Cárdenas, “Sobre Un tren viaja al cielo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 197-200 197 ISSN 2422-5932
SOBRE
UN TREN VIAJA AL CIELO
DE LA MEDIANOCHE
DE TAREK WILLIAM
SAAB
CARACAS, MONTE ÁVILA EDITORES/VADELL
HERMANOS EDITORES, 2025
Moisés Cárdenas
Universidad Autónoma de Entre Ríos, Argentina
Poeta, escritor y activista ambiental. Licenciado en Castellano y Literatura.
Estudiante de la Maestría en Política y Literatura de la Universidad Autónoma
de Entre Ríos, Argentina. Ha obtenido el Diplomado en Ciencias Políticas
en Orientación Pública y Desarrollo Social. Su línea de investigación abarca la poesía y narrativa
de autores latinoamericanos, con especial énfasis en poetas venezolanos y narradores y poetas
argentinos de las décadas de 1970, 1980 y 1990.
Recibió en 2008 el 1º Premio del Concurso de Poesía
del Ministerio de Educación (IPASME), Caracas, Venezuela,
por su poemario El silencio en su propio olvido.
Contacto: viajesideral2@yahoo.com.ar
ORCID: 0009-0004-9615-7965
DOI: 10.5281/zenodo.23602750
Fecha de envío: 29/01/2026 Fecha de aceptación: 14/05/2026
RESEÑAS
Cárdenas, “Sobre Un tren viaja al cielo…” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 197-200 198 ISSN 2422-5932
TAREK WILLIAM SAAB. Un tren viaja al cielo de la medianoche.
Caracas: Editorial Monte Ávila Editores/Vadell Hermanos
Editores, 2025.
Un tren viaja al cielo de la medianoche (2025), de Tarek William Saab,
reúne una serie de poemas escritos entre 2021 y 2025 que
configuran un libro de madurez, atravesado por una reflexión
persistente sobre la memoria, el duelo, la errancia y la pérdida.
Concebido como un trayecto simbólico, el poemario articula una
voz que avanza por estaciones afectivas marcadas por la infancia,
la figura paterna y la conciencia de un paraíso definitivamente
inaccesible.
Desde el título se advierte que la imagen del tren funciona
como principio estructurante del libro: desplazamiento continuo,
tránsito sin destino fijo, movimiento que no promete llegada. En
este sentido, el poemario se inscribe en una tradición lírica que
concibe la escritura como viaje interior y como ejercicio de
rememoración crítica, más que como relato autobiográfico lineal.
En cuanto a la estructura general de la obra, esta se organiza
en tres grandes secciones: “El largo camino a casa”, “Rosas
negras en la hierba” y, finalmente, “Un sendero al paraíso
perdido”, precedidas por una dedicatoria, epígrafes y dos
prólogos críticos. Esta disposición responde a una lógica
progresiva que va del desplazamiento inicial al duelo y, luego, a
una búsqueda de sentido que no cancela la experiencia de la
pérdida.
Cada sección reúne series de poemas breves, numerados o
titulados, que operan como fragmentos de un itinerario mayor.
La continuidad no se construye a partir de una narración, sino
mediante la recurrencia de motivos, imágenes y tonalidades. El
libro, en su conjunto, puede leerse como un extenso poema
fragmentado, sostenido por una coherencia temática y rítmica
constante.
Los dos prólogos que acompañan el poemario cumplen una
función orientadora. En “Un viaje a las cumbres de una
escritura”, Luis Alberto Crespo propone una lectura del libro
como culminación de una poética que ha ido desplazándose hacia
el silencio y la depuración expresiva. El crítico destaca el tránsito
hacia un lenguaje más contenido, donde la elocuencia cede
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espacio a la pausa y al vacío significativo, “porque no cesamos de
añorar un reino que es el regreso a lo imposible, que es dar la
espalda a nuestro ser, extrañamente” (Crespo, 2025: 19).
Por su parte, Chevige Guayke, en “Recuerdos que viajan
desde el andén de las palabras hasta la estación del olvido”,
enfatiza el carácter elegíaco del poemario y subraya la centralidad
de la imagen de las “rosas negras” como condensación simbólica
del duelo, la ausencia y la muerte. Destaca al respecto: “Las rosas
negras que tanto menciona el poeta son ciertamente voces de
ausencia, taciturnas, de olvidos, de ya se fue, de no está” (Guayke,
2025: 22). Ambos textos coinciden en leer el libro como una
escritura del regreso imposible, en la que la memoria no restituye,
sino que confirma la pérdida.
En relación con la composición interna y los núcleos
temáticos del poemario, este se articula en torno a varios ejes que
se reiteran y se modulan a lo largo del libro. Entre ellos destacan
el viaje, la memoria, la infancia, la figura del padre, el paisaje
desolado y la errancia existencial, como se confirma en el verso:
“Un tren recorre el cielo oscuro / de la medianoche / y en sus
andenes vacíos / viajo / del olvido / hacia ninguna parte” (Saab,
2025: 33).
En la sección donde las rosas negras se depositan en la
hierba se intensifica el tono fúnebre y amoroso. La naturaleza no
cumple aquí una función ornamental; por el contrario, se
configura como imagen estructural del desamor y la muerte, tal
como se expresa en: “La pálida corona / del desamor / son las
rosas negras / de tu corazón / muerto” (Saab, 2025: 161).
El libro ensaya una mirada retrospectiva que articula
memoria y conciencia del tiempo. La imagen del paraíso aparece
como un espacio mítico y afectivo, persistente en el recuerdo,
donde emerge la reflexión: “Nada será como antes / ni el viaje /
los dolores / y el sueño” (Saab, 2025: 201).
La memoria es entendida como experiencia fragmentaria y
dolorosa. El yo poético recuerda desde la conciencia de lo
irremediable, no desde la nostalgia complaciente. El viaje, por su
parte, funciona como metáfora del tiempo y de la existencia,
mientras que el duelo, vinculado a la figura paterna, atraviesa de
manera transversal las páginas: “Miro hacia dentro como un
fogonazo de luz / la sonrisa triste / de mi padre muerto” (Saab,
2025: 67). Esta añoranza remite a la infancia, asociada a la casa,
la calle, el parque y el paisaje originario, aunque siempre mediada
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por la pérdida. Finalmente, el paraíso perdido remite tanto a una
dimensión espiritual como afectiva, configurando una poética de
la ausencia y del desarraigo.
El poemario está escrito en verso libre, con poemas breves
y un uso significativo del espacio en blanco. Este recurso refuerza
la sensación de silencio y suspensión que recorre el volumen. El
lenguaje es sobrio y depurado, apoyado en imágenes recurrentes
—la noche, el tren, los rieles, la nieve, el cielo— que construyen
una atmósfera de melancolía constante y presentan el laconismo
como una decisión estética central. La brevedad del verso no
reduce el sentido, sino que lo concentra: “Nada / de ti / vive en
mí” (Saab, 2025: 159). En este gesto, el silencio adquiere un valor
semántico equivalente al de la palabra.
En Un tren viaja al cielo de la medianoche, la dedicatoria inicial
y los epígrafes refuerzan la dimensión íntima del libro, mientras
que las ilustraciones internas cumplen una función simbólica. De
trazo austero y carácter evocativo, no ilustran el contenido de los
poemas, sino que dialogan con ellos desde la sugerencia y el vacío.
Actúan como pausas visuales que prolongan el clima de errancia
y soledad, ampliando el campo semántico del texto poético.
La obra de Tarek William Saab se presenta, así, como un
poemario de madurez que articula una poética del viaje interior,
la memoria y el duelo mediante un lenguaje depurado y una
estructura coherente. La insistencia en las imágenes del tren, la
noche y las rosas negras no opera como repetición estéril, sino
como estrategia de condensación simbólica. En este sentido, el
libro construye una elegía sostenida, donde la experiencia
personal se proyecta hacia una reflexión más amplia sobre la
pérdida, el tiempo y la imposibilidad del regreso.