Catelli “Dos notas sobre La ciudad letrada…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 9-16 12 ISSN 2422-5932
Quiero fijarme en el modo retórico de la argumentación. Al proponer
como título La ciudad letrada —con el subtítulo Un ensayo— Rama expone una
convicción: que era definitivo ese “parto de la inteligencia” y que eso supuso
la entrada de América en la “cultura occidental”. Al mismo tiempo, al titular
la obra como ensayo, se expone él como sujeto de la elocución, como sujeto
pleno y a la vez dubitativo, como artífice del modo del pensamiento que
sustenta su objeto. Es significativo que fuese en una de sus últimas cartas, el
16 de mayo de 1983, desde París, a Michi Strausfeld, editora y reconocida
difusora de la literatura latinoamericana en Alemania- donde Rama expusiese
tanto el carácter ensayístico como el objetivo explícito de este libro: “[…]
debo entregar a Ediciones del Norte, en USA, mi ensayo sobre La ciudad
letrada, que es una suerte de revisión muy crítica del funcionamiento de los
intelectuales en América Latina […]”.
Rama simplifica la propuesta ante Strausfeld, lo cual es interesante, y
funde a los “letrados” del extenso lapso poscolonial (según los términos de
Tulio Halperín Donghi) con los “intelectuales” de la última etapa de la
Emancipación. Aunque eso no impide que el objeto sea un continuum que se
transforme sin desaparecer. Es el letrado y, a continuación, el intelectual —
desde el capítulo “La ciudad modernizada”— quien será administrador de la
letra y finalmente, a partir de la prensa y la enseñanza estatal, quien,
subordinado y a la vez actor principal, gestionará el espacio de implantación
sobre el territorio recién fijado. La progresiva autonomía del intelectual
latinoamericano es su consecuencia y su límite. En el ensayo esta línea llega
hasta 1915-1930, con una oscilante insistencia, se ha observado muchas
veces, en el eje mexicano.
No es azar que, deteniéndose en la relación, en esa época, entre el
caudillo y su intelectual, Rama corone el texto con un párrafo (a la Fernand
Braudel) que repite, como al inicio del ensayo, la conocida perspectiva en
panorama que Rama aprendió de aquel: un párrafo similar en todo al del
inicio. Desde Washington, en medio de las dudas acerca de su definitiva
estancia, aunque había comprado un piso en Barcelona, donde se encontró,
como David Viñas, con la muralla invisible de la universidad española, Rama
anotó, consciente de su deuda:
Febrero 1980
Washington
[…] Casi no veo a la gente, para ver a los árboles, al recorte de las copas,
a la línea de los edificios de Mall (la maravilla del East Wing) trazados
sobre el cielo. Es el pozo de paz donde estamos, como dentro de un
fanal, y nuestra inquietud que no cesa, ni siquiera allí dentro.
Washington