Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 173 ISSN 2422-5932
¿LATINOAMERICANISMO PARA QUÉ? LAS RESPUESTAS DE
RAMA, CANDIDO Y PERRONE-MOISÉS
LATIN AMERICANISM, WHAT FOR? ANSWERS BY RAMA, CANDIDO, AND PERRONE-
MOISÉS
Ricardo Costa Silva
Universidad de San Andrés
Es graduado en Letras (portugués) por la Universidade Federal de Sergipe (UFS), Brasil; con Maestría en
Literatura Latinoamericana por la Universidad de la República del Uruguay (UDELAR) y actualmente está
escribiendo su tesis doctoral bajo la dirección de la Dra. Cecilia Palmeiro, por la Universidad de San Andrés
(UDESA), Argentina.
Contacto: rcostasilva@udesa.edu.ar
ORCID: 0009-0009-3127-4307
DOI: 10.5281/zenodo.23602695
DOSSIER
Ángel Rama (1926-2026):
literatura, crítica y utopía latinoamericana
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 174 ISSN 2422-5932
Fecha de envío: 14/05/26 Fecha de aceptación: 29/06/26
Influencia
Latinoamericanismo
Transculturación
Globalización
Este trabajo analiza el debate sobre la identidad cultural y literaria latinoamericana a partir de las
reflexiones de Ángel Rama, Antonio Candido y Leyla Perrone-Moisés. Buscamos comprender cómo estos
autores interpretan la relación entre la literatura latinoamericana y la tradición europea, especialmente a
través de los conceptos de influencia, intertextualidad y transculturación, así como el sentido del
latinoamericanismo en distintos contextos históricos. La metodología es de carácter comparativo y crítico-
interpretativo. Examinamos textos teóricos representativos de dos momentos históricos: las discusiones de
los años setenta sobre literatura y subdesarrollo (principalmente Candido y Rama) y los debates posteriores
sobre globalización y nacionalismo cultural presentes en la obra de Perrone-Moisés. A partir de la lectura
y confrontación de estos ensayos, se analizan sus presupuestos teóricos y sus implicaciones para la
comprensión de la literatura latinoamericana. Observamos que, aunque los tres autores reconocen la
relación constitutiva entre América Latina y la tradición europea, difieren en su interpretación. El estudio
concluye que la literatura latinoamericana se configura en un espacio intermedio, resultado de intercambios
culturales dinámicos más que de una simple dependencia o imitación.
RESUMEN
PALABRAS CLAVE
Influence
Latin Americanism
Transculturation
Globalization
This paper analyses the debate on Latin American cultural and literary identity based on the reflections
of Ángel Rama, Antonio Candido, and Leyla Perrone-Moisés. It seeks to understand how these authors
interpret the relationship between Latin American literature and the European tradition, particularly
through the concepts of influence, intertextuality, and transculturation, as well as the meaning of Latin
Americanism in different historical contexts. The methodology is comparative and critical-interpretive in
nature. The study examines theoretical texts representative of two historical moments: the discussions of
the 1970s on literature and underdevelopment (mainly Candido and Rama) and the later debates on
globalization and cultural nationalism present in the work of Perrone-Moisés. Through the reading and
comparison of these essays, their theoretical assumptions and their implications for understanding Latin
American literature are analyzed. The analysis shows that, although the three authors acknowledge the
constitutive relationship between Latin America and the European tradition, they differ in their
interpretations. The study concludes that Latin American literature takes shape in an intermediate space,
resulting from dynamic cultural exchanges rather than from simple dependence or imitation.
KEYSWORD
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 175 ISSN 2422-5932
1. Introducción
El presente trabajo analiza las motivaciones que han sustentado la defensa
de una unidad latinoamericana en el campo de la cultura en dos momentos
históricos distintos. El primero corresponde a los debates sobre la literatura
latinoamericana desarrollados en la década de 1970, posteriores al boom,
fenómeno que contribuyó a difundir esa literatura a escala mundial. Se trata
de un período marcado por la expansión de regímenes autoritarios en el
continente.
El segundo momento, por su parte, se sitúa aproximadamente treinta
años después, en el cambio de siglo, cuando gobiernos progresistas
asumieron por primera vez la presidencia de diversos países
latinoamericanos tras décadas de políticas neoliberales. En ese contexto, la
creación de bloques comerciales entre esos países se fundamentó, por un
lado, en la idea de una unidad continental frente al Norte global y, por otro,
coexistió con la difusión del concepto de globalización, entendido como una
nueva fase del capitalismo mundial que parecía amenazar con volver obsoleta
cualquier forma de nacionalismo.
Este trabajo se propone comparar algunos escritos teóricos sobre la
literatura latinoamericana que, de una u otra manera, abordan la cuestión de
la influencia literaria, un concepto particularmente problemático en el
contexto latinoamericano debido al pasado colonial del continente.
La idea de una identidad latinoamericana es muy anterior al boom; sin
embargo, nunca antes se había visto tan fortalecida, especialmente en el
plano literario, como en los años setenta. Inmediatamente posterior a ese
fenómeno que difundió la literatura latinoamericana en todo el mundo, la
década de 1970 se convirtió en un período de balance crítico, caracterizado
por una gran proliferación de textos sobre el tema. El crítico uruguayo Ángel
Rama, uno de los latinoamericanistas más entusiastas y activos del período,
expone las razones que, en aquel momento, sustentaban la defensa de la
unión entre los países del continente:
La unidad de América Latina ha sido y sigue siendo un proyecto del equipo
intelectual propio, reconocida por un consenso internacional. Está fundada en
persuasivas razones y cuenta a su favor con reales y poderosas fuerzas unificadoras.
La mayoría de ellas radica en el pasado, habiendo modelado hondamente la vida de
los pueblos: van desde una común historia a una común lengua y a similares modelos
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 176 ISSN 2422-5932
de comportamiento. Las otras son contemporáneas y compensan su minoridad con
una alta potencialidad: responden a las pulsiones económicas y políticas universales
que acarrean la expansión de las civilizaciones dominantes del planeta. (Rama, 1989:
57)
También en torno a la cuestión de la latinoamericanidad, en “Literatura
y subdesarrollo” (1972) el crítico brasileño Antonio Candido introduce
algunos de los temas relativos a la identidad del continente que
posteriormente llevarán Ángel Rama, en Transculturación narrativa en América
Latina, a reflexionar sobre la literatura latinoamericana en relación con el
modelo europeo. El concepto de transculturación adapta a la crítica literaria
una noción proveniente de la antropología con el fin de pensar los procesos
de elaboración estética propios del continente.
En los años noventa, en medio de los debates sobre la globalización y
sobre las identidades femenina, negra y poscolonial impulsados por los
estudios culturales, Leyla Perrone-Moisés, en Vira e mexe, nacionalismo,
cuestiona la necesidad de una unidad cultural en el plano continental y
denomina “nacionalismo folclorizador” a lo que percibe como intentos
puristas del latinoamericanismo.
En ambos momentos persiste una relación conflictiva entre la cultura
europea, entendida como tradición, modelo y centro de legitimación, y la
cultura latinoamericana, concebida como nueva, heredera y, en muchos
casos, situada en una posición subalterna.
Los textos aquí analizados ilustran tendencias propias de dos períodos
distintos del debate sobre la identidad latinoamericana. En la década de 1970
se publicaron ensayos (que con el tiempo se volverían clásicos) dedicados a
reflexionar sobre el lugar de la literatura latinoamericana en el canon
universal. Un ejemplo significativo fue el proyecto de la Unesco, coordinado
por César Fernández Moreno, que reunió a un amplio conjunto de escritores
de diversos países del continente para reflexionar sobre América Latina en su
literatura (1972). De ese volumen procede el texto de Antonio Candido que
analizaremos en este trabajo.
Antes de abordarlo, sin embargo, conviene recordar las palabras del
poeta y ensayista cubano Roberto Fernández Retamar, también incluidas en
ese libro, porque introducen con particular lucidez el panorama de la
literatura latinoamericana de entonces. Al revisitar un texto de Pablo Neruda
en el que el poeta chileno se quejaba de que los jóvenes con aspiraciones
intelectuales de su tiempo solo leían a Franz Kafka, Rainer Maria Rilke, D.
H. Lawrence y otros autores europeos, Retamar celebra el hecho de que “hoy,
el jovencito mexicano, cubano o argentino en trance de hablar de literatura,
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 177 ISSN 2422-5932
encontrará del peor gusto dejar de mencionar a toda una tribu de escritores
latinoamericanos.” (Fernández Moreno, 1972: 317)
Después de Cien años de soledad, Rayuela y El Aleph, entre otras obras, el
lugar de la literatura latinoamericana es claramente otro; sobre ese nuevo
lugar versan precisamente los ensayos de Candido y Rama seleccionados para
este trabajo.
El libro Vira e mexe, nacionalismo: paradoxos do nacionalismo literário, de
Leyla Perrone-Moisés, pertenece a un momento muy posterior, en el que la
idea de latinoamericanidad se reconfigura. Este trabajo analiza, por lo tanto,
dos momentos de la historia del pensamiento latinoamericano que siguen
incidiendo en el presente. Consideramos que, aunque anteriores al libro de
Perrone-Moisés, los textos de Candido y de Rama, que analizaremos, resultan
hoy más vigentes que Vira e mexe, nacionalismo, especialmente en lo que
respecta a su crítica de los estudios culturales. Estos, lejos de debilitarse, se
fortalecieron y se autonomizaron, dando lugar a campos como los estudios
de género, queer, poscoloniales y decoloniales, que transformaron
profundamente no solo los estudios literarios, sino también a las
humanidades en su conjunto.
2. La cuestión latinoamericana en los años 70
2.1 Literatura y subdesarrollo
La contribución de Antonio Candido a la discusión sobre la influencia se
articula en torno a un concepto tomado del campo de la economía: el
subdesarrollo. El ensayo “Literatura y subdesarrollo”, escrito en 1969 y
publicado por primera vez en una revista francesa, surge en diálogo con su
amigo Ángel Rama, como lo cuenta el propio Candido en entrevista al
profesor Pablo Rocca: “Ele [Rama] é responsável pelo meu ensaio mais
conhecido na América espanhola, ensaio que me levou a aprofundar as
leituras no setor.” (Rocca, 2009: 24) Según Candido, el propio título del
ensayo provino de una sugerencia del crítico uruguayo:
Naquela altura [1968] houve uma reunião promovida, creio que no México, pelo
Unesco a fim de planejar a obra que se chamou depois América Latina en su
literatura (...) Sergio Buarque de Holanda propôs o meu nome para um determinado
tópico, mas Ángel (que era seu amigo) interveio dizendo: “Para Antonio Candido
tengo un tema: Literatura y subdesarrollo”. (Rocca, 2009: 24)
El proyecto al que se refiere es el libro América Latina en su literatura
(1972), ya mencionado anteriormente. Resulta llamativo, sin embargo, que el
proyecto no incluya un texto de Rama. En una carta dirigida a Candido, el
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 178 ISSN 2422-5932
crítico uruguayo explica esa ausencia: “Aunque parezca imposible, terminé
renunciando a hacer yo una contribución, pues coincidió con una
enfermedad fastidiosa y un desinterés por el trabajo intelectual, el año 1969.”
(Candido y Rama, 2016: 52).
La ausencia de Ángel Rama en un proyecto tan importante se hace
notar una vez que su influencia fue definitiva para el diálogo entre los
intelectuales del continente y, en el caso del siempre aislado Brasil, Rama
creó un puente entre este país y el resto de Latinoamérica, especialmente por
medio de la biblioteca Ayacucho que dirigió. La propia participación de
Candido en el proyecto de la Unesco se dio por indicación de Rama, así que
“Literatura y subdesarrollo” es parte del diálogo de su autor con el crítico
uruguayo, que más tarde culminaría en los primeros ensayos de este sobre la
transculturación.
Uno de los primeros seminarios en que Rama habla sobre el tema que
se está gestando fue dictado justamente en la Universidade de São Paulo
(USP), por invitación de Candido, que enseñaba ahí. En correspondencia,
Rama le informa al amigo brasileño el tema del seminario que compartirá
como profesor invitado en la USP: “podría tratar de un tema en que estoy
metido y me apasiona, que puede titularse ‘los procesos de transculturación
en la narrativa latinoamericana’”. (Candido y Rama, 2016: 61)
Puede afirmarse que “Literatura y subdesarrollo” recoge elementos del
intercambio intelectual entre Antonio Candido y Ángel Rama,
particularmente en lo que respecta a sus inquietudes acerca de la posición de
América Latina dentro de su propio desarrollo cultural. En ese diálogo, el
continente es pensado desde su condición de excolonia y desde una situación
de subalternidad cultural y económica en relación con Europa: primero
durante el período colonial (bajo el dominio de España y Portugal) y luego
en el contexto poscolonial, marcado por la fuerte influencia económica del
Reino Unido y cultural de Francia. En el siglo XX, esa relación de
dependencia se reconfigura con el creciente protagonismo de Estados
Unidos en la región, particularmente a través de su injerencia política y
económica.
En “Literatura y subdesarrollo”, Candido analiza esta condición de
subalternidad, destacando las limitaciones de América Latina tanto como
productora como consumidora de bienes culturales en comparación con los
países industrializados. Desde su llamado “descubrimiento”, señala el crítico,
América fue concebida como un “Mundo Nuevo” en construcción y, por lo
tanto, como un espacio proyectado hacia el futuro, una tierra asociada a la
imaginación utópica. La literatura producida en el continente (desde las
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 179 ISSN 2422-5932
primeras cartas de Cristóbal Colón hasta el fervor romántico, que en América
Latina coincidió con el período de las independencias) participó de ese
mismo imaginario, celebrando la grandeza potencial del territorio y las
promesas históricas que parecía encarnar.
Los intelectuales latinoamericanos han heredado ese estado de entusiasmo y lo han
transformado en instrumento de afirmación nacional y justificación ideológica. La
literatura se hizo lenguaje de celebración y ternura, favorecida por el romanticismo,
con apoyo de la hipérbole y en la transformación del exotismo en estado de alma.
(Candido, 1991: 300)
Candido recuerda que el fervor nacionalista que acompañó la
formación de los Estados latinoamericanos buscó en la naturaleza
(concebida como principal riqueza y promesa de grandeza futura) una forma
de compensación simbólica frente a la inferioridad económica heredada de
la condición colonial. La exuberancia del territorio y la abundancia de
recursos funcionaban, así, como fundamento imaginario de un destino
histórico superior todavía por realizarse.
La tomada de conciencia, por parte del continente, de su subdesarrollo
introduce, sin embargo, un cambio radical de perspectiva. En primer lugar,
porque les hace abandonar la promesa de un futuro grandioso para situar el
análisis en el presente. Y ese presente ya no aparece como horizonte de
expectativas, sino como una realidad marcada por la desigualdad estructural
y por la persistente inferioridad económica de las antiguas colonias.
Dada esta unión casual “tierra bella – patria grande”, no es difícil ver la repercusión
que traería la conciencia del subdesarrollo como cambio de perspectiva, que impuso
la realidad de los suelos empobrecidos, el arcaísmo de las técnicas, la pasmosa miseria
de las poblaciones, su incultura paralizadora. (Candido, 1991: 301)
Aunque el llamado a la realidad producido por ese cambio de
perspectiva implique el reconocimiento de un panorama desfavorable,
Candido ve en él también la posibilidad de una acción consciente y la
adopción de una actitud crítica orientada al avance social.
Ya no se trata de un punto de vista pasivo. Desprovisto de euforia, él es agónico y
lleva a la decisión de luchar, pues el trauma producido en la conciencia por la
comprobación de lo catastrófico del atraso suscita reformulaciones políticas. […] De
allí la disposición al combate que se extiende por todo el continente, convirtiendo la
idea de subdesarrollo en fuerza propulsora, que da un carácter nuevo al tradicional
empeño político de nuestros intelectuales. (Candido, 1991: 301)
El cambio de perspectiva de país nuevo a país subdesarrollado amplía
la cuestión latinoamericana más allá de los contenidos o las formas estéticas,
proyectándola sobre las condiciones materiales de producción y circulación
de las obras literarias. Para Candido, escribir en América Latina ha implicado
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 180 ISSN 2422-5932
históricamente enfrentar obstáculos estructurales: la escasez de lectores, las
limitaciones del mercado editorial y las dificultades económicas para publicar
y difundir los textos:
Al analfabetismo se vinculan, en efecto, las manifestaciones de debilidad cultural:
falta de medios de comunicación y difusión (editoriales, bibliotecas, revistas,
periódicos); inexistencia, dispersión y debilidad de los públicos disponibles para la
literatura, lo que se debe al pequeño número de lectores reales (mucho menor que
el número reducido de alfabetizados); imposibilidad de especialización de los
escritores en sus tareas literarias, en general realizadas como actividades marginales
o aun por mera afición; falta de resistencia o discriminación frente a influencias y
presiones externas. (Candido, 1991: 301-302)
Aunque el aumento del número de alfabetizados (en crecimiento
sostenido a lo largo del siglo XX) haya ampliado el público lector y el
mercado editorial, Candido observa que la expansión de los medios de
comunicación de masas, primero la radio y luego el cine y la televisión,
terminó por disputar (y en gran medida conquistar) la atención de ese público
potencial.
La influencia que examina Candido no se restringe, por lo tanto, al
ámbito estrictamente literario, sino que se inscribe en el campo más amplio
de la cultura de masas. A las dificultades estructurales para publicar y
consolidar un público lector (condiciones necesarias para la formación de una
tradición literaria) se suma la competencia desigual frente al poder económico
de los países desarrollados en la capacidad de difusión de sus productos
culturales. Candido analiza la literatura como parte de un sistema cultural más
amplio, dentro del cual funciona como vehículo de expresión y transmisión
simbólica junto con otros medios, como el cine, la radio o la televisión. Todos
ellos mantienen relaciones de diálogo, competencia y disputa por la captación
de públicos.
En este marco, la cultura de masas tiende a imponer valores extranjeros
a menudo distantes de la realidad social local. Un ejemplo es la fascinación
por las películas de western producidas en Estados Unidos, donde los héroes
son celebrados por su valentía y su destreza en la violencia contra poblaciones
indígenas. Estas representaciones favorecen la perspectiva del colonizador de
tal modo que, pese a su evidente crueldad y a su semejanza con experiencias
históricas de violencia colonial también vividas en América Latina, parte del
público latinoamericano (frecuentemente descendiente de pueblos indígenas
despojados de sus tierras) termina admirando el coraje y la valentía del
protagonista, antes que cuestionar la violencia que encarna.
En nuestra época, una catequesis al revés convierte rápidamente al hombre rural a
la sociedad urbana, por medio de recursos comunicativos que comprenden hasta la
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 181 ISSN 2422-5932
inculcación subliminal, imponiéndole valores dudosos y bastante distintos de los que
el hombre culto busca en arte y en la literatura. (Candido, 1991: 303)
En el campo literario, Candido subraya la inevitable influencia de los
autores europeos en distintos momentos de la formación cultural
latinoamericana. En sus inicios, en un contexto de baja alfabetización y de
público lector reducido, el escritor latinoamericano (huérfano de una
tradición local consolidada) hizo poco más que imitar los modelos de la
metrópoli, imaginando incluso un público ideal distinto del existente en sus
propios países: “Él escribía como si en Europa estuviera su público ideal, y
así se disociaba muchas veces de su tierra” (Candido, 1991: 306). Estos
primeros escritores se dirigían a un reducido círculo de “hombres cultivados”
y, con frecuencia, pertenecían ellos mismos a una élite desvinculada de los
problemas locales, produciendo, según Candido, una obra culturalmente
alienada de la realidad latinoamericana. Ejemplos de esta orientación pueden
encontrarse en el modernismo hispanoamericano y en el parnasianismo y el
simbolismo brasileños.
En consonancia con el pensamiento de Rama, que veremos más
adelante, Candido identifica en el regionalismo posterior a la década de 1930
una de las principales fuentes de originalidad de la literatura latinoamericana
porque fueron ellos los responsables por una etapa de preconciencia del
subdesarrollo. Aunque el modelo formal para la novela regionalista se
inspirara en la novela realista europea
1
, las condiciones sociales específicas
del subdesarrollo proporcionaron el marco para una producción auténtica,
marcada por un “color local” distintivo tratado, no de manera pintoresca
como hicieron los románticos, sino con un énfasis en los problemas sociales
de los grupos representados.
Reconociendo la persistente dependencia cultural (sobre todo en el
plano formal), Candido propone la noción de interdependencia cultural. La
influencia europea no implicaría, por tanto, ni pura imitación ni pura
originalidad: ante la realidad del subdesarrollo, esa dicotomía queda superada
y pierde relevancia como clave interpretativa.
El camino de la reflexión sobre el subdesarrollo lleva, en el terreno de la cultura, al
de la integración transnacional, puesto que lo que era imitación va cambiándose cada
vez más en asimilación recíproca. (Candido, 1991: 312)
Fue precisamente la literatura regionalista la que permitió el tránsito
desde un nacionalismo pintoresco, anclado en la idea de “país nuevo”, hacia
1
Aquí, Candido se refiere a los regionalistas brasileños, que fueron menos
experimentalistas que los regionalistas del boom, por ejemplo, o que el mismo Guimarães
Rosa, que surgió una década después.
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 182 ISSN 2422-5932
una toma de conciencia crítica de los problemas sociales. En lugar de
reafirmar el exotismo latinoamericano como rasgo identitario celebratorio,
los autores regionalistas posteriores a 1930 promovieron una mirada
desmitificadora que interpretaba sus sociedades desde la experiencia
concreta del subdesarrollo.
Candido distingue, entonces, tres momentos del regionalismo. El
primero, practicado durante el Romanticismo, se caracteriza por un fuerte
acento pintoresco y sería posteriormente condenado por su énfasis en el
estereotipo. El segundo momento corresponde a la fase de “preconciencia
del subdesarrollo” de la novela social, con un marcado énfasis en los
problemas sociales. En este contexto, el regionalismo funciona como un
espacio de denuncia al representar a grupos sociales como los trabajadores
del cacao en la obra de Jorge Amado o el campesino sin tierra en la de Rulfo
o Graciliano Ramos, figuras que aparecen como productos del subdesarrollo.
Al tercer momento Candido le da el nombre de “superregionalismo”,
con el fin de distinguir escrituras que ya forman parte de una tradición literaria
latinoamericana; es decir, una tradición influida no solo por modelos
europeos, sino por la producción local precedente, como ocurre en el caso
de Guimarães Rosa. Este tipo de escritura se aleja completamente del
regionalismo pintoresco y se aproxima a una dimensión más universal.
Fruto del diálogo entre Candido y Rama, el concepto de
“superregionalismo” es apenas anunciado en este ensayo. Quien se encargará
de desarrollarlo en profundidad (gracias, en particular, a su mayor
conocimiento de las distintas literaturas del continente) será Rama, mediante
la transposición del concepto de transculturación al campo de los estudios
literarios.
2.2 Transculturación
Ya comentamos la estrecha relación entre el pensamiento de Candido y
Rama, especialmente en el caso de “Literatura y subdesarrollo”. Sobre este
ensayo, Ángel escribe con gran entusiasmo, felicitando a su autor tras su
primera lectura:
Es realmente excelente, y digo esto como si me elogiara a mí mismo. Me produce
cierto asombro comprobar cómo caminamos por sendas parecidas, que creo se
deben a perspectivas críticas similares. (Candido y Rama, 2016: 63)
La carta continúa con Rama señalando que las ideas expuestas en el nuevo
ensayo de su amigo convergen con las que él mismo venía elaborando en sus
incipientes estudios sobre la transculturación:
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 183 ISSN 2422-5932
Enteramente de acuerdo con la tesis que te conduce progresivamente del cambio
hacia el 30 del país nuevo al país subdesarrollado y a una valoración que rescata el
regionalismo en una nueva perspectiva que tú llamas superregionalismo. Eso mismo
es lo que, bajo el título de los transculturadores de la narrativa, te proponía como
uno de los temas del seminario en mi visita a São Paulo. (Candido y Rama, 2016: 63-
64)
El concepto de transculturación literaria desarrollado por Rama tardó
varios años en alcanzar su formulación más acabada en el libro
Transculturación narrativa en América Latina (1982). Con anterioridad, había sido
ya objeto del seminario mencionado, dictado por Rama en Brasil en 1973. Al
año siguiente publicó el ensayo “Los procesos de transculturación en la
narrativa latinoamericana” en una revista venezolana, texto que más tarde se
convertiría en la primera parte del libro de 1982.
En ese ensayo, Rama sostiene que “las letras latinoamericanas nunca se
resignaron a sus orígenes y nunca se reconciliaron con su pasado ibérico”
(Rama, 1989: 11). Según el crítico uruguayo, desde sus inicios la producción
literaria del continente ha estado marcada por un impulso de rebeldía y por
una persistente necesidad de diferenciación respecto de su “madre ibérica”,
tendencia que se prolonga hasta bien entrado el siglo XX. El eje central del
análisis literario de Rama es el concepto antropológico de cultura. Es
precisamente de la cultura, entendida como el conjunto de “rasgos
intrínsecos de la sociedad” (Rama, 1989: 17), de donde la literatura
latinoamericana extrae su originalidad:
La única manera en que el nombre de América Latina no sea invocado en vano es
cuando la acumulación cultural interna es capaz de proveer no solo de “materia
prima”, sino de una cosmovisión, una lengua, una técnica para producir las obras
literarias. No hay nada aquí que se parezca al folklorismo autárquico, irrisorio en una
época internacionalista, pero sí hay un esfuerzo de descolonización espiritual,
mediante el reconocimiento de las capacidades adquiridas por un continente que
tiene ya una muy larga y fecunda tradición inventiva, que ha desplegado una lucha
tenaz para constituirse como una de las ricas fuentes culturales del universo. (Rama,
1989: 20)
La reflexión de Ángel Rama remite tanto a la “acumulación cultural”
como a la “tradición”, concebidas como componentes intrínsecos de toda
cultura a lo largo del tiempo. Resulta evidente aquí la influencia de Formação
da literatura brasileira (1958), de Candido, quien sostiene en su introducción
que la constitución de cualquier literatura atraviesa inicialmente una etapa de
manifestaciones literarias aisladas antes de consolidarse como un sistema.
Esta consolidación se produce cuando confluyen tres elementos
fundamentales: un conjunto de autores, un público lector y un “mecanismo
transmisor”, es decir, la “técnica para producir obras literarias” a la que alude
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 184 ISSN 2422-5932
el pasaje citado. Según Candido, es precisamente la sistematización de una
determinada literatura lo que hace posible el surgimiento de una tradición:
Cuando la actividad de los escritores de un determinado período se integra en dicho
sistema, ocurre otro elemento decisivo: la formación de la continuidad literaria,
especie de transmisión de la antorcha entre corredores que asegura en el tiempo el
movimiento en su conjunto, definiendo lineamientos de una totalidad. Se trata de
una tradición (…) Sin esa tradición no habría literatura como fenómeno de
civilización. (Candido, 1991: 236)
Rama propone, a partir del reconocimiento de una tradición
compartida por todo el continente latinoamericano, un “esfuerzo de
descolonización espiritual” que implica observar, valorar y reinterpretar la
producción cultural autóctona. La originalidad de la literatura
latinoamericana derivaría, así, de la historia de sus pueblos y de los productos
culturales que esa historia ha generado (tipos sociales, costumbres, formas
de vida), quedando al escritor la tarea de representarlos. Desde esta
perspectiva, la labor del autor consistiría principalmente en recoger y
reelaborar esa “acumulación cultural” sedimentada a lo largo del tiempo. De
allí se desprende el lugar central que ocupa el regionalismo como expresión
de lo autóctono, es decir, de lo particular y de lo propio.
La dicotomía “regional/urbano” pone de relieve una serie de
oposiciones conceptuales. La “tradición”, fundamento de una sensibilidad
nacionalista orientada a la valorización de “lo nuestro”, remite a aquello que
cohesiona a una comunidad a partir de sus rasgos distintivos. En contraste,
lo “cosmopolita”, característico de los espacios urbanos, aparece asociado a
la idea de progreso y a procesos que tienden a homogeneizar los modos de
vida y, en consecuencia, la cultura. Así, lo regional se vincula con el “color
local”, lo nacional y lo autóctono, mientras que lo urbano se aproxima a los
modelos de las metrópolis europeas bajo el signo de la modernidad.
El concepto de transculturación es tomado del antropólogo cubano
Fernando Ortiz y constituye, a su vez, una reformulación latinoamericana del
concepto europeo de aculturación. Frente a este último (que sugiere un
proceso fundamentalmente pasivo de recepción cultural), la noción de
transculturación introduce una dimensión activa, dinámica y conflictiva del
intercambio entre culturas. De este modo, se hace visible el carácter creativo
y transformador de las sociedades latinoamericanas, que no solo reciben
influencias externas, sino que también las reconfiguran, resignifican e
integran en formas culturales propias.
En este sentido, la transculturación elimina la pasividad implícita en la
idea de aculturación y adopta el carácter rebelde de esa literatura que, como
afirma Ángel Rama, “nunca se resignó a sus orígenes”. Así, la
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 185 ISSN 2422-5932
transculturación designa un proceso de apropiación selectiva y de
transformación cultural mediante el cual lo heredado se convierte en algo
nuevo, resultado de tensiones, negociaciones y reelaboraciones históricas.
No se trata simplemente de recibir una tradición, sino de recrearla:
Revela resistencia a considerar la cultura propia, tradicional, que recibe el impacto
externo que habrá de modificarla, como una entidad meramente pasiva o incluso
inferior, destinada a mayores pérdidas, sin ninguna clase de respuesta creadora.
(Rama, 1989: 33)
El concepto de “transculturación”, por lo tanto, entiende la relación de
influencia como un proceso eximido, en principio, de cualquier lógica de
subalternidad. No se trata de una cultura superior que transforma a una
cultura inferior, sino de un encuentro cuyo resultado es una “respuesta
creadora”. Para Rama, la cultura no es estática, sino un sistema en
permanente transformación, modelado tanto por su propio desarrollo
histórico como por el contacto continuo con otras culturas. En este marco,
la relación entre ciudad y campo adquiere un sentido estructurante: el centro
urbano funciona como puerto de recepción de influencias externas, mientras
que el campo opera como reservorio de la cultura en su forma más elemental
y persistente.
Rama encuentra ejemplos paradigmáticos de transculturación en la obra
de autores como José María Arguedas, João Guimarães Rosa y Gabriel
García Márquez. A diferencia de sus antecedentes regionalistas (como
Rómulo Gallegos), estos escritores no narran desde el registro urbano
estandarizado del español o del portugués, marcando con comillas la
distancia respecto de las variantes americanas presentes en el habla de los
personajes ni recurriendo a glosarios para explicar los americanismos. Por el
contrario, influidos tanto por la literatura moderna como por las vanguardias
(formas de expresión asociadas a los centros metropolitanos), asumieron la
libertad de experimentar con el lenguaje local. Este lenguaje no pretende
reproducir de manera estrictamente mimética el habla popular, sino que
constituye una invención literaria profundamente arraigada en rasgos
culturales y lingüísticos específicos de cada región.
La novela regional se había elaborado sobre los modelos narrativos del naturalismo
del XIX, los que adecuó a sus necesidades expresivas. Enfrenta ahora el abanico de
recursos vanguardistas que inicialmente pudieron ser absorbidos por la poesía y
recién después fecundaron la narrativa realista crítica y prácticamente engendraron
la narrativa cosmopolita, en particular su vertiente fantástica. (Rama, 1989: 43-44)
Tanto en el plano del lenguaje como en el de la estructura literaria, la
influencia exterior contribuyó a transformar la producción cultural local. Sin
embargo, lejos de establecer una relación pasiva de mera imitación, ese
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 186 ISSN 2422-5932
contacto dio lugar a formas genuinamente nuevas. Así ocurrió, por ejemplo,
con el llamado realismo mágico, donde convergen distintas tradiciones: la
herencia de la novela naturalista en el tratamiento de los temas, el
experimentalismo formal de las vanguardias y, al mismo tiempo, matrices
culturales profundamente arraigadas en lo local.
En la obra de João Guimarães Rosa, esta síntesis se nutre de la tradición
oral del sertanejo; en José María Arguedas, del universo cultural indígena; y en
Gabriel García Márquez, de la experiencia histórica y simbólica del mundo
rural colombiano. En todos estos casos, la influencia externa no sustituye lo
propio, sino que se integra a él en un proceso de recreación que produce
formas literarias inéditas.
3. Vira e mexe, nacionalismo
El título del libro Vira e mexe, nacionalismo. Paradoxos do nacionalismo literário
(2007), de Leyla Perrone-Moisés, ironiza lo que la autora ve como una
reiterada necesidad de las literaturas latinoamericanas de afirmar y demarcar
su identidad como forma de legitimación cultural. Escritos en la década de
1990, en un contexto en que los debates sobre la globalización adquieren
centralidad, los primeros ensayos del volumen: “A cultura latino-americana
entre a globalização e o folklore” y “Paradoxos do nacionalismo literário na
América Latina” cuestionan la vigencia misma del concepto de “literatura
latinoamericana”.
El primer problema señalado por la autora radica en el carácter
homogeneizador de esa noción. América Latina no constituye una unidad
cultural uniforme, sino un conjunto de países con trayectorias históricas,
lingüísticas y sociales diversas. Si existen tantas diferencias internas, ¿por qué
insistir en la categoría de literatura latinoamericana como si designara una
entidad coherente y homogénea? Para Perrone-Moisés, esta pregunta pone
en evidencia el carácter problemático (e incluso artificial) de una
denominación que tiende a borrar la heterogeneidad que pretende
representar.
A união política, económica e cultural dos países latino-americanos é uma velha meta
que as novas relações internacionais agora favorecem. Entretanto, quando se trata
de cultura, alguns equívocos devem ser evitados. As semelhanças entre nossos
problemas políticos e econômicos não devem levar a um projeto de união cultural
que esqueça as grandes diferenças entre as diversas culturas do continente ou a um
fechamento com relação às culturas dos países hegemônicos. (Perrone-Moisés, 2007:
21)
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 187 ISSN 2422-5932
Perrone-Moisés distingue la necesidad de unidad en los ámbitos
político, de un lado, y cultural, del otro, dentro del contexto latinoamericano.
Mientras que en el plano político la articulación entre los países del
continente puede resultar estratégica y favorable en el marco de la
globalización, en el campo de la cultura esa tendencia a la unificación
constituye, para la autora, un equívoco.
El riesgo radica en el “nacionalismo exacerbado” que puede surgir del
esfuerzo de los intelectuales latinoamericanos por diferenciarse de los países
hegemónicos. Ese impulso se vuelve problemático cuando se orienta a la
búsqueda de una identidad fija y cerrada, que rechaza toda influencia exterior
y se centra en la afirmación de “uma especificidade autóctone, mítica e
regresiva” (Perrone-Moisés, 2007: 22). Para la autora, el concepto mismo de
cultura no puede entenderse como una esencia dada o estable, una vez que
se constituye siempre en relación con múltiples influencias. La cultura es, por
definición, un espacio de intercambios, tensiones y transformaciones
continuas: está inevitablemente atravesada por procesos de mezcla y
contacto:
A identidade cultural original dos países latino-americanos, que já era múltipla, foi,
em muitos casos, apagada pela colonização e, em outros, transformada pela
mestiçagem. Nos países em que se mantiveram traços das culturas autóctones, aos
quais se acrescentaram mais tarde as marcas das culturas africanas e dos países de
imigrantes, são as misturas efetuadas que constituem nossa originalidade com relação
aos países colonizadores. (Perrone-Moisés, 2007: 22)
La historia del mestizaje y de las migraciones vinculadas al proceso de
colonización ha dado origen, según Perrone-Moisés, a la originalidad de la
cultura latinoamericana. La cultura del continente sería, por lo tanto, el
resultado de ese intercambio.
Perrone-Moisés cita al latinoamericanista estadounidense Richard
Morse, quien observa que, entre los pueblos del mundo, los latinoamericanos
parecen ser los únicos que utilizan (contra la propia etimología del término)
la palabra “bárbaro” para referirse a sí mismos y no a los otros. Pero ¿no es
precisamente este uno de los efectos más persistentes del colonialismo?
Pensamos que cuando se habla de mentalidad colonial, se alude, justamente,
a esta forma de autodepreciación tan característica de muchos países
latinoamericanos, desafortunadamente. Prueba de ello es la abundancia, en
el vocabulario cotidiano, de términos despectivos utilizados para marcar los
rasgos no europeos: “indio” y “negro”, por ejemplo, han funcionado (y en
muchos contextos aún funcionan) como insultos, con variaciones según el
país.
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 188 ISSN 2422-5932
Si la relación con los antiguos colonizadores puede pensarse en
términos familiares, como propone Perrone-Moisés, se trataría entonces de
una familia profundamente disfuncional. Nuestros “padres” nos enseñaron
a admirar aquello que se les asemeja y a lamentar lo que, en nosotros, aún
remite a la época anterior a que ellos nos dieran un nombre. Situado en un
período fuertemente influenciado por los estudios poscoloniales, Vira e mexe,
nacionalismo busca distanciarse de esta corriente adoptando el concepto de
“mestizaje” en lugar del “multiculturalismo”, término en boga en los estudios
poscoloniales: “Nos países latinoamericanos não há multiculturalismo […];
há mestiçagem, recriação cultural permanente, transculturação.” (Perrone-
Moisés, 2007: 23). Si el multiculturalismo supone la coexistencia de culturas
distintas que comparten un mismo espacio, el mestizaje se define por la
mezcla efectiva entre ellas, de la cual emerge una nueva configuración
cultural. La diversidad cultural, por lo tanto, no se limita a la simple
convivencia, sino que implica procesos de interacción, transformación
mutua y contaminación recíproca entre las culturas en contacto.
Uno de los problemas más graves del nacionalismo en el campo
cultural, según Perrone-Moisés, es que, en el esfuerzo por diferenciarse de
las antiguas metrópolis, los autores terminan recurriendo a lo folclórico
como principal marca de originalidad. Lo folclórico aparece así como la
dimensión más estática de la cultura, en la medida en que se configura como
un permanente retorno al pasado, concebido como depósito de las “raíces”
o del supuesto origen puro de una comunidad.
La autora no niega la importancia de lo folclórico en la construcción de
la identidad colectiva, pero advierte contra su uso (que denomina
“populista”) cuando se lo convierte en criterio exclusivo de autenticidad
cultural. Su crítica se dirige especialmente al rechazo indiscriminado de la
tradición europea, que constituye, también, una parte constitutiva de la
formación histórica latinoamericana. Frente a los desafíos de la globalización,
Perrone-Moisés sostiene que la postura más productiva no consiste ni en la
imitación acrítica de los modelos de los países hegemónicos ni en el repliegue
hacia un esencialismo folclórico, sino en una posición intermedia que articule
desarrollo material y preservación de la riqueza cultural: “Lutar contra a
pobreza material e conservar a nossa riqueza cultural é o desafio que nós,
latino-americanos, deveremos enfrentar no século XXI.” (2007: 27), así
concluye el primer ensayo del libro.
El tema que atraviesa los ensayos reunidos en Vira e mexe, nacionalismo,
es, en última instancia, la relación conflictiva entre las antiguas colonias
latinoamericanas y sus “padres” o “madres” europeos, una relación que la
autora describe como una verdadera “cuestión de familia” que debe ser
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 189 ISSN 2422-5932
superada. De allí deriva su crítica a los estudios poscoloniales. A su juicio, la
experiencia histórica latinoamericana no puede equipararse sin más a la de
las colonias británicas o francesas, mucho más tardías. En este sentido, el
caso latinoamericano presenta especificidades que requieren marcos
interpretativos propios
2
. Vinculada estrechamente al campo de la literatura
comparada, Perrone-Moisés propone comprender la influencia europea no
como mera dominación, sino como una relación de filiación cultural
compleja y constitutiva:
A América Latina é cria da cultura europeia e, em vez de rejeitar essa filiação, deve
reivindicá-la, reivindicando ao mesmo tempo tudo o que as culturas indígenas,
africanas e outras, mais recentemente, trouxeram à sua constituição. (Perrone-
Moisés, 2007: 40)
El texto de Leyla Perrone-Moisés puede leerse como una respuesta a
las nuevas corrientes críticas que buscan precisamente deshacer la idea de
una “relación familiar” entre los países europeos y sus antiguas colonias,
subrayando, en cambio, la complejidad histórica, cultural y económica de ese
vínculo.
En la secuencia de los textos aquí analizados, su propuesta parece
orientarse hacia una forma de reconciliación con el pasado histórico
latinoamericano, mientras los estudios culturales estuvieron más interesados
en encarar la historia colonial sin estos eufemismos y enfatizando el carácter
violento del proceso, por eso Harold Bloom (1994), les acuñó el apodo de
“escuela del resentimiento”. Más próximo de la posición de Bloom que de
los poscoloniales, el texto de Perrone-Moisés sugiere que la cultura
latinoamericana debe hacer las paces con el “padre europeo”; después de
todo, afirma, somos en algún sentido “crías de Europa”.
Sin embargo, hablar de una influencia “paterna” en el campo cultural
implica una reducción del análisis a un plano puramente estético (pensamos
en el concepto de la “ansiedad de la influencia” de Bloom), en el que el texto
posterior se explica únicamente por el texto anterior, sin considerar el lugar
histórico y cultural desde el que se escribe ni desde el que se lee. En esa
perspectiva, la relación de filiación corre el riesgo de oscurecer las
mediaciones concretas que intervienen en la producción y la recepción de las
obras.
La crítica de Perrone-Moisés a los estudios culturales se vuelve más
explícita en el ensayo “Desconstruindo os ‘estudos culturais’”, en el que la
2
Esta es justamente la diferencia entre los estudios poscoloniales y decoloniales. Los
textos de Vira e mexe, nacionalismo dan a entender que su autora desconoce el pensamiento
de Aníbal Quijano y Enrique Dussel, dos nombres que ya escribían en los 70.
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 190 ISSN 2422-5932
autora pretende demostrar lo que considera una lectura equivocada del
filósofo franco-argelino Jacques Derrida por parte del feminismo, de los
African Studies y de los estudios poscoloniales. En este texto resulta aún más
evidente (más que en los ensayos mencionados anteriormente) la
caricaturización que la autora hace de estos campos intelectuales, un recurso
que hoy se ha banalizado en ciertos discursos reaccionarios, como los de los
movimientos masculinistas o los grupos anti-woke y antiidentitarios.
Sobre el feminismo, escribe: “Mais do que uma essencialização, o
discurso feminista implica frequentemente a superioridade do feminino, e
cultiva uma hostilidade ao masculino.” (Perrone-Moisés, 2007: 169). En
relación con la cuestión racial, en “A cultura latino-americana, entre a
globalização e o folclore”, la autora incurre en una evidente exageración al
sugerir que los estudios poscoloniales buscarían un retorno a lo precolonial:
“Querer reduzir nossa identidade a que nos restou dos índios ou ao que nos
trouxeram os africanos é uma regressão, que pode nos levar a um racismo às
avessas.” (Perrone-Moisés, 2007: 24). En “Desconstruindo os estudos
culturais”, esta caracterización se resume en la siguiente formulación: “A
tendência à exaltação do anteriormente oprimido, como diferente e
superior.” (Perrone-Moisés, 2007: 171).
La tendencia a la exageración, utilizada para construir una imagen
estereotipada de quienes se atreven a cuestionar el modelo canónico,
encontró en la década de 1990 una de sus expresiones más célebres en El
canon occidental (1994), de Harold Bloom. En su performance apocalíptica,
Bloom recurre a una imaginería casi religiosa (tan dogmática como su propia
crítica) para advertir sobre el avance de los estudios culturales:
Todas las instituciones de enseñanza tendrán su departamento de estudios culturales,
un buey al que no conviene sacrificar, y florecerá una estética subterránea, que
restaurará en parte el romanticismo de la lectura. (Bloom, 1994: 25)
Alineados con este conservadurismo, que pretendía que los estudiosos de la
literatura se limitaran al análisis de la estética y del estilo (oponiéndose así a
la interdisciplinaridad practicada por sus antagonistas), los ensayos reunidos
en Vira e mexe, nacionalismo aún no vieron la “restauración del romanticismo
de la lectura” prometida por el profeta Harold Bloom.
Hoy en día, aún se habla de América Latina como unidad y lejos de
conformar una escuela del resentimiento, el pensamiento latinoamericano,
es decir, las voces oriundas de este continente y que interpretan el mundo
desde este lugar (o entrelugar, como diría Silviano Santiago) marcado por la
impureza, se hacen más audibles que nunca. Estas voces le deben mucho al
proyecto de Rama y Candido: “Reescribir la Historia de la Literatura
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 191 ISSN 2422-5932
Latinoamericana, eso que nunca se hizo y que estamos obligados a hacer
nosotros.” (Rama y Candido, 2016: 64), eso fue lo que propuso Rama en
correspondencia a su amigo Candido y que corrientes como los estudios
decoloniales (la versión latinoamericana de los estudios poscoloniales,
podemos decir, de una manera bastante simplista) están llevando a cabo hoy.
4. ¿Latinoamericanismo para qué?
Todos los textos analizados parten del supuesto de que la literatura
latinoamericana se constituye en relación con la tradición europea. Es en la
naturaleza de esa relación donde emergen sus principales divergencias
teóricas.
Para Perrone-Moisés, dicho vínculo es de filiación: la literatura
latinoamericana se define, ante todo, como heredera de la europea, en una
relación de transmisión cultural que forma parte de su propia constitución
histórica. Esta perspectiva se distancia claramente del pensamiento
poscolonial, que constituye el principal blanco de su crítica. Sin embargo,
cabe preguntarse qué se gana al concebir la relación colonial en términos
familiares. ¿No es, acaso, la función última de la familia heteropatriarcal
asegurar la transmisión de sus bienes a las generaciones siguientes? Esta
lógica resulta, en realidad, contraria a la experiencia colonial latinoamericana.
El texto de Perrone-Moisés reproduce así el romanticismo que Antonio
Candido criticaba en “Literatura y subdesarrollo”: un optimismo que elude
el presente problemático al orientar su mirada hacia un futuro siempre
promisorio. En palabras de la autora: “América Latina é, ao mesmo tempo,
memória e projeto, nostalgia de um passado perdido e prefiguração de um
futuro possível” (Perrone-Moisés, 2007: 24). Paradójicamente, este
optimismo constituye, según Candido, un rasgo característico del
patriotismo, noción que la propia Perrone-Moisés se propone cuestionar.
Para Candido, en cambio, la categoría de subdesarrollo desplaza el
problema de la influencia hacia el terreno de las condiciones materiales e
históricas, invitando a abandonar el optimismo patriótico y a asumir una
conciencia social crítica como fundamento de una posible transformación
política y cultural del continente.
En Rama, la influencia extranjera se inscribe en un proceso de
transculturación mediante el cual lo externo es apropiado y reconfigurado
creativamente, dando lugar a nuevas formas culturales que transforman y
resignifican lo local así como también el propio “modelo” extranjero. Por
eso más que de una influencia, estamos hablando de intertextualidad.
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 192 ISSN 2422-5932
El gran dilema que atraviesa estos textos radica en la insistencia en la
diferencia latinoamericana, que puede derivar tanto en simplificaciones
folclorizantes (exotismo, nacionalismo cerrado o patriotería) como, en el
extremo opuesto, en la imitación acrítica de la tradición europea concebida
como modelo de progreso, civilización y desarrollo. Los tres autores
coinciden en que la literatura latinoamericana no puede comprenderse
plenamente desde ninguno de esos polos. Más bien, se configura en un
espacio intermedio, como producto de una relación compleja, conflictiva y
constitutiva con otras tradiciones culturales.
Este es el punto de convergencia entre Perrone-Moisés, Candido y
Rama: todos parten de la idea de que la cultura no constituye una identidad
cerrada, sino un proceso constitutivo siempre abierto, dinámico y
transformable, moldeado por el contacto permanente con la alteridad. Desde
esta perspectiva, el desafío del pensamiento latinoamericano no consiste en
negar la influencia, sino en desarticular la jerarquía implícita en ese concepto,
según la cual quien influye ocupa una posición superior mientras que quien
recibe la influencia queda relegado al lugar de imitador. Dentro de la noción
tradicional de “tradición occidental”, Europa aparece privilegiada por la
extensión histórica de su desarrollo, anterior al del llamado Nuevo Mundo.
Esta concepción parte del supuesto de que América constituye un
descubrimiento europeo y de que su historia comienza en el momento en
que la “civilización europea” registra su existencia. En consecuencia,
categorías como “tradición literaria” o “pensamiento occidental”,
formuladas desde una perspectiva eurocéntrica, presuponen un origen o
antecedente fundador (padre, maestro o creador) que influye desde una
posición superior sobre un sucesor, heredero o discípulo que no puede
sustraerse a esa determinación.
Cuestionar la noción misma de influencia implica, por tanto, reconocer
la posición de subalternidad que dicho concepto puede imponer. En el
contexto latinoamericano, el término remite inevitablemente a la historia de
la colonización, a sus prolongaciones en formas de neocolonialismo (como
subraya Candido), a las dinámicas de imperialismo cultural o a sus posibles
reformulaciones en el marco de la globalización, problematizadas por
Perrone-Moisés. En todos los casos, la reflexión sobre la influencia se revela
inseparable de la historia de las relaciones de poder que han configurado el
lugar de América Latina en el sistema cultural mundial.
En la presentación de Vira e mexe, nacionalismo, su autora sostiene que
términos como cultura, identidad, alteridad, nacionalismo y colonialismo han
sido banalizados por los estudios posmodernos (culturales, poscoloniales,
feministas, entre otros); es decir, por corrientes de los estudios literarios que
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 193 ISSN 2422-5932
privilegian estos conceptos en detrimento de la autonomía literaria. Perrone-
Moisés propone, por ello, un retorno a la noción de literatura autónoma,
pues “No mundo atual, globalizado pela economia e pela informação, ocorre
ao mesmo tempo um enfraquecimento do Estado-nação e um
recrudescimento dos nacionalismos” (Perrone-Moisés, 2007: 15).
En última instancia, lo que busca preservar Perrone-Moisés es el lugar
de la literatura como disciplina autónoma, regida por un canon establecido
fundamentalmente por criterios estéticos, tal como predominaba antes de
que los estudios culturales comenzaran a analizar la literatura junto con otras
manifestaciones de la cultura de masas. En ese desplazamiento, el término
“literatura” cedió espacio al de “cultura”, mucho más amplio e inclusivo. La
respuesta de Perrone-Moisés a estas nuevas corrientes resuena con la de
Harold Bloom en El canon occidental (1994), donde las denomina “escuela del
resentimiento” y las acusa de haber abandonado la estética en favor de la
ideología.
5. Conclusión
La discusión sobre la influencia resulta, por lo tanto, central para pensar la
literatura latinoamericana, en la medida en que el campo literario se
constituye a partir de textos que dialogan entre sí. Hablar de literatura
latinoamericana implica referirse a una rama de ese árbol más amplio
denominado literatura universal. Sin embargo, marcar la diferencia mediante
la clasificación “latinoamericana” ha generado históricamente un
distanciamiento en nombre de una supuesta originalidad fundada en lo
autóctono, es decir, en la identidad propia de este territorio. Esa identidad
(marcada por un origen colonial y por su condición de subdesarrollo) resulta
clave para su comprensión.
El recurso a lo autóctono a través del regionalismo puede, sin duda,
derivar en lo que Perrone-Moisés denomina “folklorismo”. Sin embargo,
como demostró Ángel Rama, los llamados “transculturadores”, es decir, los
autores latinoamericanos (especialmente a partir de la década de 1950),
valiéndose de las técnicas más elaboradas de las vanguardias, escribieron
sobre los pueblos originarios del Perú (Arguedas), los campesinos
colombianos (García Márquez) o los sertanejos del Brasil profundo
(Guimarães Rosa) no como figuras incivilizadas, sino como héroes y villanos
de sus novelas.
El empleo de términos como “folklorismo”, “exótico” o “populista”
suele provenir de miradas externas. No es responsabilidad de los autores
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 194 ISSN 2422-5932
latinoamericanos que el pensamiento europeo disponga de categorías para
nombrar aquello que no se le asemeja. La diferencia es inevitable, y resulta
natural que una historia ambientada en Salvador de Bahía incluya una mãe de
santo, del mismo modo que Gogol incluyó a los mujiks en Almas muertas. ¿Por
qué habría de considerarse esto “folklorismo”? ¿Solo porque ni las mães de
santo ni los mujiks pertenecen al universo cultural europeo?
El esfuerzo por imprimir un “color local” por parte de los autores del
continente no responde únicamente a una necesidad estética de
diferenciación, sino que es, ante todo, el resultado de una historia particular
atravesada por conflictos. Precisamente por su carácter conflictivo, esta
historia no puede entenderse únicamente como herencia, que es lo que tiende
a ocurrir cuando se adopta acríticamente el concepto de influencia. Como
muestran Ángel Rama y Antonio Candido, la marca distintiva de la literatura
latinoamericana es la rebeldía. Por ello, hablar de intertextualidad (noción
que descarta posiciones jerárquicas) resulta más adecuado que insistir en la
“relación familiar” postulada por Perrone-Moisés y subyacente al concepto
tradicional de influencia.
Por último, parece ser la dimensión política la que impone la necesidad
de evocar el latinoamericanismo. En la década de 1970, en el contexto de la
Guerra Fría y de la amenaza percibida a los intereses capitalistas e
imperialistas (sobre todo después de la experiencia de la Revolución cubana),
la intelectualidad latinoamericana tendió a unirse en nombre de una historia
compartida de explotación y violencia que parecía repetirse en esos años. A
fines del siglo XX y comienzos del XXI, tras décadas de políticas neoliberales
de austeridad económica y el consiguiente aumento de la pobreza, la idea de
latinoamericanidad adquirió otra forma: la de la integración económica como
estrategia de supervivencia, materializada en la creación de bloques
regionales, entre los cuales el Mercosur ha sido uno de los más significativos.
La lógica de que “juntos somos más fuertes” impulsó proyectos de
integración comparables, en cierto sentido, a la experiencia de la Unión
Europea. Calificar estos procesos como simples expresiones de nacionalismo
puede resultar comprensible cuando el juicio proviene de observadores del
Norte global (el antiguo “Primer Mundo”); sin embargo, cuando esa crítica
proviene desde la propia región, corre el riesgo de reproducir esquemas
interpretativos heredados de una mentalidad colonial.
Hoy en día, el término nacionalismo ha sufrido un desplazamiento en
América Latina y se ha aproximado cada vez más a la noción de
“patriotismo”, particularmente en los discursos de la derecha. Estos nuevos
patriotas suelen mirar con desconfianza el latinoamericanismo que, desde la
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 195 ISSN 2422-5932
Revolución cubana, ha constituido una referencia política e intelectual de la
izquierda y, en cierto modo, una alternativa al patriotismo nacionalista. Por
ello, no resulta adecuado reducir la unión cultural de lo que el cubano José
Martí llamó “Nuestra América” a una simple forma de nacionalismo.
Tampoco es correcto afirmar que la defensa de una identidad
latinoamericana implique borrar las diferencias entre nuestros países. Desde
el boom, la literatura latinoamericana se ha comprendido como un espacio
común que es, precisamente, homogéneo en su diversidad.
La idea de que somos una cultura mestiza, tal como la formula
Perrone-Moisés, puede sugerir que la historia colonial fue un encuentro entre
civilizaciones, cuando en realidad lo que ocurrió fue un choque violento en
el que un grupo victorioso impuso su concepción del mundo a otro. Lo que
sí es cierto es que ese intento de borramiento nunca se consumó plenamente,
por más violento que haya sido. Esto es precisamente lo que enfatizaron
Candido y Rama, mucho antes del intento conciliador de Perrone-Moisés.
Desde esta perspectiva, el problema de la influencia deja de ser una
cuestión de filiación o dependencia para convertirse en una dinámica de
transformación. Como sugieren las lecturas de Rama y Candido, lo
característico de la literatura latinoamericana no es la imitación de modelos
europeos ni la afirmación de una autenticidad esencial “folklórica”, sino su
capacidad de intervenir en las tradiciones heredadas y desplazarlas. En ese
proceso, la herencia se vuelve materia de experimentación y conflicto.
Bibliografía
BLOOM, HAROLD. El canon occidental. Barcelona: Anagrama, 1994.
CANDIDO, ANTONIO. Crítica Radical. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1991.
CANDIDO, ANTONIO Y ÁNGEL RAMA. Un proyecto latinoamericano. Antonio
Candido y Ángel Rama, correspondencia. Montevideo: Estuario Editora,
2016.
FERNÁNDEZ MORENO, CÉSAR. (org.) América Latina en su literatura. Ciudad
de México: Siglo Veintiuno; UNESCO, 1972.
PERRONE-MOISÉS, LEYLA. Vira e mexe, nacionalismo. Paradoxos do
nacionalismo literário. São Paulo: Companhia das Letras, 2007.
RAMA, ÁNGEL. Transculturación narrativa en América Latina. Montevideo:
Fundación Ángel Rama, 1989.
Ricardo Costa Silva, “¿Latinoamericanismo para…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 173-196 196 ISSN 2422-5932
RETAMAR, ROBERTO FERNÁNDEZ. "Intercomunicación y nueva literatura".
En: Moreno, César Fernández. (org.) América Latina en su literatura.
Ciudad de México: Siglo Veintiuno; UNESCO, 1972.
ROCCA, PABLO. "A experiência hispano-americana de Antonio Candido".
Literatura e Sociedade, vol. 14, núm. 12, 2009.
SANTIAGO, SILVIANO. "El entrelugar del discurso latinoamericano". En F.
Garramuño y A. Amante, Absurdo Brasil (págs. 61-77). Buenos Aires:
Editorial Biblos, 2000.