El acto estético como acierto fundante

Cómo citar

Vila, J. (2021). El acto estético como acierto fundante. INNOVA UNTREF, 1(7). Recuperado a partir de http://revistas.untref.edu.ar/index.php/innova/article/view/1140

Tesis de Maestria en Creación Musical, Nuevas Tecnologías y Artes Tradicionales

Institución: Universidad Nacional de Tres de Febrero(UNTREF), provincia de Buenos Aires.

 

Resumen

En este trabajo me he propuesto desarrollar un marco teórico con el fin de brindar una elucidación conceptual del hecho estético en general y del proceso creativo, estructura y finalidad de mi obra electroacústica titulada Wayra, en particular.

El punto de partida de dicha elaboración conceptual se finca en dos hipótesis centrales que, creo, pueden aplicarse con cierto grado de universalidad a los fenómenos estéticos. En primer lugar, la idea de que las operaciones estéticas funcionan mediante la instauración de sentido –dicho de otra forma: la “obra”, como tema posible de un pensamiento estético, significa. Una consecuencia de esta primera afirmación redunda en la necesidad de adoptar un modelo semiótico para entender la naturaleza filosófica del acto estético. En una palabra: la “obra” no es un tipo de objeto, sino un tipo de signo. La segunda hipótesis es que el significado no vive sino en el contexto de un plexo de prácticas colectivas, de modo que toda operación estética está atravesada desde el principio por una especie de nudo borromeo en el cual la “obra”, el “autor” y la “comunidad” constituyen una tríada inescindible. Llegados a este punto, surge la dificultad de determinar el marco semiótico adecuado para dar cuenta de la obra entendida en los parámetros establecidos: como una semiosis colectiva. Si la obra es un signo, ¿cuál es el modelo del signo más adecuado para abordar el análisis de la obra estética? Un primer obstáculo reside en lo que llamo la «concepción sustancial» del signo, por la que entiendo una concepción clásica que toma al signo bajo el modelo metafísico de la substantia, i.e., un substrato de determinaciones positivas. Superar dicho modelo requiere ir más allá de las conceptualizaciones clásicas de la semiología saussurreana (basada en un modelo diádico o dual del signo) y de la semiótica peirceana (basada en un modelo triádico) hacia un planteo “cuaternario” cuyo germen encuentro en la obra de Martin Heidegger y fundamentalmente en el pensamiento de Rodolfo Kusch. La filosofía de Martin Heidegger propone un modo radicalmente nuevo de concebir el significado, en tanto y en cuanto plantea un abandono total de la metafísica de la “sustancia” a favor de un “modelo relacional” (o cuaternario) en el cual toda “cosa” aparece como un espacio de anudamiento de elementos en tensión y distensión. Rodolfo Kusch, por su parte, retoma esta idea y la desarrolla en el marco de una perspectiva geocultural, esto es, un modo de concebir y practicar el pensamiento radicalmente situado y comprometido con la tarea ético-política de una descolonización de los parámetros de pensamiento excesivamente occidentalizados que aún hoy son hegemónicos en las instituciones educativas latinoamericanas.

Entre todos los conceptos propuestos por Kusch, la noción de “acierto fundante” es de una importancia particular para comprender el hecho estético. Dicho concepto aparece en sus últimos escritos –a partir de 1977 y en su último libro, de 1978, titulado Esbozo de una antropología filosófica americana– pero constituye una elaboración de conceptos presentados anteriormente –en especial entre 1970 y 1975.

Como voy a mostrar, el concepto de «acierto fundante» tiene el potencial para repensar la estética más allá del modelo europeo-occidental de pensamiento fundado en la idea de «arte» –aquello que Ticio Escobar denominaba “el canon occidental”. Junto a otros conceptos asociados –como «lo arcaico», el «juego», el «ardid» o la «instalación»– Kusch elaborará un marco categorial que hace justicia no sólo al carácter distintivamente ritual que exhiben las expresiones estéticas en el suelo americano y en especial en el mundo indígena y popular, sino también a la idea fundamental de que no es en la “obra” (como objeto) donde debe posarse un análisis descolonizado del arte, sino en el “acto estético” entendido como el proceso mediante el cual un colectivo otorga un sentido a su habitar un lugar. Este plano de análisis, que Kusch señala mediante el concepto de «estar» (para diferenciarse del análisis heideggeriano del Ser), hace justicia al carácter eminentemente político del hecho estético, en tanto y en cuanto éste no es un simple reflejo de una “cosmovisión” o de un conjunto de relaciones sociales, sino que es en sí un momento constitutivo de estas mismas relaciones. De allí que acuño la expresión “lo sonoro fundante” para dar cuenta de esta posibilidad interna de toda operación estética.