Herrera Pardo, “Primeros cuentos de diez…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 154-172 157 ISSN 2422-5932
de la de 1970, caracterizada por su asidua colaboración en publicaciones
impresas, por su trabajo como docente y bibliotecario, por sus empeños
editoriales y, por otra, aquella fase que comienza a configurarse a partir del
exilio, con la mayoritaria concentración de su trabajo en el ámbito
universitario (en Puerto Rico, Venezuela, Estados Unidos, además de cursos
en diversas instituciones de América Latina), con su ejercicio de reunir bajo
la forma libro algunas de sus preocupaciones y líneas de trabajo manifestadas
previamente en múltiples seminarios y colaboraciones dispersas (Salvador
Garmendia y la narrativa informalista, Rufino Blanco Fombona y el egotismo
latinoamericano, Los gauchipolíticos rioplatenses, La novela en América Latina,
Transculturación narrativa, La ciudad letrada, etc.).
La noción de “artefactos culturales” la tomo a partir de los sentidos
en torno a ella propuestos por Luis Miguel Isava en De las prolongaciones de lo
humano. Artefactos culturales y protocolos de la experiencia (2022). En el pensamiento
de Isava, tal noción tiene por objeto responder a la pregunta por cómo la
experiencia, ligada de manera estrecha a la percepción y la comprensión, se
dinamiza, se modifica y se construye permanentemente. De este modo, dicha
acepción de artefacto es entendida bajo la idea de marcos culturales que
arrastran condiciones de legibilidad para la recepción de determinados
objetos o situaciones, convirtiéndolos, así, en experiencia material y sensible.
Se trataría de objetos cuya operación de lectura convoca una paradoja; por
una parte, imponen “repensar los determinantes que la tradición estética
proyecta sobre las obras”, aunque para tal tarea requieren “las sofisticadas
técnicas de lectura desarrolladas a partir de dicha tradición” (Isava, 2022: 20).
A estas técnicas de lectura demandadas por los “artefactos culturales” Isava
las denomina “protocolos de experiencia”, los que no pueden ser vistos
meramente como condiciones formales de recepción, debido a que “se
consolidan a través de una in-corporación, de un ‘hacerse cuerpo’ en los
individuos de un colectivo” (Isava, 2022: 20). Constituyen, por lo tanto,
mediaciones que le otorgan no sólo condiciones de posibilidad a la
percepción, sino también a la “comprensión de lo percibido y su integración
en el archivo que es la experiencia” (Isava, 2022:21).
Mediante esta alteración simultánea y recíproca entre “artefactos
culturales” y “protocolos de experiencia”, el autor piensa una teoría dinámica
de la cultura en la que continuamente se van afirmando, cuestionando y
transformando las condiciones de posibilidad de lo comprensible y de lo
percibible. Tomando como punto de partida el concepto heideggeriano de
Kunstwerk, Isava se pregunta qué es lo que se “pone en obra” a través de los
“artefactos culturales”, para responder que lo que en ellos “se hace obra y
opera de manera simultánea es la cultura, con sus innumerables presupuestos,
convenciones y concepciones” (Isava, 2022: 36-37). En otras palabras, la
acción que define en su quehacer al “artefacto cultural” es que ponen en