Díaz Choza, “El intelectual errante…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 65-79 70 ISSN 2422-5932
peligroso para ellos como los mismos subversivos. Inútil saber por qué (…)
y menos insinuarles que es un honor el que me confiere” (2001: 35). Por ese
entonces, él preparaba una edición de los diarios de Rufino Blanco Fombona,
tema de otra anotación. Allí establece un vínculo entre la escritura diarística
y el exilio del escritor venezolano: “Le debe haber ayudado a vivir, sobre todo
cuando el exilio se hizo demasiado largo, el peso de ganarse la vida en tierra
extranjera se tornó penoso y la salud empezó a decir sí y no” (Rama, 2001:
33). Dado que el comentario sobre Fombona se refleja indirectamente en su
situación personal, el inicio de la escritura del diario parece coincidir con una
incipiente conciencia de su condición de desplazado.
Llama la atención, sin embargo, que, hasta inicios de la década de
1980, Rama no use la categoría de “exilio” para explicar su propia experiencia
y muestre reservas respecto de utilizarla para su caso. Al inicio de la escritura
del diario predomina el término “inseguridad”, y la correspondencia de sus
primeros años en Venezuela describe sus desplazamientos desde el horizonte
semántico de la errancia: “vida errabunda” (Rama, 2022: 394), “deambular
americano” (Rama, 2022: 411), “gitanería intelectual” (Rama, 2022: 433).
Hasta cierto punto, la experiencia biográfica del crítico uruguayo explica esa
reticencia, ya que sus desplazamientos empezaron mucho antes del golpe
militar en su país, en circunstancias en las que difícilmente podía ser
considerado un exiliado. Así, antes de que el exilio político fuera una realidad,
ya existía en Rama una conciencia de lo que implicaban los desplazamientos
y cómo estos afectaban su vida íntima. En octubre de 1973, Rama le escribía
a Marta Traba, quien había vivido en Bogotá muchos años, sobre cómo
ambos tuvieron que desarrollar una “sorprendente” capacidad de adaptación
para instalarse en otros países latinoamericanos en donde la familiaridad
coexistía con la extrañeza de costumbres diferentes. Más adelante, en la
misma carta, plantea una posición que anticipa una idea clave en “La riesgosa
…”: que sus experiencias de migración son inherentes al sistema
latinoamericano, caracterizado “por el desplazamiento, por la inclusión en
otras áreas de cultura, por los procesos de adaptación y lo que ahora llamo,
más estrictamente, transculturaciones” (Rama, 2022: 423).
En 1977 Rama renuncia a la Universidad Central de Venezuela y
decide mudarse a Estados Unidos para buscar insertarse en su medio
académico. En ese contexto, publica “La riesgosa…” y sus reflexiones en
torno al exilio pasan del registro privado de las cartas y el diario al público,
aunque el término es aún conjugado en tercera persona y parece describir
antes un fenómeno regional que individual. Como se verá más adelante, el
ensayo recibió cuestionamientos frontales de parte de intelectuales cubanos
en el exilio, quienes acusaron a Rama de invisibilizar a su comunidad para así
no verse en la necesidad de confrontar al gobierno de Fidel Castro. La