
Romero, “Contursi, avatares…” Nueva Revista de Literaturas Populares
Número 5 /Noviembre 2026 / pp. 51-64 58 ISSN 3008-7619
reojo a un hombre que osaba deslizar una caricia o una lágrima por una mujer.
En este contexto, Contursi retomó la línea temática que su padre inauguró
en 1917 con Mi noche triste y que fue objetada por Borges años más tarde. El
cruce entre la obra de Pascual Contursi y la añoranza borgeana de un tango
pícaro, reo y desprovisto de sentimentalismos ya es un pasaje clásico en la
historia del desarrollo de la cultura nacional” (Sosa Bacarelli, 2011: 2).
CINCO
Si el nombre es la Cosa, entonces en la etimología también se cifra un destino.
Grisel –cuyo nombre de pila era Susana–, hija de Egido Viganó y Maruca
Anderson, descendía de una familia de origen alemán. “Gricel”, deformación
de Griselda, parece surgir de un desplazamiento mínimo y decisivo, casi
barthesiano: el trueque de una s por una c. Grisélidis, nombre de raíz
teutónica, se encarna así en Susana Gricel Viganó Andersch, la joven serrana
que ganó varios concursos de belleza en el valle de Punilla y que terminaría
siendo cantada por el vate porteño José María Contursi, cuyo apellido remite,
a su vez, a la localidad italiana próxima al golfo de Salerno.
Dice Martine Broda: “Pero si los nombres de dama, senhals o apodos
petrarquistas son siempre nombres falsos, tendríamos que preguntarnos si existe
otro amor en los poemas amorosos que no sea el amor del nombre. Es el
nombre el que sostiene el amor puro. Sin esa expresión significante, en torno a
la cual se despliega la literatura amorosa, no habría más que un deseo de nada”.
No resulta casual que, a partir de 1933 –un año después de la muerte
de su padre–, Contursi se dedicara de lleno a escribir letras de tango y que su
primera composición, con música del pianista Raúl Portolés, fuera
precisamente un vals titulado “Tu nombre”, estrenado por el cantor Andrés
Falgás. Desde el inicio de su obra, el nombre aparece así como cifra
privilegiada del deseo y de la memoria amorosa.
En ese sentido, la reflexión de Broda adquiere una resonancia singular:
“¿Qué es un nombre propio? Puro significante, algoritmo sin barra, cuyo
referente es único. En cierto modo, escapa al dualismo del signo y señala
hacia una (con)fusión del ser y el lenguaje, de la letra y el sentido” (Broda,
2006: 79). En la lírica amorosa, el nombre no designa solamente a la amada:
la invoca, la preserva y la vuelve perdurable en el canto.
Sostiene Horacio Salas: “La creación de Grisel, Cristal, En esta tarde gris
representó la posibilidad real del nuevo tango de enfrentar el creciente éxito