
143 |pp 141-154| Año XVIII N° 32 |diciembre 2025 – abril 2026 |ISSN 1852-8171| Artículos
Planteamiento del problema
La Universidad de la República (Udelar) de Uruguay fue creada en 1849 y fue la única universidad pública del
Uruguay hasta 2013. Es una universidad pública, autónoma del poder estatal pero financiada por éste, y es
cogobernada por estudiantes, docentes y graduadas/os. En las últimas décadas, la Udelar ha implementado
cambios en su propuesta político - pedagógica para la mejora de la calidad de la enseñanza, una de sus políticas
centrales es la
promoción del acceso, la permanencia y la culminación de los estudios universitarios. La
democratización, como defensa de la igualdad de acceso a la educación universitaria de todos los ciudadanos ha
implicado la renovación de la población estudiantil que ingresa y la ampliación de la matrícula. Datos estadísticos
proporcionados por la Dirección General de Planeamiento de la Udelar en 2024, revelan la heterogeneidad de la
población ingresante a la Udelar con mayor presencia de mujeres (65%) y se mantiene desde el 2018 el ingreso de
estudiantes inmigrantes (2,7%) producto de lo movimientos migratorios por situaciones sociales y económicas.
A
su vez, continúa siendo relevante e
l ingreso de estudiantes que antes no accedían a la universidad, como aquellos
de primera generación de acceso a la formación universitaria en su familia (54%), tal como muestra el último Censo
Universitario (2013). Dicho censo permite visualizar la heterogeneidad de los perfiles socioeducativos y en la
procedencia demográfica de los estudiantes que ingresan El crecimiento sostenido de la matrícula estudiantil
posiciona a la Udelar en un escenario de masificación. El concepto de masificación, al decir de Saniz, L. (2007),
puede entenderse como la presencia de población numerosa, lo que remite a una perspectiva cuantitativa, o bien,
desde otro foco como “enseñanza democrática” (p.66) en tanto busca posicionar a los ciudadanos - estudiantes
con las mismas oportunidades de acceso y de aprobación independientemente de su origen social. Si bien ese ha
sido el interés con la democratización de la enseñanza parece más pertinente pensar en la generación de prácticas
que permitan abordar las desigualdades sociales como movimiento que favorezca la inclusión social.
La masificación
se identifica como una dificultad a ser abordada por la institución universitaria, por sus docentes y por los propios
estudiantes que ingresan. Entre las consecuencias de esta situación se destacan los niveles significativos de
desafiliación, principalmente para los cursos de primer año de las carreras universitarias (Diconca et al, 2011).
El estudiante que ingresa y vive la experiencia de masificación, intenta comprender e integrarse a la organización
universitaria, en principio desde lugares como el anonimato.
Jóvenes, estudiantes que se enfrentan a una nueva institución educativa masificada con una cultura y comunidad
académica específicas y singulares, según el campo disciplinar, con nuevas exigencias e inquietudes. Son, a la vez,
jóvenes atravesados por sentimientos de incertidumbre pero también capaces de expresar reclamos en relación a
lo que esperan, desean y buscan en y de la universidad.
Por su parte, los estudiantes asignan a los docentes un lugar protagónico y significativo en su formación (Ruiz
Barbot, 2016).
A partir de las “voces” de los estudiantes, se construye la figura del docente que esperan encontrar:
docentes que se acerquen desde su saber y su experiencia, que escuchen, que habiliten el diálogo, que los
provoque, que los encanten y que los reconozcan como sujetos con voz propia, con saberes experienciales
provenientes de la trayectoria educativa previa y de inquietudes vinculadas a la situación de clase, en el acceso
desigual a la riqueza y a la cultura
(Ruiz Barbot, 2016). Ante este planteo y el desconocimiento sobre lo que piensa,
siente y hace el docente en los inicios, resulta pertinente abordarlo.
El inicio constituye para el estudiante, el encuentro con lo novedoso y por ello, un tiempo de nacimiento, en el
sentido propuesto por Arendt (1996), un tiempo de comprensión de nuevas lógicas institucionales, culturales,
disciplinares y profesionales. Es además un tiempo de re-nacimiento para el docente. Recibir y reconocer al nuevo
estudiante, así como hospedarlo para contribuir a su permanencia y pertenencia forman parte de lo que involucra
la práctica docente en este tiempo curricular. Se entiende que enseñar en los inicios, implica un encuentro subjetivo
entre docentes y estudiantes convocados por el estudio, construir presencia y desarrollar la actitud de hospitalidad
considerando al estudiante como un extranjero a la institución. Es extranjero quien recién ingresa a la institución,
también lo es quien cursó en otra facultad y resulta extranjero a la disciplina, así como el inmigrante. Ante el
estudiante extranjero a la institución universitaria y a las lógicas universitarias, disciplinares y profesionales, se