17.a Edición | JULIO 2026 | ISSN 2618-1894 | Artículos Científicos
Introducción
Tradicionalmente la apicultura argentina buscó como beneficio económico directo,
la producción de miel. De hecho, en los últimos cinco años, se produjo un volumen
de exportación promedio anual que superó las 70 mil toneladas de miel,
representando un valor económico de 190 millones de dólares que le otorgó, a
nivel mundial, la 5° posición como productor y la 4° posición como exportador de
miel (FAO, 2026 y Ministerio de Economía, 2025). Sin embargo, es muy sencillo
comprender que el verdadero beneficio de la apicultura radica directamente en la
cadena de alimentación y sostenimiento de la vida, a través de los servicios
ecosistémicos, aportados por la polinización. Estos beneficios indirectos,
generalmente no son visualizados ni cuantificados por el apicultor tradicional
productor de miel (Lechman de Enzenhofer, 2003). Sin embargo, existen evidencias
indudables que demuestran que la intervención de los polinizadores en cultivos
incrementan la productividad y calidad de estos en general (Basualdo y Cavigliasso,
2023).
La soja (Glycine max) es un cultivo de alta rentabilidad y de masiva presencia en
Argentina. Según FAO (2026), ocupa en promedio 16 millones de hectáreas,
distribuidas principalmente en la región pampeana que presenta condiciones
agroecológicas ideales. En los últimos 5 años tuvo en promedio una producción de
42.000 millones de toneladas que, por exportación como grano, generó un valor
económico de 20.000 millones de dólares. Más allá que esta oleaginosa es una
especie autógama, o sea que, se reproduce por autofecundación y en teoría no
necesitaría servicios de polinización con insectos, numerosos estudios científicos
demuestran que la intervención con polinizadores mejora sus rindes en un 6%,
cuando es polinizada por polinizadores silvestres (Milfont et. al., 2013) y entre un
15% y hasta un 27%, bajo un esquema de polinización natural o dirigida, con Apis
mellifera (Erickson 1978 y Cavigliasso 2024); siendo este impacto comparable con
los obtenidos por las redes de ensayos de fertilización.
Para evaluar la disponibilidad de flora melífera (plantas que producen néctar,
polen, propóleo, etc.) en un lugar, numerosos apicultores y actores territoriales,
según su conocimiento implícito, suelen sugerir evitar zonas con amplio desarrollo
agrícolas, especialmente donde predomina el cultivo de soja, porque se sospecha
que el paquete tecnológico para el desarrollo de este cultivo, mayoritariamente
transgénico (Soja RR), impacta de manera negativa en el desarrollo de la apicultura
(Cordero, 2012 y Muñoz, 2017). En efecto, según Santos, et. al. (2012), estos daños
provocan despoblamiento de colmenas, rendimientos de miel que promedian los