucía o Guada-
lupe, las islas de Cabo Verde o los mundos insulares del Atlántico Norte:
sus trayectorias y vectores siguen omnipresentes en las literaturas del
mundo actual, francófonas, hispanohablantes, lusófonas e anglófonas.
Tras el creciente declive del latín como lengua de enseñanza, ciencia y
administración tanto en Europa como en las colonias de ultramar de las
potencias europeas mencionadas, el rápido auge de las distintas lenguas ver-
náculas en las madres patrias y en sus posesiones coloniales dio lugar a la
aparición de una diversidad lingüística y cultural cada vez más compleja,
dentro de la cual se produjeron transarealmente nuevos procesos de dife-
renciación (Mittelstr et al, 2016). Como resultado, en las áreas de habla
española, portuguesa, francesa e inglesa cristalizaron lógicas individuales en
ángulo recto con los movimientos de independencia y descolonización que
se desarrollaron en diferentes momentos, que se hicieron cada vez más po-
derosos y visibles en su cualidad productiva de diferencia en el transcurso
del siglo XIX y especialmente del XX, así como de forma creciente en la
cuarta fase de globalizacn acelerada. En su diversidad, las lenguas de la
globalizacn europea se habían convertido desde haa tiempo en un com-
ponente importante del sistema de literaturas del mundo. Analizar las con-
secuencias de este desarrollo de lenguas y literaturas globalizadas dirigido
desde Europa no significa caer presa de una gica eurocéntrica. Pues en el
sistema multilógico de las literaturas del mundo que se va a esbozar, vere-
mos inmediatamente que estas lenguas literarias globalizadas de la globali-
zacn europea son sistemas junto a otros, sólo que se han desarrollado a
escala mundial.
Dentro de las redes transatnticas y transpacíficas de relaciones entre
las cuatro lenguas globalizadas, las literaturas habían desarrollado cada una
sus propias tradiciones desde el principio. El énfasis que se pone a conti-
nuación en las lógicas inherentes a la hispanofonía o la lusofoa, la francofoa
o la anglofoa no implica en modo alguno que las respectivas áreas tengan
sus propias leyes absolutas. Las literaturas en lengua inglesa o francesa, al
igual que las literaturas en lengua portuguesa o española, no deben enten-
derse como áreas literarias aisladas unas de otras, ya que una intertextualidad
global forma el corazón palpitante de la literatura mundial que se ha con-
vertido en histórica, así como de las literaturas del mundo actuales. Se trata,
Ette, “Las literaturas del mundo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
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pues, de explorar tanto las lógicas intnsecas como las complejas interac-
ciones de este sistema literario y de analizar su evolución histórica. Quere-
mos empezar por las diferentes gicas inherentes a las lenguas literarias
europeas.
* * *
A lo largo de los siglos se han desarrollado relaciones literarias extremada-
mente estrechas e inicialmente interdependientes, que vinculan a las diver-
sas literaturas de Europa y, en particular, a las literaturas surgidas de la he-
rencia latina común. Existen, por tanto, muy buenas razones para la exis-
tencia de los estudios románicos, aunque hasta ahora sólo hayan podido
aprovechar de forma limitada sus oportunidades a escala mundial.
6
Las literaturas del mundo no son una creatio ex nihilo ni una construc-
ción teóricamente equilibrada creada sobre un tablero de dibujo, sino que
tienen una prehistoria caracterizada por agudas asimetas de poder. Su
desarrollo histórico, que incluye también la preparación y formación de la
época de la literatura mundial, se conserva y se anula en ellas. En el plano
económico, comercial y distributivo, estas desigualdades siguen siendo pal-
pables hoy en a y no pueden ignorarse: las asimetrías del mercado tambn
caracterizan hoy en día la comercialización de una literatura mundial,
7
que
se gestiona desde unos pocos centros de Estados Unidos y Europa. Estas
estructuras ocultan una y otra vez los desarrollos y las lógicas inherentes
que se analizan a continuacn. Por supuesto, esto no significa que las
asimetas que se ajustan al mercado y a la comercialización puedan dominar
a largo plazo el desarrollo de las literaturas del mundo. Sin embargo, la mi-
gración de autores de zonas desfavorecidas a los espacios literarios domi-
nantes desempeña sin duda un papel importante en el reconocimiento, la
consagración y la difusión de sus obras.
Además de las literaturas nacionales individuales que por supuesto
no han desaparecido en absoluto, sino que deben incluirse siempre en el
estudio científico de las literaturas del mundo han surgido redes de rela-
ciones en el campo de las literaturas europeas que ya no permiten entender
la literatura europea separadamente de sus desarrollos no europeos. Las
6
ase Ette, Ottmar,Zukünfte der Romanistik im Lichte der TransArea Studien. En: Lamping, Dieter
(ed.): Geisteswissenschaft heute. Stuttgart: Alfred Kröner Verlag 2015, pp. 93-116.
7
Sobre este tema, véanse los trabajos del proyecto del ERC de Colonia dirigido por Gesine Müller y Müller,
Gesine: Verlag Macht Weltliteratur. Lateinamerikanische Literaturtransfers zwischen internationalem Literaturbetrieb
und Übersetzungspolitik. Berlín: edición tranvía - Verlag Walter Frey 2014; García Márquez zwischen Weltli-
teratur und Literaturen der Welt”, en Gwozdz, Patricia / Lenz, Markus (ed.): Literaturen der Welt. Zugänge,
Modelle, Analysen eines Konzepts im Übergang. Heidelberg: Universitsverlag Winter 2018; Wie wird Weltliteratur
gemacht? Globale Zirkulationen lateinamerikanischer Literaturen. Berlin - Boston: de Gruyter 2020.
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literaturas del Barroco, por ejemplo, distan mucho de ser un fenómeno pu-
ramente europeo: probablemente la mayor poeta femenina del Barroco fue
Sor Juana Inés de la Cruz, que trabajó en Nueva Espa y, s tarde, en
México. Por supuesto, no sólo hay una Ilustración en Francia, sino también
en el mundo francófono; no lo un Romanticismo en Espa, sino tam-
bién en las Aricas hispanohablantes o en Filipinas. Las vanguardias his-
ricas florecieron no sólo en Portugal o Inglaterra, sino quis aún más en
Brasil o Estados Unidos. Desde finales del siglo XIX a más tardar, la evo-
lución literaria y estética de los pses no europeos ha repercutido directa-
mente en las propias literaturas europeas y como demuestra el ejemplo del
modernismo hispanoamericano puede incluso tener un efecto ejemplarizante
sobre ellas. Las universidades y centros de investigación europeos no esn
aún orientados institucionalmente, de manera suficiente, hacia una perspec-
tiva que descentre necesariamente a Europa.
Al igual que las literaturas del mundo, las literaturas de Europa no son
la simple suma de sus partes literarias nacionales, sino que marcan un salto
cualitativo que va mucho más allá de la adición en su relacionalidad. Ade-
más, tanto las literaturas globalizadas como las no globalizadas, regionales
y locales, deben incluirse en una comprensión global si queremos captar
toda la diversidad y diferenciación de toda la red de relaciones literarias a
nivel mundial.
No cabe duda de que las literaturas europeas pueden describirse como
un archipiélago de relaciones literarias. En este punto de nuestras conside-
raciones, sin embargo, elegiremos una escala espacial aún menor y escoge-
remos un ejemplo nacional que pueda ser representativo de un modelo lite-
rario multilingüe escrito en muchas lenguas. La literatura suiza por citar
sólo un ejemplo multilingüe en el más denso de los espacios, pero en abso-
luto inusual en este sentido participa en una compleja situación archipelá-
gica en un espacio literario francófono globalizado a nivel de una francofo-
nía europea, así como también en las literaturas en lengua alemana que tras-
cienden las fronteras nacionales. Participa, por otra parte, en la literatura en
lengua italiana, acomo en una literatura regional en retorrománica que tras-
ciende las fronteras territoriales de la región alpina, que a su vez dialoga
estrechamente con la literatura ladina y furlanesa. Además, la literatura suiza
ha desarrollado una forma de expresión literaria local por debajo del nivel de
las literaturas regionales, por así decirlo, con la lengua literaria del boltz, que
se cultiva desde hace siglos y se sigue cultivando en la ciudad baja de Fri-
burgo, en Suiza, y que bebe de un patois francés, a como de dialectos
germánicos. Llegados a este punto, la literatura suiza sirve como ejemplo de
lo complejas que son las combinatorias y las convivencias de lo que pode-
mos llamar una literatura en el corazón de Europa: una literatura que puede
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entenderse como un modèle réduit, una mise en abyme y, por tanto, un fractal
de la literatura europea.
A escala global, pero ciertamente en un contexto fractal de autosimi-
laridad en el sentido de Benoît Mandelbrot (1987), existen diferencias sig-
nificativas entre los lenguajes literarios globalizados que llaman nuestra
atencn sobre las lógicas y dimicas inherentes a las respectivas literaturas.
La Frankophonie, por ejemplo, sigue teniendo un espacio literario monocén-
trico ligado a la capital del siglo XIX (Benjamin, 1983), al que tienden a
orientarse las literaturas francófonas de Oriente Medio o África, Hai o
Canadá, a pesar de su relativa independencia (cf. Müller, 2012). Los autores
francófonos de Argelia o Martinica, Québec, Mauricio o incluso Suiza y
Bélgica se esfuerzan por publicar en editoriales parisinas siempre que es
posible. París no ha perdido en absoluto su papel dominante en la franco-
fonía, aunque la capital francesa ya no tenga el mismo atractivo universal
que tenía hasta finales de los años ochenta. Pero otros subsistemas de las
literaturas del mundo obedecen a lógicas diferentes.
Aunque la lusofonía también muestra una inequívoca tendencia mono-
céntrica, el centro ya no está alineado con Portugal, la antigua potencia co-
lonial, sino en mayor medida con Brasil, la antigua colonia americana. La
cuestión de que se trata de un sistema complejo y altamente dinámico queda
demostrada por el hecho de que pueden establecerse, una y otra vez, nuevos
campos lúdicos de relaciones literarias lusófonas, reclamando nuevas posi-
ciones dentro de una relacionalidad global basada en un concepto abierto
de literatura.
8
En junio de 2018, por ejemplo, un grupo de escritores y editores or-
ganizó su segundo Festival de Literatura-Mundo do Sal. Festival lusófono
en la isla caboverdiana de Sal, en la encrucijada entre África, América y Eu-
ropa, donde presentaron sus obras autores de Angola o Mozambique, Brasil
o Portugal, pero también de las diversas islas del propio archipiélago. Se
manifiestan así evoluciones que exponen a la región literaria lusófona enca-
minada hacia un sistema multipolar y quizás aún más policéntrico. El festi-
val de esta literatura-mundo lusófona sigue gozando de gran popularidad y sin
duda proporcionaimportantes impulsos para la interconexn de las lite-
raturas lusófonas.
Tanto en la anglofonía como en la hispanofoa se ha desarrollado un
sistema policéntrico, aunque de maneras muy diferentes y teniendo como
telón de fondo procesos sociohistóricos y económicos completamente dis-
tintos. Mientras que el mundo literario anglófono tiene sus centros reales
8
Véase también Ana Maria y Antonio Andrade (Eds.): Translinguismo e poéticas do contemporâneo. Río de Ja-
neiro: Editora 7Letras, 2019.
Ette, “Las literaturas del mundo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
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en Londres y, sobre todo, en Nueva York, desde donde se orquestan inequí-
vocamente las literaturas anglófonas del mundo, en la hispanofoa se han
desarrollado estructuras desde finales del siglo XIX y, por tanto, desde la
tercera fase de la globalización acelerada, dentro de las cuales han surgido
otros centros como Buenos Aires o Ciudad de xico, junto al actual cen-
tro literario español de Barcelona la capital, Madrid, sigue ocupando sólo
un segundo lugar. Dependiendo de las respectivas coyunturas poticas y
económicas, el equilibrio dentro del área literaria hispanohablante tiende a
cambiar una y otra vez, aunque el mundo editorial español desempeña in-
dudablemente un papel central y centralizador en la actualidad. Por su-
puesto, esta situacn podría volver a cambiar rápidamente como conse-
cuencia de los cambios políticos, aunque es probable que las incertidumbres
del independentismo catalán tengan un impacto menor que las consecuen-
cias del declive económico y social experimentado en muchos países lati-
noamericanos durante la última década.
En esta visión panomica de los cuatro diferentes lenguajes literarios
globalizados desde Europa, adaptada a la brevedad del caso, queda claro
cómo las lenguas y literaturas individuales han desarrollado sus propias ló-
gicas, que no pueden reducirse a una gica singular y transferirse a un sis-
tema homogéneo y al mismo tiempo centrado. Resumir estos desarrollos
desde la perspectiva de una única literatura mundial concebida desde Eu-
ropa (y posteriormente desde los EE.UU.) sería un esfuerzo muy dudoso,
ya que con ello se pasaría por alto deliberadamente el hecho de que cada
una de las literaturas del mundo se desarrolla y funciona según gicas y
tradiciones estéticas muy independientes.
Por supuesto, esto se aplica también y especialmente a otras áreas li-
terarias que aún no se han globalizado en el verdadero sentido de la palabra,
como las literaturas árabes o la literatura china, tanto dentro como fuera de
la República Popular. Como en el ejemplo de las literaturas hispanohablan-
tes de América Latina, en las literaturas árabes se unen más de veinte litera-
turas nacionales para formar una red de relaciones muy compleja que, a
diferencia de lo que ocurre en el caso de América Latina, no tiene (antiguos)
centros europeos y, en el caso del árabe, tampoco una lengua globalizada.
Alinear las leyes, las formas literarias y las normas literarias del mundo ara-
bófono con las nociones normativas y descriptivas de una literatura mundial
monológica perpetuaría, por supuesto, las concepciones eurocéntricas de lo
literario mundial, que hoy en a, en vista de la supremacía de los EE.UU.,
ya no pueden calificarse de eurocéntricas, sino de occicéntricas.
En este sentido, existen ciertos paralelos entre el mundo árabe y Amé-
rica Latina y, sin duda, tambn entre las relaciones árabe-estadounidenses
que se han desarrollado como resultado de fuertes procesos migratorios (cf.
Ette y Pannewick, 2006); sin embargo, s allá de estas interdependencias
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literarias y culturales transfronterizas, existen diferencias sorprendentes que
revelan claramente las gicas únicas de las literaturas árabes. La compleji-
dad espefica y las interconexiones reprocas de las literaturas árabes re-
sultan especialmente claras en el ejemplo de la literatura libanesa, en la me-
dida en que el bano fue considerado durante mucho tiempo uno de los
principales centros de las literaturas árabes, pero al mismo tiempo también
partici en las literaturas francófonas y anglófonas del mundo y produjo
autores como Amin Maalouf y Elias Khoury, que se inscriben en tradiciones
muy diferentes de las literaturas anglófona y francófona.
Pues aunque ambos autores escriben y publican en lenguas diferentes,
pueden clasificarse en la misma medida que la literatura libanesa, que com-
parable a Suiza en este aspecto goza de un multilingüismo cultivado desde
hace mucho tiempo.
9
Este ejemplo puede demostrar que simplemente no
es posible hacer una distinción clara entre literaturas europeas y no europeas
a nivel de las literaturas del mundo, tanto de este lado como más allá de los
lenguajes literarios globalizados sin que, por supuesto, esto resulte en nin-
gún tipo de homogeneidad de una singularidad de la literatura mundial con-
cebida enrminos europeos. Tambn elbano podría entenderse proba-
blemente y esta vez desde una perspectiva árabe como un fractal de las
literaturas del mundo. En el concierto de las literaturas del mundo, las ver-
tientes tradicionales de las literaturas árabe, india y china, que tienen conti-
nuidades extraordinariamente largas, deben pasar a primer plano, sobre
todo con vistas al futuro.
* * *
El ejemplo de estos dos escritores de origen libanés pone de manifiesto que
nuestra descripción de la complejidad de las literaturas del mundo no es en
absoluto completa. Pues aún no hemos incluido una dimensión dinamiza-
dora de las literaturas del mundo, que discurra, por adecirlo, transversal-
mente y no deje de ganar importancia en su transversalidad. En general, se
trata de formas y normas de escritura entre mundos, que tienen una larga tradi-
ción hisrica, ya que el homo migrans es tan antiguo como el propio homo
sapiens (cf. Ette, 2016). Sin embargo, a raíz de las migraciones masivas, los
exilios, las deportaciones y las expulsiones del siglo XX y principios del
9
Véase, por ejemplo, Pflitsch, Andreas: Literatur, grenzenlos. Aspectos de la escritura transnacional. En
Szyska, Christian / Pannewick, Friederike (Eds.). Crossings and Passages in Genre and Culture. Wiesbaden:
Reichert Verlag, 2003, pp. 87-120; asowie (Ders.), Die libanesische Literatur. En: Arnold, Heinz Ludwig
(Ed.): Kritisches Lexikon zur fremdsprachigen Gegenwartsliteratur. 63º suplemento. Múnich: Edition text+kritik,
2004.
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XXI, y sobre todo en el contexto de la cuarta fase de la globalización acele-
rada, han surgido movimientos migratorios y transmigratorios de masas que
han creado nuevos espacios de circulacn para la escritura a nivel de las
literaturas del mundo de una forma altamente creativa e innovadora. No
hace falta un don de clarividencia para predecir que las literaturas del siglo
XXI seguirán incluyendo un número cada vez mayor de literaturas sin residen-
cia fija y acelerarán su desarrollo; literaturas que, con el trasfondo de las mi-
graciones y transmigraciones antes mencionadas, desarrollan formas de es-
critura literaria bajo el signo de una poética del movimiento que ya no puede
ser captada adecuadamente por las categorías de una historia espacial cen-
trada histórica y culturalmente. s bien, más al de los conceptos histó-
rico-espaciales, requieren una historia del movimiento, como de conceptos
dinámicos y viles. No sólo la literatura mundial, sino tambn las litera-
turas nacionales, podría añadirse con agudeza, quieren decir cada vez menos
ahora y en un futuro esbozado de este modo.
Los nombres de muchos premios Nobel de literatura (como V.S. Nai-
paul, Herta Müller, Gao Xingjian o Mario Vargas Llosa), así como los de
Salman Rushdie, Jorge Semprún, Norman Manea, Elias Khoury o Amin
Maalouf, a los que sin duda hay que adir los de Emine Sevgi Özdamar,
José F.A. Oliver, Yoko Tawada o Stanislaw Strasburger, así como varios
autores de origen árabe
10
en el ámbito de la literatura en lengua alemana,
configuran una literatura sin residencia fija. Las formas de escritura trans-
lingüística, es decir, que atraviesan diferentes lenguas, seguin cobrando
importancia en las futuras literaturas del mundo.
Ilija Trojanow ha señalado de forma impresionante, aunque no sin
contradicciones, los requisitos previos, las condiciones y las perspectivas de
este tipo de escritura en su volumen Nach der Flucht, que está compuesto por
una serie de microtextos. Como afirma el segundo microtexto, la migración
y la huida no son atributos transitorios: Nada en la huida es fugaz. Se su-
perpone a la vida y nunca más la libera (2017: 11). Tal vez sean precisa-
mente los autores de literaturas sin residencia fija quienes mejor pueden
juzgar el modo fundamental en que la literatura en lengua alemana cambiará
no lo temática, sino sobre todo estructuralmente, a rz de los actuales
flujos migratorios. La literatura en lengua alemana actual también debe con-
templarse en un contexto global.
Paralelamente a las literaturas sin residencia fija, las literaturas judías
también deben conceptualizarse de nuevo, en la medida en que sus relacio-
nes globales no siempre pueden relacionarse con una única base literaria
nacional. En sus largas y seculares tradiciones, desarrollan algo así como
10
La revista Fikrun wa-Fann del Goethe-Institut alemán publi en su número 80 (2004) un dossier de
textos en alemán de autores árabes.
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literaturas sin residencia fija avant la lettre y siempre fueron, como no olvidó
señalar Jorge Luis Borges en su ensayo antes citado, de la más alta produc-
tividad.
Las literaturas sin residencia fija no manifiestan ni documentan en
modo alguno la intrusión o incluso la invasión del otro, del extranjero,
en lo propio cuidadosamente custodiado.s bien, muestran vías de es-
cape de los mapas igualmente seductores y engañosos y de las cartograas
fijadoras del (amenazante) otro, como el ideologema del choque de civilizacio-
nes de Samuel P. Huntington (1996) o el panfleto de Niall Ferguson Civili-
zation. The West and the Rest. Estas literaturas nos ayudan a imaginar un
mundo que ya no está atrapado en un pensamiento de la alteridad que siem-
pre separa entre un propio y un extranjero u otro, sino que se carac-
teriza por incesantes expansiones y ampliaciones: forman laboratorios esté-
ticos que permiten seguir pensando y seguir viviendo bajo el signo de la
convivencia.
11
Autores como Saint-John Perse, Samuel Beckett, Albert Cohen y Elias
Canetti esbozaron tempranamente estos mapas multilingües y polilógicos
del movimiento para un mundo futuro más allá de un envejecimiento obse-
sivo de la lengua y la cultura. Las literaturas del mundo aportan aquí una
ayuda imaginativa decisiva, ya que presentan y representan patrones vecto-
riales de representación y pensamiento, tal como se expresan probable-
mente con mayor intensidad de forma sensual y estética en las literaturas
sin morada fija. Los lieux de moire de las literaturas del mundo no son
lugares estáticos de recuerdo, sino que se registran y anotan en mapas de
movimiento. El microcosmos de Europa en particular como muestra su
mito de origen no puede concebirse sin la no-Europa y las constantes mi-
graciones. Para los deportados y violentados, Europa no era europea en el
sentido territorial de las actuales demarcaciones fronterizas.
Desde la perspectiva aquí elegida, las literaturas sin residencia fija,
pero también las literaturas del mundo en su conjunto, a través de las len-
guas, a tras de las culturas, a través de las fronteras que no se disuelven
en absoluto, sino que en cierto modo se multiplican, forman una escuela de
pensamiento de lo plurilógico y un laboratorio de convivencia más allá de
la exclusión, s al de un envejecimiento y una exclusión sin fin. Las viejas
dicotomías entre una literatura nacional (homogéneamente concebida) y
una literatura mundial (inventada por Europa) se han debilitado considera-
blemente en el transcurso de la cuarta fase de globalización acelerada que
11
Véase al respecto Ette, Ottmar: Weiter denken. Viellogisches denken / Viellogisches Denken und die
Wege zu einer Epistemologie der Erweiterung. En Romanistische Zeitschrift für Literaturgeschichte / Cahiers
d'Histoire des Littératures Romanes (Heidelberg) Vol. 60, núm. 1-4, 2016, pp. 331-355.
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ha llegado a su fin y han dado paso a una concepción y una práctica multi-
lógicas que hacen hincapié en las respectivas lógicas individuales de las di-
ferentes corrientes de la tradición, no de una única literatura mundial, sino
de muchas literaturas del mundo diferentes y al mismo tiempo divergentes.
En este contexto, las literaturas sin residencia fija constituyen el elemento
dinamizador por excelencia.
Además de todas las demás áreas culturales, que en su complejidad no
encontraron una difusión mundial territorializable por falta de procesos de
expansión global, pero que ya en tiempos de Goethe y más aún en la época
de la publicación de la “Filología de la literatura mundial” de Erich Auer-
bach eran claramente visibles en el horizonte de las construcciones litera-
rias mundiales, con las literaturas sin residencia fija se han desarrollado for-
mas de escritura y de pensamiento altamente vectorizadas, que nos ayudan
a entender todo un mundo de literaturas como literaturas del mundo, como
literaturas de un mundo. La pluralización de las literaturas no tiene por q
ir acompañada del abandono de la idea de un mundo, de un planeta único y
coherente en el que la humanidad busca las posibilidades de convivir en paz
y diferencia. Hace tiempo que se han desarrollado formas de escritura no
sólo transnacionales, sino también transareales y al mismo tiempo translin-
gües (porque son transculturales), que hacen que la pluralidad de los proce-
sos literarios mundiales sea aún más compleja y multigica después de la era
de la literatura mundial. El futuro no reside ni en una homogeneización
creciente ni en una diferenciacn cada vez mayor: el futuro será multilin-
güe, multiforme y multilógico.
* * *
En el contexto de la evolucn descrita en este estudio, las literaturas de
América Latina ocupan un lugar central. En la primera parte de nuestro
estudio, comenzamos con dos autores latinoamericanos y sus textos de me-
diados del siglo XX, período en el que la chilena Gabriela Mistral fue la
primera de los muchos premios Nobel de América Latina en recibir este
honor en 1945. Las Américas, colonizadas por la Europa latina (los países
romances a partir de finales del siglo XV), se vieron arrastradas desde el
principio a una historia global y a una globalización que se desarrolló rápi-
damente, que trajo consigo una profunda circulacn de conocimientos y
culturas de textos escritos en un sentido inicialmente transatntico y más
tarde mundial. Dispersas por un vasto espacio geográfico, surgieron las ciu-
dades letradas (Rama, 1984), que sobre la base de la cultura escrita europea,
proporcionaron una orientacn decisiva tanto en el ámbito judico-admi-
nistrativo como en el cultural-literario. Así, las colonias americanas de Eu-
ropa se adscribieron al espacio de poder de Occidente como periferias.
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En el ámbito de la hispanofonía, los pses de América Latina con
influencia románica desarrollaron sus propios centros tras el fin del periodo
colonial y tras la aparición del rmino América Latina (cf. Jurt, 1982)
que, con fuertes cambios y disrupciones que dependen en gran medida de
factores políticos, siguen representando hasta hoy importantes núcleos de
difusión no lo nacional sino también mundial de las literaturas en lengua
española. Si nos fijamos en el ámbito de la lusofoa, Brasil, antigua colonia,
se ha convertido en el der de un mundo lusófono que cuenta con impor-
tantes bases en América y Europa, pero también en el mundo africano y en
partes de Asia. En el ámbito de las literaturas lusófonas, las latinoamericanas
son sin duda lasderes mundiales.
La situación de la América francófona se caracteriza por el hecho de
que las islas francófonas de las Antillas hace tiempo que entraron en inter-
relacn con el Canadá francófono, que, junto con Québec, tiene el segundo
centro más importante del mundo francófono después de París. Las migra-
ciones caribeñas hacia el Cana frans han cambiado la situación de la
América francófona. Las Antillas también proporcionan conexiones con los
países franfonos de África, cada uno de los cuales presenta condiciones
socioculturales muy específicas con sus contextos bilingües, trilingües o
multilingües. Por supuesto, esto también se aplica a las literaturas hispa-
nohablantes de África (como Guinea Ecuatorial) o a los países lusoafrica-
nos. Por lo tanto, podemos concluir que América Latina ocupa posiciones
importantes dentro de las literaturas del mundo en espol, portugués y
francés. En este contexto, sólo cabe destacar, aunque no examinar espe-
ficamente, que el mundo hispanohablante se ha extendido desde hace
tiempo por considerables zonas de los EE.UU. junto con la cultura latina
(Sánchez, 2012 y 2018). La continua difusión del espol desempeña sin
duda un papel muy beneficioso en favor de la expansión de las literaturas
en lengua española no sólo en el continente americano.
En un segundo paso, intentemos ahora examinar de cerca la posición
y el estatus de las literaturas latinoamericanas más allá de las lenguas roman-
ces globalizadas de los siglos XVI, XVII y XVIII. Las oleadas migratorias
árabes hacia América Latina abrieron las literaturas de las Américas a las
dimensiones araboamericanas y crearon intensas literaturas araboamerica-
nas. Del mismo modo, América Latina ha sido durante mucho tiempo un
importante centro para las literaturas judías, que, al igual que la árabe, han
encontrado un importante campo de juego en Argentina, por ejemplo.
Sin embargo, no lo las relaciones transatlánticas sino también las
transpacíficas han demostrado ser estables y constantes. Las oleadas migra-
torias de los mencionados coolies de India o China han conectado intensa-
mente el subcontinente como parte de América con las principales culturas
asiáticas, sin olvidar Japón (no sólo en lo que respecta a Brasil). Según todas
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las previsiones económicas y geoculturales, las relaciones entre Asia y Amé-
rica Latina seguirán profundizándose en el siglo XXI y acercando las litera-
turas de estas zonas. Los estudios transareales y transregionales, que recien-
temente se han centrado en las relaciones literarias entre la India y América,
por ejemplo, indican que dicha red de relaciones se ha convertido también
en objeto de investigación en el ámbito de las humanidades (Cf. Klengerl,
2016; Müller, 2016; Klengel y Wallner, 2016). Esta tendencia seguirá cre-
ciendo, sobre todo en el campo de los estudios transárea y los estudios sobre el
Sur Global en particular.
Las literaturas latinoamericanas se sian así en el centro de una red
de relaciones que van más allá de las relaciones interamericanas y conectan
las Américas con África y Europa, Asia y, cada vez más, Oceanía. Lo que se
desarrol en el Caribe ya a finales del siglo XV a raíz de la política de poder
europea y lo que describió a principios del siglo XX el mexicano José Vas-
concelos con el eslogan, ciertamente cargado de ideoloa, de la raza cósmica
se aplica a las distintas literaturas de América Latina en su conjunto: forman
un auténtico cosmos de diversidad global de habla y conectan las tradiciones
indígenas con las literaturas y culturas de todo el mundo. No es casualidad,
por tanto, que sea precisamente en la literatura latinoamericana, tanto en la
rioplatense como en la mexicana, donde surgieron escritores como Octavio
Paz o Jorge Luis Borges, que reconocieron casi sismográficamente las cam-
biantes condiciones de las relaciones transatnticas y transareales y, en par-
ticular, exigieron consecuencias culturales y literarias de la eliminación de
los contrastes entre centro y periferia.
Dentro del sistema de las literaturas del mundo, la traducción literaria
tiene una importancia decisiva, sobre todo en el contexto de la escritura
translingüística, como ejemplifican las literaturas sin residencia fija, pero
también muchos escritores de la République des Lettres hasta mediados del
siglo XIX. La traducción puede incluso ser inherente a la escritura en la
propia lengua materna e inscribirse literalmente en ella. Por ejemplo, la
ganadora del Premio Nobel Herta ller, sin duda sensibilizada con las li-
teraturas sin residencia fija, señaque no hay ni una palabra de rumano en
sus textos en alemán, sin embargo, el rumano está omnipresente en ellos:
Nunca he escrito una frase en rumano en mis libros. Pero, por supuesto,
el rumano está siempre presente porque ha crecido en mi mirada (2003:
27).
Ya sea en Europa, en el subcontinente indio o en los pses árabes, ya
sea en China, en el sudeste asiático o en las Américas, ya sea en el juego
transatlántico o transpafico de las relaciones, de la traducción y de la tras-
lación: el futuro de las literaturas del mundo reside en el despliegue creativo
de lógicas diferentes, incluso diversas, para las que deben desarrollarse no
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sólo poéticas siempre nuevas basadas en el movimiento, sino también in-
terpretaciones. Éstas ya no deben estructurarse según líneas literarias nacio-
nales. Aquí es donde residen las tareas de la filología transareal y del arte de
la lectura como arte de la traducción: la traducción de la lengua del otro que
inició nuestras consideraciones con los Serments de Strasbourg. Porque las li-
teraturas del mundo están interrelacionadas traduccionalmente y sólo pue-
den desplegar su intertextualidad en toda su amplitud aunque con algunos
retrasos con la ayuda de las traducciones.
Las literaturas de todo el mundo forman mundos insulares aislados
entre sí y mundos insulares interconectados de muchas maneras, formando
archipiélagos e interactuando entre transarchipelagicamente. A veces, las
conexiones entre esos espacios, que antaño fueron metaricamente arrasa-
dos por la marea con sus líneas de fractura y movimiento tectónico, quedan
ocultas bajo la superficie del agua. Las discontinuidades entre las islas, ar-
chipiélagos y continentes de las literaturas del mundo permiten y posibilitan
cambios siempre nuevos de visión y perspectiva: configuraciones siempre
nuevas de un mundo que ha sido diseñado por estas literaturas durante mi-
lenios en contextos transareales siempre cambiantes. Nos brindan la inesti-
mable y vital oportunidad de pensar de forma multigica, es decir, en muchas
lógicas al mismo tiempo. Su saber sobre el vivir es de inmensa importancia
para la supervivencia humana. Porque las literaturas del mundo forman una
escuela única de pensamiento simultáneo en distintas lógicas y, por tanto,
un requisito vital para que la humanidad conviva en paz y diferencia.
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