Isola, “Laura Códega” Revista de estudios literarios latinoamericanos
Número 20 / Julio 2026 / pp. 207-211 210 ISSN 2422-5932
delirante a la cuadrícula racional con la que las élites pretendieron ordenar los
cuerpos y las mentes en el suelo americano.
La obra “Ansiolítico Anabólico” despliega una arquitectura imposible
de escalinatas ajedrezadas, arcos rosados y columnas truncas, donde habitan
seres de cuerpos mutantes, de pieles amarillas y rosadas, que exhiben órganos
genitales múltiples y rostros de ojos desorbitados. Las figuras se retuercen en
los cubos que sirven de pedestales, como estatuas vivas de una plaza pública
de la locura. Hay un desborde de las pulsiones que la urbe letrada intentó
domesticar a través de la ley y el decoro burgués. Al deformar los cánones de
la representación humana, Códega muestra las tensiones psicológicas y físicas
del sujeto contemporáneo, asediado por la medicalización y el rendimiento
físico.
Este universo nocturno y lisérgico se profundiza en “Sapi club”, donde
una fauna anfibia de color verde fluorescente domina el espacio dentro de
una cúpula vidriada. Figuras con cabeza de rana fuman, beben, se drogan y
gesticulan sobre tarimas estrelladas en un ritual profano de la nocturnidad
urbana. Me gusta pensarlas como la subversión del ideal del “salón literario”
o del club de caballeros –esos espacios de la élite letrada donde se decidía el
destino de las naciones– para transformarlo en un antro de mutaciones
zoológicas y consumo hedonista. La irrupción de este carnaval subterráneo
se opone a la racionalidad letrada.
Finalmente, “Diosas” presenta un paisaje montañoso y geométrico de
picos que imitan el rombo, donde dos siluetas celestiales y desnudas se elevan
como tótems paganos sobre la escena. Abajo, una figura cubista de múltiples
ojos de buey y un guerrero con estructura ósea expuesta custodian este
templo de la hibridación conceptual. Códega recupera el derecho a la
mitología y al delirio estético como formas legítimas de soberanía cultural,
para desafiar el imperio de la mirada empírica e ilustrada.
El cuero y el metal: la profanación de los archivos imperiales
Esta batalla contra el registro escrito de las élites adquiere una densidad clave
en la elección de soportes rígidos y populares. Al emplear el cuero vacuno –
emblema económico, territorial y oligárquico de la región pampeana– para
pirograbar un archivo de creencias híbridas, la artista ejecuta una operación
de profanación estética. El soporte “bárbaro” y ganadero, históricamente
ligado a la riqueza terrateniente y a la inserción de la región en el mercado
global, se convierte aquí en el lienzo de un sincretismo herético que disputa
abiertamente el control del archivo.
Del mismo modo, la serie América negra y bruta recurre al repujado sobre
metal policromado, una técnica de raigambre artesanal y popular. Obras
como “Veo lo malo y lo bueno aquí en la tierra” e “Idolatrías” interpretan
los imaginarios sobre la otredad que los conquistadores registraron en sus