
Richiello, “El gaucho indómito…” Nueva Revista de Literaturas Populares
Número 5 / Noviembre 2026 / pp. 154-160 159 ISSN 3008-7619
En ese sentido, el criollismo popular fue un canal privilegiado para la
formulación de visiones críticas sobre el pasado con independencia de las que
produjo el campo intelectual. En efecto, la dispersión del revisionismo
histórico que se difundió desde círculos intelectuales permitió evocaciones
positivas del federalismo. El criollismo popular aportó miradas críticas sobre
el curso de la historia nacional y el modo en que se narraba desde el
sarmientismo-mitrismo, para canalizar impugnaciones más frontales. El
concepto de “civilización” fue criticado, y así el criollismo popular logró
transmitir visiones sobre el pasado que entraban en colisión con las que
difundió el relato oficial del Estado. Adamovsky insiste en la fuente de este
revisionismo: esas memorias recolectadas y plasmadas en la cultura impresa
que proceden de la transmisión oral y de las que se sirven para su escritura e
intervenciones figuras como Gutiérrez, Gálvez, hasta Félix Luna y Jauretche.
En este caso, señala el autor, el foco de la recuperación criollista fue más el
del montonero-gaucho (Chacho Peñaloza) que el del caudillo (Rosas).
Por último, Adamovsky regresa sobre la tesis inicial de que cuando
irrumpió el peronismo el criollismo era un fenómeno absolutamente central
en la cultura argentina y fue fundamental para la transmisión de mensajes
políticos; incluso destaca la fuerte presencia del criollismo el mismo día en
que surgió el peronismo el 17 de octubre de 1945 en la Plaza de
Mayo. Aborda, entonces, los usos políticos peculiares que se le dio desde
Perón y sus funcionarios hasta el nuevo movimiento de las bases, por
ejemplo, de los trabajadores de la carne de Berisso y Ensenada y la
Agrupación Tradicionalista La Montonera en 1940. Pero, aún desde el
peronismo, el gaucho era también allí un emblema ambiguo y políticamente
disputado, y esto lo recorre el historiador al analizar los discursos de Perón y
Eva, el aparato propagandístico y sus manifestaciones en distintos soportes,
pero también la cultura de masas que el Estado financiaba y sus figuras
militantes. Estas iniciativas, como declarar el Día de la Tradición en 1943, se
basaban en identificar una continuidad entre la figura del gaucho Fierro con
la del descamisado. Así, el peronismo, aún con sus diferencias internas, venía
a redimir las injusticias cometidas contra los pobres –criollos y gauchos–
históricamente relegados por los gobiernos anteriores.
Y así Adamovsky (2023) cepilla “la historia de las ideas a contrapelo”
(198-199) y esgrime su propia querella, ya emprendida en sus trabajos previos
acerca de las clases medias y populares: retornar el derecho al archivo –
postergado por las instituciones y deficiencias del registro letrado– a partir de