Abstract
El ataque al monumento a María Remedios del Valle revela una política de olvido estructural, sostenida en una memoria nacional edificada sobre el genocidio indígena, la exclusión de cuerpos disidentes y la exaltación de la blancura como horizonte simbólico. A partir de ciertas lecturas críticas, el artículo analiza el memoricidio como dispositivo de exclusión y propone revisitar la potencia insumisa de las memorias que resisten tanto su institucionalización como su mercantilización.
