
Di Vincenzo, “Nada más queda…” Nueva Revista de Literaturas Populares
Número 5 / Noviembre 2026 / pp. 34-50 43 ISSN 3008-7619
moverme”). El yo, en la formulación de Kozak (1990), deja de narrar
interioridad para convertirse en superficie receptora de fuerzas y materia.
Este desplazamiento permite observar que el castellano rioplatense puede
alojar pensamiento abstracto en clave pop (azar, destino, percepción,
cosmos) sin adoptar solemnidad ni perder su condición cantable.
La condición que permite leer estas operaciones como una intervención
glotopolítica y no como un rasgo estilístico idiosincrático es su circulación.
Del Valle (2018) señala que una práctica se vuelve política cultural de la
lengua cuando se despliega en espacios de alta visibilidad, genera modelos
imitables y reordena jerarquías de legitimidad lingüística. La hibridez léxica
que caracteriza la obra de Cerati puede inscribirse en ese marco en la medida
en que se consolida en canciones de amplia circulación continental y pasa a
funcionar como un recurso compositivo admisible dentro del pop-rock
latinoamericano de las décadas siguientes. A partir de los años noventa, la
coexistencia de léxicos perceptivos, conceptuales y afectivos deja de aparecer
como anomalía o exceso “intelectual” y se integra de manera
progresivamente naturalizada en el pop-rock latinoamericano de circulación
regional. Este desplazamiento puede observarse, por ejemplo, en la obra de
Julieta Venegas: a partir de Bueninvento (2000), la escritura de canciones
articula registros emocionales con imágenes abstractas y formulaciones
conceptuales sin apoyarse en el relato lineal ni en la confesión directa, lo que
da lugar a una lírica íntima pero no explicativa. Piénsese, asimismo, en Zoé;
desde Memo Rex Commander y el Corazón Atómico de la Vía Láctea (2006), su
producción consolida una combinación estable de léxico sensorial,
referencias científicas y estados afectivos en un formato pop de alta
circulación, incorporando la abstracción como parte ordinaria del horizonte
expresivo del género. Un proceso análogo se reconoce en Babasónicos,
particularmente desde Jessico (2001), disco en el que la escritura integra
vocabulario conceptual, erotismo y reflexión metalingüística sin
jerarquización explícita y desplaza la expectativa del rock testimonial hacia
una poética basada en la condensación y la ambigüedad controlada. En estos
casos, la hibridez léxica no opera como gesto excepcional ni como marca de
distinción culta, sino como recurso compositivo normalizado dentro del pop-
rock en castellano, lo que permite leer retrospectivamente la obra de Cerati,
en efecto, como uno de los puntos en que esta reorganización del repertorio
verbal adquiere visibilidad y legitimidad continental. En este sentido, y
retomando a Alabarces (2008) en su concepción de la música popular como