
198 |pp 196-211| Año XVIII N° 32 |diciembre 2025 – abril 2026 |ISSN 1852-8171|
Artículos
Introducción
Las tareas del profesorado universitario son múltiples y abarcan la enseñanza, la investigación y la extensión.
Dentro de ese entramado, la supervisión de tesis, tanto de grado como de posgrado, suele quedar en segundo
plano. En muchos casos, los tutores la asumen como una actividad más, sin detenerse a reflexionar sobre las
implicancias que tiene para la formación de sus estudiantes o para el desarrollo de su propia carrera académica.
El acompañamiento de una tesis de posgrado posee rasgos específicos que lo diferencian de otras tareas
docentes. Incluso cuando el estudiante logra culminar sus estudios, tutor y tesista enfrentan obstáculos que
provienen de distintos niveles: las políticas de formación, la cultura institucional, las tradiciones disciplinares o la
relación interpersonal (Mancovsky, 2021). Pero si se hace foco en la deserción, numerosos estudios, en particular
en el nivel doctoral, señalan que la supervisión es uno de los factores que más inciden en ese fenómeno global
conocido como all but dissertation (ABD) (Wainerman, 2020, 2023; Wainerman & Levin, 2024).
Tal función suele entenderse de dos maneras: como parte de la actividad investigadora o como una práctica
docente. La primera es más frecuente en ciencias duras y tecnología, mientras que la segunda predomina en
ciencias sociales y humanidades, donde suele considerarse como la forma más avanzada de enseñanza
(Wilkinson, 2011; Difabio, 2011).
Este artículo adopta la perspectiva pedagógica y se inserta en una agenda de investigación que explora tres
grandes temas: las relaciones entre tutores y estudiantes; las expectativas de los estudiantes sobre sus tutores y
sobre el proceso de tutoría, y un tercero, centrado en el tutor. En esta línea, interesa especialmente el trayecto
que va desde el tutor principiante al tutor experto, que implica estudiar el proceso de inducción, la construcción
de la identidad académica, las funciones asumidas y los estilos de supervisión (Amundsen & McAlpine, 2009;
Difabio, 2011; Fernández Fastuca & Wainerman, 2015; Manathunga, 2007; Vereijken et al., 2018; Christensen &
Weissmann, 2025). El artículo se focaliza en un aspecto aún poco estudiado en esta línea: las concepciones de los
tutores noveles de maestría en Ciencias Sociales y Humanas, un ámbito donde suelen carecer de apoyos formales
y de espacios de socialización profesional.
Se considera profesor universitario novel, en acuerdo con Feixas (2002), el profesor joven, recién graduado, con
alguna experiencia profesional y con menos de tres años de experiencia docente en una institución universitaria,
el cual accede a un puesto docente ya sea como profesor ayudante, asociado o becario, habitualmente sin ningún
tipo de tutela.
El proceso de inducción para los profesores universitarios noveles comienza, según Bozu (2010), antes de su
ingreso a la universidad en calidad de docentes. Se considera que han aprendido por observación, siendo
estudiantes, de sus ahora colegas, acerca de ciertos ritos, modalidades de actuación y creencias. Por otra parte,
los estudios muestran que la inducción es un período cargado a la vez de tensiones, dificultades y satisfacciones
por los logros alcanzados. Muchos concluyen, también, que es necesario acompañar al profesorado novel,
mediante programas de iniciación (Marcelo, 1994) o con instancias de acompañamiento (Martín-Gutiérrez et al
2014).
La identidad profesional es un constructo que no tiene definición unívoca. Si se atiende a una perspectiva
individual se entiende que es una entidad construida en interacción con un grupo profesional en un espacio de
trabajo. Desde una perspectiva sociocultural se considera que es un fenómeno social de apropiación de modelos
(Montes et al 2017). En este sentido se entiende la identidad como el resultado de la interacción entre fuerzas
sociales y culturales, en un contexto donde la mirada colectiva de los demás es clave. En ambas perspectivas se
reconoce que es una construcción dinámica en relación a otros.
Desde la perspectiva sociocultural, Van Lankveld et al. (2017) realizaron una revisión que resume las principales
conclusiones sobre la identidad docente universitaria. El estudio reveló que existen cinco procesos psicológicos
subyacentes al desarrollo y la consolidación de la identidad docente: un sentido de competencia, especialmente
el reconocimiento de los demás; un sentido de conexión con otros docentes; un sentido de aprecio por la